“Los abuelos y ancianos no son obsoletos, son pilares fundamentales”
El arzobispo sanjuanino llamó a valorar la sabiduría de los mayores, denunció la soledad que sufren y llamó a combatir la cultura del descarte. En su reflexión semanal con motivo de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, advirtió sobre la cultura del descarte y llamó a redescubrir el valor y el lugar que ocupan las personas mayores en las familias y en la sociedad. "¿Existe una edad de vencimiento para las personas? ¿Nos volvemos obsoletos al envejecer?", planteó el prelado al denunciar los prejuicios que pesan sobre la vejez en la actualidad.
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El arzobispo sanjuanino subrayó que la dignidad humana no se marchita con el paso del tiempo y recordó que los adultos mayores son portadores de la memoria viva, la sabiduría y la serenidad. Asimismo, citó la popular frase de la obra El Eternauta ("¡Lo viejo funciona, Juan!") y remarcó la importancia de cuidar la carne sufriente con manos capaces de ternura, frente a una época acelerada que tiende a marginar a quienes pierden productividad.
Monseñor Lozano lamentó el doloroso sentimiento de soledad que experimentan muchos abuelos y denunció la precariedad económica que afecta a los jubilados. "Nos debe avergonzar como sociedad llegar a que unos cuantos jubilados enfrenten el dilema de 'comer o comprar los remedios'", aseveró, al tiempo que advirtió sobre el peligro de reducir la identidad de los ancianos a frías estadísticas, diagnósticos médicos o números de cama en los establecimientos de salud. En ese sentido, el prelado instó a aceptar la fragilidad y la necesidad de apoyo como una realidad propia de la vida, señalando que pedir ayuda constituye un gesto de humildad y coraje. Recordó además que la debilidad física puede abrir paso a una profunda fortaleza interior y que la interdependencia entre generaciones es indispensable para construir vínculos comunitarios verdaderamente solidarios.
Finalmente, el titular de la sede sanjuanina exhortó a las familias, parroquias y ámbitos eclesiales a abrir espacios de escucha activa para contrarrestar el olvido social y honrar a los mayores. El verdadero desafío, concluyó, consiste en edificar una sociedad más inclusiva, donde la vejez no sea motivo de exclusión y la experiencia sea valorada y celebrada como un regalo para toda la comunidad. (AICA)

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