San Juan: su fundación, su mayor tragedia y su resurgir
San Juan fue fundada por Juan Jufré de Loayza y Montesa el 13 de junio de 1562. Se le puso ese nombre en honor a San Juan Bautista, por orden de un general chileno, ya que en esa época Cuyo dependía de Chile. Con el tiempo, en 1820, San Juan se separa de Mendoza y se la declara provincia independiente. Comienza a ser un poblado dedicado al trabajo de los viñedos y olivares, de casitas de adobe y calles angostas.
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Luego ocurre el terremoto de Mendoza en 1861, el 20 de marzo a las 20:36, donde la vieja ciudad colonial desapareció y cayeron el cabildo, la Basílica de San Francisco y casi todas las casas de adobe. Como las casas se alumbraban con lámparas de bencina, se prendió fuego. Tardaron 4 días para apagar aquel fuego, muriendo más de 4.000 personas. Por eso la ciudad la mudaron a un kilómetro de ese lugar que quedó en ruinas, que hoy le llaman Área Fundacional, a través de un museo. Desde ese momento la ciudad comenzó a reconstruirse con el diseño del francés Julio Balloffet, y se comenzó con la construcción de la nueva y hermosa Mendoza.
Pasaron 83 años de este suceso natural tan destructivo y le tocó a San Juan su terremoto del año 1944, el 15 de enero a las 20:49. Fue aún más tremendo, lo más destructivo, y fallecieron más de 10.000 habitantes de 60.000 habitantes. De un momento a otro, la ciudad se desplomó y durante 3 meses se seguían las réplicas. En mi caso particular lo viví muy intensamente, pues vivía justamente en Mendoza. Mi padre fue designado como jefe de la reconstrucción y partió inmediatamente con su Batallón de Zapadores de Alta Montaña de Mendoza, por orden del presidente de la República Pedro Pablo Ramírez, y luego asumió cuatro meses más tarde como presidente Edelmiro Farrel, y posteriormente asumió el coronel Perón.
Se llegó con el ejército a la ciudad devastada esa misma noche. Primero fue rescatar sobrevivientes, luego reconstruir la ciudad, cuidar a la población de tantos heridos y darle el cuidado de la salud junto con la Cruz Roja, y alimentación y ropa. Quemar a los muertos, por temor al tifus. No se tenía ni hospitales, y las camas estaban en plena calle y en la plaza. A los tres meses del tan triste suceso, fui a ver. A pesar de mi corta edad, 7 años, parecía una película de guerra, algo realmente desgarrador.
Se lo calificó como el más grave suceso histórico que tuvo nuestro país.
Solidariamente todo el país ayudó. Pero la gente sanjuanina demostró tener fe, coraje y comenzó a trabajar con dignidad y luchar por sobrevivir.
Lo lograron, con enorme sacrificio. Allí también intervino la Iglesia y el obispo, monseñor Andino Rodríguez y Olmos, y como la gente creía que era un castigo de Dios, él les dijo que debían tener esperanza y les trajo la Virgen María Auxiliadora con su niño. Cuatro años después la declaró como la Virgen de Tulum, porque fue el sismo más fuerte en ese lugar.
Se hizo una capilla con los ladrillos de las ruinas de la catedral y del Templo de San Agustín y del convento Santo Domingo, que fueron totalmente destruidos.
Para los sanjuaninos esta Virgen de Tulum es el símbolo de la esperanza y la reconstrucción, y lo lograron poniendo de sí mucho sacrificio.
Hoy es la ciudad más moderna y totalmente antisísmica del país.
Un hecho para recordar entre San Juan y Concordia.
Cuando aconteció el terremoto de 1944, repito, todo el país ayudó, pero en Concordia un grupo de señoras que colaboraron, a su vez, en agosto del mismo año 1944 decidieron formar una institución de Damas Patricias para colaborar con su ciudad. Con muchos beneficios y el gobierno desde Paraná colaboraba mandándoles fondos, y del comercio, las fuerzas vivas y la industria, y la Nación. Siendo tan necesario, era época de tuberculosis, y lograron hacer cantidad de obras como, hasta, barrios para obreros.
Con el tiempo se formaron muchas otras instituciones benéficas y desde la gobernación no les envió más fondos y, lógicamente, solo quedó su trabajo de presencia patriótica en todos los actos, y banderas y medallas a los mejores alumnos en historia cuando egresan los alumnos de secundaria.
Coincidencias de hechos históricos que siempre es bueno recordar ante una difícil situación: la gente saca sus valores espirituales y se unen en generosos grupos altruistas en beneficio de la sociedad con que conviven, para bien, por el prójimo, en gestos dignos de imitar. Así pasó en San Juan y en nuestro Concordia en ese fatídico 1944.Teresita Miñones de García.

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