Marcelito de El Heraldo
Me enteré días pasados de que así conocen a Marcelo González, quien ya está próximo a jubilarse. Lo llamé y le dije que quería hacerle una nota para que nos contara toda su trayectoria durante sus 45 años de trabajo en este diario, *El Heraldo*, centenario de la ciudad. Se trata de toda una huella, un legado de trabajo ejemplar que quedará reflejado en tantos años de labor.
:format(webp):quality(40)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/marcelo_gonzalez.webp)
Le pregunté por los comienzos de su tarea, por los distintos directores con los que trabajó, sus anécdotas y los personajes más importantes que debió entrevistar: presidentes, deportistas, artistas y políticos. También le consulté sobre los momentos más relevantes de los sucesos ocurridos en Concordia que más recuerda haber vivido y que quisiera transmitir a los lectores de su diario, así como sobre su familia.
Me contestó: “Otro día”. Pasaron varios días y volví a insistirle. Entonces me dijo: “Es que me da cosa escribir sobre mi persona; me cuesta”. Con eso demostró la gran timidez y humildad que siempre lo identificaron y que fueron su sello distintivo.
Llegó su cumpleaños y allí pudo darse cuenta de cuántos amigos lo saludaron desde distintos lugares. Desde Salto lo felicitaron colegas como Sergio Olmos, sabiendo que estaba por jubilarse. Además, su colega Marcelo Maffei lo invitó a su programa en Radio Zona TV 99.7, *La Tarde de Zona*.
Allí consiguió una nota que me envió. Es por eso que hoy puedo transmitir sus vivencias, las experiencias que recorrió como único reportero gráfico de Concordia y como fotógrafo profesional que ha dignificado su profesión. Así fue relatando Marcelo y respondiendo las preguntas que le formulaba su colega Maffei.
Dejo entonces su relato, abriendo el álbum de sus recuerdos.
“Trabajar toda la vida en un solo lugar es muy raro. Mi casa fue el diario, porque mi familia siempre me apoyó y comprendió. Recuerdo los quince años de mi hija: llegué tarde a la misa por tener que terminar una entrevista para el diario. Pero ellas siempre me comprendieron, y esa es la razón por la que uno trabaja: por la familia.
Desde mi infancia sentí una pasión por la fotografía. Soñaba con tener una cámara propia y esperaba cada reunión familiar para sacar fotos con una vieja Kodak de rollo. Pasé cuatro décadas acompañando y adaptándome a las nuevas tecnologías. Conocí la época del revelado en cuarto oscuro; luego llegaron las cámaras digitales, las imágenes almacenadas en discos y, finalmente, los teléfonos celulares, que agilizaron enormemente el trabajo periodístico.
Se debe entrenar la mirada para captar el instante preciso. Hay una diferencia entre apretar un botón y construir una imagen. Ser fotógrafo es una cosa; ser reportero gráfico se aprende en la calle.
Además de desempeñarme como fotógrafo y reportero, con el tiempo me designaron coordinador del diario y aprendí los secretos de la edición. Trabajé junto al histórico Dr. Carlos Liebermann. Aprendí a redactar y a entender cómo funciona un diario. La experiencia es insustituible. La tecnología ayuda, pero no enseña cómo componer una imagen ni cuál es el mejor ángulo. Me gustaría transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones; tal vez llegue una etapa en la que pueda enseñar.
Tengo un pequeño archivo con miles de fotografías y muchos me preguntan si no quiero hacer un museo con ellas. Por ahora no; con el tiempo veré.
Esta profesión me gusta tanto que hasta gratis la haría. Es una profesión que volvería a elegir una y otra vez. Es mi pasión.
Anécdotas tengo muchas. Recuerdo una vez, cuando se inauguró el Hospital Masvernat y estaban presentes el Presidente de la Nación y el director del hospital. Fui a sacar una fotografía histórica y me quedé sin batería. También guardo muchas imágenes de las distintas inundaciones que sufrió nuestra ciudad, recuerdos de situaciones muy tristes que Concordia afrontó y logró superar con valor y sacrificio. Son parte de nuestra memoria colectiva.
Con respecto a mis compañeros, siempre tuve amigos entre los colegas de la televisión y de otros diarios. Ahora pude comprobarlo en este momento de mi vida. Me parece que estos 45 años pasaron muy rápido, pero llegó el tiempo de mi jubilación.
Me gustaría reunirme con los periodistas que tanto me ayudaron con sus notas, como el señor Garayalde; con la directora del Museo Regional y del Museo Antropológico; con distintas instituciones, como las Damas Patricias; y con tanta gente que colaboró conmigo y cuyo apoyo siempre valoré profundamente.
No tengo más que agradecimiento para todas las personas que me honraron confiando en mi trabajo. A todos, gracias”.
Así concluyen los testimonios de Marcelo González, quien deja su labor en el diario con la misma humildad que engrandece su brillante carrera periodística.
Marcelo termina una etapa de su vida para comenzar otra nueva, llevando consigo toda la experiencia y el prestigio logrados con tanto esfuerzo, como lo ha demostrado a lo largo de su trayectoria, enalteciendo siempre su profesión.
A todo esto quiero sumar otra etapa de su vida, cuando lo conocí siendo muy joven, antes de trabajar en el diario. Fue un destacado bailarín del ballet folclórico dirigido por Carlos Sanabria. Como zapateador de malambo y gran artista de raíz gauchesca, se lució en la primera Fiesta del Inmigrante. Tanto el conductor Miguel Ángel Porchetto como otros referentes ponderaban a aquel grupo del Ballet Municipal como una presencia artística de primer nivel.
Bien, Marcelo. Y seguramente queda mucho más por conocer de tu vida, que siempre estuvo dedicada a la ciudad que te vio nacer.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión