Los primeros combates
Las noticias sobre la destitución del virrey Cisneros y su remplazo por una Junta Provisional Gubernativa se supieron en Potosí el 17 de junio y Chuquisaca (Charcas) en día 20.
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La primera reacción contra ella fue la de desarmar al cuerpo de Patricios de Buenos Aires que había llevado el gobernador y presidente de Charcas, Mariscal Vicente Nieto. Estos fueron recluidos a las minas de Potosí como castigo por haber hecho “un brindis por su antiguo jefe del regimiento de Patricios don Cornelio Saavedra”
De los gobernadores intendentes, Vicente Nieto fue el que más activo se mostró. Expulsó a los oidores de la Real Audiencia y al fiscal José Antonio Álvarez de Arenales, a Bernardo Monteagudo, y a J. Zudañez, apresuró la requisa de armas e invitó a los gobernadores de las provincias alto peruanas a enviar representantes a una especie de congreso para planear la estrategia para aniquilar a la Junta de Buenos Aires. Solo contestó el gobernador de Potosí, Francisco de Paula Sanz. En la reunión, se acordó solicitar que las cuatro provincias del Alto Perú sean incorporadas al virreinato de Lima. Por su parte, el virrey Abascal encomendó al gobernador del Cuzco, Goyeneche que facilitara a Nieto el armamento y equipo necesario para dos o tres mil infantes y mil o dos mil soldados de caballería y los concentrara en el río Desaguadero. Nieto ya había avanzado con alguna tropa y movilizado las milicias de Arequipa, Puno y Oruro.
Mientras tanto Cochabamba se pronunciaba reconociendo a la Junta de Buenos Aires y reunió dos mil hombres de caballería para la toma de Oruro, por lo que Nieto quedó aislado de los refuerzos que esperaba del Perú. El 24 de septiembre, Santa Cruz de la Sierra se pronunciaba en apoyo de la Junta.
En tanto, las tropas de Buenos Aires al mando de González Balcarce, había recibido el apoyo del salteño Martín Miguel de Güemes y el 4 de octubre tomaron y ocuparon Yaví.
COTAGAITA
El grueso de las tropas que respondían al Consejo de Regencia de España, establecieron el Cuartel General en Santiago de Cotagaita, sobre la margen del rio que pasa a la vera de dicha población. El 27 de octubre de 1810 la avanzada de la Expedición Auxiliadora llegó al lugar. Ninguno de los dos ejércitos superaba los dos mil hombres. Gonzáles Balcarce les intimó la rendición. Córdova contestó que “un militar de honor, con las armas en la mano no contestaba una intimación”. La posición del Mariscal Nieto estaba defendida por fosos y parapetos que unían los reductos. La artillería consistía en diez piezas de artillería colocadas entre las tropas de infantería. González Balcarce inició el ataque a las 10 de la mañana. No tenía para batir los reductos más que un cañón y un obús, confiando más en el valor de sus tropas con repetidas cargas sobre el ala derecha del enemigo, hasta lograr saltar las trincheras y atravesando una quebrada, desalojarlos de una altura que ocupaban. También atacaron el centro y el ala izquierda, pero fueron rechazados. Después de cuatro horas de combate sin resultados, ante el temor de sufrir una derrota, Balcarce optó por retirarse ordenadamente.
El factor del fracaso del ataque fue sin duda alguna, fue la paridad de fuerzas en un campo en el que el enemigo ocupaba posiciones defensivas bien planeadas.
Pero también y muy espacialmente la conducta del capitán de artillería Juan Ramón Urien que huyó del frente con la pieza puesta bajo su mando. González Balcarce informó a la Junta que “El atolondrado y cobarde comandante de artillería D. Juan Ramón Urien divulgando la voz de hallarse herido, desamparó la pieza que mandaba en medio de la acción, y sin darme el más mínimo conocimiento emprendió una vil y vergonzosa fuga, viniendo por toda la carrera vociferando que todo el ejército se había perdido (las víctimas fueron tres muertos y seis heridos) y que quedaba el río Santiago cubierto de nuestros cadáveres. Son incalculables los males que ha traído este procedimiento al que no puedo encontrarle principio: los pueblos se intimidaron y salieron muchas familias fugitivas, los auxilios que me venían, y que con tanta urgencia necesito: los hizo retroceder; y cuando podía yo contar en el día con toda la artillería y refuerzos reunidos… aún me veo constituido a tener que sostener algún ataque con notable desigualdad”
La noticia de lo acontecido en Cotagaita llegó a Buenos Aires tan deformada que confundió a la Junta, pues se creyó que los patriotas habían sufrido una gran derrota. Moreno redacta para Castelli violentas instrucciones el 18 de noviembre. Se decía en ella que confiaba en que el ejército sería reorganizado, incitando a Castelli que con golpes de genio desorientara al enemigo. Se le ordenaba pasar por las armas al capitán Urien; una vez obtenida la victoria, sacar de Potosí a todos los europeos hasta no dejar uno solo y disponer que sean ellos los que paguen los uniformes nuevos para todo el ejército.
El contraste de Cotagaita también alarmó al gobernador de Córdoba Juan Martín de Pueyrredón, quien con la premura del caso preparó un convoy y milicianos de guerra que fuese al mando de José María Paz, para conducirlo al norte. A unas treinta leguas de Córdoba, Paz entró en la historia en este pequeño episodio, encontró al mayor Ramón Roque Tollo, quien conducía el parte de la victoria de Suipacha. Paz no se detuvo y pudo cumplir con su comisión al encontrarse con el general Ortiz de Ocampo en San Salvador de Jujuy, hecho lo cual regresó a Córdoba, para proseguir sus estudios en la Universidad.
SUIPACHA
En su lenta retirada de Cotagaita hacia Tupiza, González Balcarce consideró conveniente dirigirse a Suipacha, para no dejar que este pueblo cayera en manos del enemigo.
El 6 de noviembre al atardecer acampó en el pueblo de Nazareno, río por medio de la Villa de Suipacha. A medianoche recibió un refuerzo de doscientos hombres y dos cañones que Castelli hizo avanzar a marcha forzada desde Cangrejos, donde se encontraba reuniendo elementos.
Mientras tanto el enemigo (digo enemigo y no realistas porque los dos bandos eran realistas en ese momento) recibió instrucciones del virrey José Abascal que Vicente Nieto debía unir sus fuerzas con Francisco de Paula Sanz y juntos se adelantaran hasta Tupiza, pero Nieto desoyó la orden, debido al pronunciamiento de Cochabamba por la Junta, que era el preanuncio de que también lo hiciera Oruro y Chuquisaca.
Pero el enemigo creía que los patriotas marchaban descontentos y mal armados por falsas informaciones que se les hacían llegar. El lugar donde ambas fuerzas iban a encontrarse a orillas del río Suipacha, este separa a las poblaciones de Nazareno y Suipacha; aquella sobre la ribera sur y este sobre la norte. En ese punto el río alcanza a veces un ancho de treinta cuadras de playa pedregosa, cuyo lecho recibe en verano los aluviones que bajan de la cordillera andina. La villa de Suipacha se alza en la falda de los cerros que la envuelven por el norte y por el este; instalado González Balcarce en la margen sur del rio citó a consejo de guerra, el que adoptó la opinión de Manuel Balbastro, de esperar el ataque enemigo hasta el momento en que este franqueara el río. El 7 de noviembre apareció la vanguardia de Córdova ocupando posiciones en la playa, y algunas alturas sobre el flanco izquierdo del Ejército de Buenos Aires. González Balcarce había ocultado gran parte de la infantería y artillería entre los cerros y quebradas vecinas. Largo rato, permanecieron ambas fuerzas sin actuar. González Balcarce adelantó entonces doscientos hombres con dos cañones para provocar la lucha. El enemigo adelantó entonces guerrillas ante las cuales los patriotas iniciaron una retirada en aparente desorden, al punto que hizo creer a Córdova que huían sin presentar lucha. Imprudentemente dio orden de perseguirlos avanzando con toda su fuerza hasta las proximidades de la quebrada de Choroya. En este punto los patriotas volvieron la cara, a tiempo en que las fuerzas ocultas salían de su escondite para atacar inesperadamente. La infantería cargó con gran valor y tal brío que desordenó completamente al enemigo y este, se dio a la fuga por cerros y caminos, arrojando banderas, armas y equipo. Media hora duró la Batalla de Suipacha. Nieto que había quedado en Cotagaita, emprendió la fuga ni bien supo del desastre.
El diario “La Gazeta” de Buenos Aires del 3 de diciembre después de detallar el desarrollo de la batalla, concluye que el ejercito patriota le había tomado dos banderas al enemigo, ciento cincuenta prisioneros y que, aunque los patriotas los persiguieron no pudieron dar con Córdova, pero volvieron cargados con las armas y municiones que los fugados abandonaron. Las víctimas patriotas se limitaron a un soldado de Tarija, muerto; dos oficiales heridos: el alférez de las milicias de Salta Eduardo Gaona, y el abanderado de Tarija, Manuel Álvarez, más diez soldados heridos de distintos escuadrones.
Sería Suipacha el primer triunfo de los revolucionarios rioplatenses en Sudamérica sobre el Ejército Español el 7 de noviembre de 1810 .

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