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    Las cuatro escuelas donadas por Belgrano

    “…nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos que el dinero o las riquezas, que éstas son un escollo a la virtud, y que adjudicadas en premio, no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que por principal objeto de sus acciones subroguen bienestar particular al interés público, sino que también parecen dirigirse a lisonjear una pasión seguramente abominable en el agraciado…” (Manuel Belgrano)

    14 de marzo de 2026 - 13:00
    Las cuatro escuelas donadas por Belgrano
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    Imaginemos que un día de marzo de 2026, Manuel Belgrano se levanta de su sueño eterno ocurrido hace doscientos seis años. No sabe nada de lo que ocurrió en su terruño, que se llamaban Provincias Unidas del Rio de la Plata. Pregunta por muchas cosas, entre ellas, por el dinero donado para la construcción de cuatro escuelas en 1813. Agraciadamente este hecho sobrenatural no aconteció porque sería muy complejo explicarle que su país no cambió su esencia, como el caos del 20 de junio de 1820, dia en el que pasó a la inmortalidad.
    El gesto de Belgrano es un eslabón más en nuestra historia, desde la revolución de mayo de 1810 que nos muestra el fracaso y la postergación de proyectos básicos que son relegados por otros de carácter fútil y banal.
    Hemos naturalizado que los proyectos sean parte del realismo mágico, que con solo ser enunciados por los gobernantes se conviertan en realidad. La lista es interminable, pero se nos viene a la mente el Tren Bala Córdoba-Buenos Aires, la Isla Demarchi (el Hollywood argentino), el Altar de la Patria, el Elefante Blanco en Ciudad Oculta o el Albergue Warnes.

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    Las cuatro escuelas donadas por el general Belgrano
    Esta historia comienza en 1813, tras las victorias en las batallas de Tucumán y Salta. La Asamblea del Año XIII decidió premiar a Manuel Belgrano con una donación de 40.000 pesos fuertes (una fortuna para la época) por sus servicios a la patria. Belgrano, fiel a su convicción de que "sin educación, el pueblo nunca sabrá sus derechos", rechazó el dinero para su uso personal. En su lugar, destinó la suma a la creación de cuatro escuelas públicas en las ciudades de Tarija (actual Bolivia), Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero.

    El Reglamento de 1813: Una Visión de Vanguardia
    Antes de que se pusiera un solo ladrillo, Belgrano redactó un reglamento que hoy consideraríamos revolucionario. En él, establecía:
    El rol del maestro: Debía ser considerado un "Padre de la Patria" y tener un lugar de honor en los actos públicos.
    Educación gratuita: Destinada a todos los niños, sin distinciones.
    Prohibición de castigos físicos: Algo sumamente avanzado para un siglo donde "la letra con sangre entraba".
    Financiamiento: Los intereses de los 40.000 pesos debían pagar los sueldos de los maestros y los útiles escolares.

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    El Largo Camino de la Construcción
    A pesar de la voluntad del prócer, el dinero se perdió en los laberintos de las guerras civiles y las urgencias fiscales de los gobiernos de turno. El destino de las cuatro escuelas fue desigual y, en su mayoría, tardío.

    Las Sedes y sus Destinos

    El Significado del "Legado de los 191 Años"
    Es un dato impactante que la última de las escuelas (Jujuy) se terminara de construir formalmente 191 años después de la donación. Este retraso no solo habla de la inestabilidad política argentina, sino que resalta aún más la figura de Belgrano: él no donó lo que le sobraba, sino que renunció a una recompensa ganada en el campo de batalla para asegurar el futuro intelectual de los soberanos. Paradojamente, Belgrano murió en la pobreza absoluta en 1820, mientras su dinero esperaba ser usado para las escuelas.

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    El valor actual de los 40.000 pesos de 1813 en dólares
    No existe una "tasa de conversión" directa porque el dólar, no era la moneda de referencia mundial en 1813, y el poder adquisitivo ha cambiado drásticamente. Sin embargo, podemos hacer un cálculo utilizando el patrón oro y el valor de las tierras/salarios de la época para entender la magnitud de la donación.

    El cálculo basado en el Oro
    En 1813, los "40.000 pesos fuertes" se referían a pesos de plata (el famoso "Real de a ocho" español). Un peso fuerte contenía aproximadamente 27 gramos de plata de alta pureza. En términos de equivalencia con el oro de la época, 16 pesos fuertes equivalían a una onza de oro (la "onza española" o doblón de a ocho). Por lo tanto, 40.000 pesos equivalían a 2.500 onzas de oro. La conversión a hoy: 
    Si tomamos el precio del oro actual (aproximadamente 2.600 USD por onza): 2.500 oz X 2.600 USD= 6.500.000 USD
    En términos puramente metálicos, la donación de Belgrano equivaldría hoy a unos 6,5 millones de dólares.

    El cálculo por Poder Adquisitivo (¿Qué se compraba?)
    Un peón de campo ganaba unos 6 u 8 pesos al mes. Un capitán del ejército ganaba cerca de 50 pesos. Los 40.000 pesos de Belgrano equivalían a 800 sueldos mensuales de un oficial de alto rango o a casi 6.000 sueldos de un obrero. Con esa suma se podían comprar estancias enteras con miles de cabezas de ganado. En términos de impacto inmobiliario y estatal, hoy esa suma equivaldría a 10 o 15 millones de dólares si pensamos en la capacidad de construcción y equipamiento educativo que pretendía cubrir. 
    El sacrificio de Manuel Belgrano trasciende la gloria de las bayonetas para instalarse en la ética del desprendimiento absoluto. Al renunciar a los 40.000 pesos fuertes de su premio para fundar cuatro escuelas, el prócer no solo entregó su patrimonio, sino que apostó por una victoria que él no vería: la de la inteligencia sobre la fuerza. 
    Es una de las paradojas más dolorosas de la historia argentina que el hombre que dotó de fondos al Estado para educar a las generaciones futuras, terminara sus días en la más absoluta indigencia. Aquel 20 de junio de 1820, mientras las escuelas que soñó seguían siendo apenas un proyecto en papel por la desidia burocrática, Belgrano moría entregando su reloj personal como único pago a su médico, sellando con su último suspiro —¡Ay, Patria mía! — el destino de un héroe que lo dio todo y no pidió nada a cambio.

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    AUTOR
    Juan Ignacio Garasino
    Juan Ignacio Garasino
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