La historia de la Bandera Argentina
La Bandera Argentina es el mayor símbolo nacional, por ella los integrantes de las Fuerzas Armadas juran seguirla constantemente y defenderla hasta perder la vida. Los estudiantes de cuarto grado realizan la promesa de lealtad a la enseña patria, siendo este considerado un acto cívico, que simboliza el compromiso con los valores democráticos, la identidad nacional y la figura de Manuel Belgrano, su creador.
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Tres franjas horizontales: celeste, blanca y celeste, que en su versión oficial puede portar el Sol de Mayo en el centro, condensan una historia ligada a las luchas por la independencia, a figuras patriotas y a procesos políticos y culturales que definieron las Provincias Unidas del Río de la Plata.
A comienzos del siglo XIX, América del Sur vivía un intenso proceso de cambio. La Revolución de Mayo de 1810 abrió una nueva etapa política que comenzaba a cortar de manera definitiva los vínculos con la metrópoli colonial, jaqueada en ese entonces, por Napoleón. En ese marco, la necesidad de símbolos que unificaran a los revolucionarios se volvió imperiosa. Escarapelas, banderas y emblemas eran vehículos para expresar identidad y lealtad a la causa independentista.
La creación de la escarapela nacional en 1810 y su uso por las fuerzas patriotas dio pie a la adopción de los mismos colores (celeste y blanco) para una bandera distintiva. En ese trecho de tiempo se sitúa la aparición de nuestro pabellón.
Manuel Belgrano es reconocido como el creador de la bandera nacional. Como secretario del Consulado de Comercio y más tarde como jefe militar en campañas del norte y el Paraguay, Belgrano percibió la necesidad de un estandarte propio.
El 27 de febrero de 1812, Don Manuel izó por primera vez la bandera, ante las baterías “Libertad” e “Independencia” en Rosario a orillas del río Paraná, aunque el Triunvirato inicialmente le ordenó ocultarla por razones políticas. El símbolo patrio original fue confeccionado por María Catalina Echevarría de Vidal.
Las tropas situadas en el río Paraná, el Alto Perú y otras regiones adoptaron enseñas con los colores patrios, contribuyendo a crear una identidad propia y legitimidad. Las autoridades políticas patriotas promovieron el uso de la escarapela y de banderas, integrándolos en actos oficiales y fiestas públicas.
Un año después. la Asamblea del Año XIII sancionó formalmente la escarapela nacional (colores celeste y blanco), lo que institucionalizó la combinación cromática y facilitó la aceptación generalizada de la bandera propuesta por Belgrano.
Periódicos, pronunciamientos y oradores de la época difundieron el simbolismo de los colores, relacionándolos con ideas de libertad, patria y valores republicanos, contribuyendo a la creación de un imaginario colectivo alrededor del emblema.
En 1816, con la Declaración de la Independencia en Tucumán, la Bandera ya era un emblema de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1818 el Congreso estableció la inclusión del Sol de Mayo (derivado del sol incaico y emblema revolucionario) en la franja blanca para la bandera de uso oficial y de guerra; la versión sin sol se consolidó como bandera de uso civil o popular. Desde entonces, la bandera con sol se usa en actos oficiales, edificios públicos y Fuerzas Armadas, mientras que la bandera sin sol circula en la vida cotidiana y en ceremonias no estatales.
Durante las primeras décadas de la independencia, la Bandera de Belgrano fue adoptada y utilizada por diversas provincias y regiones que conformaban las Provincias Unidas del Río de la Plata:
La Bandera Argentina funcionó como elemento aglutinador en momentos de crisis y afirmación nacional. Fue izada en batallas, en plazas públicas y en ceremonias civiles y religiosas.
El 20 de junio, fecha del fallecimiento de Manuel Belgrano, quedó instituida como Día de la Bandera y se celebra en todo el país en memoria del creador y como homenaje al símbolo patrio.
A lo largo del siglo XIX y XX, la bandera sobrevivió a conflictos internos, cambios de régimen y transformaciones sociales, manteniéndose como referencia de identidad nacional.
La Bandera Argentina nació en un momento de efervescencia política e identidad en formación. Manuel Belgrano fue su creador y primer izador, pero su instauración como símbolo nacional fue posible gracias a la acción conjunta de militares, autoridades revolucionarias, artesanos, intelectuales y comunidades que adoptaron y dieron sentido a los colores celeste y blanco. El reconocimiento del 20 de junio y la preservación del encuentro entre la bandera y las memorias colectivas aseguran que el símbolo siga vigente en la vida política y cultural argentina.

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