La enigmática leyenda de la torre de “El Naranjal”
En la década de 1950 o 1960, la revista “Mundo Argentino” publicó un relato firmado por la cronista Elvira Ferreira, quien narró una historia que permaneció casi oculta para muchos.
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No contamos con la fecha exacta porque solo accedimos al recorte de la publicación, hallado recientemente en el sitio web de la Biblioteca Británica, dentro de un sobre de material digitalizado que reúne documentos de Concordia fechados entre 1920 y 1960. Confieso que jamás había oído esta narración hasta encontrar ese fragmento periodístico, que hoy acercamos al público lector.
Gracias a la colaboración de Mirko Pacoricona, seguidor de las redes sociales del Museo Regional Palacio Arruabarrena, este material de la Biblioteca Británica lo hemos incorporado al archivo digital del museo.
Ferreira iniciaba su crónica donde describía una escena en algún lugar de Concordia junto al fuego y cerca del río Uruguay. En ese ambiente surgió la pregunta a un interlocutor no mencionado, que abrió la puerta al misterio: “¿Conoce usted la leyenda de la torre de ‘El Naranjal’?”
La periodista describía “El Naranjal” como un paraje de belleza singular: una torre cubierta de enamorada del muro, lapachos rosados, naranjos perfumados y un parque antiguo donde el canto de los pájaros se mezclaba con el murmullo del agua. Pero detrás de esa imagen apacible se ocultaba una historia que, según su pluma, “pasaba en la noche familiar como un fantasma del pasado”.
Ferreira reconstruía las distintas etapas del sitio: primero una toldería indígena, luego una capilla jesuítica y, más tarde, la cesión del terreno por parte del general Justo José de Urquiza a su amigo, el coronel Vica. Allí el militar instaló su quinta y sus naranjales, entre ellos el célebre “naranjo del clavel”, tan valorado que llegó a ser techado y cercado para preservar sus frutos.
La cronista relataba que la esposa del coronel Vica era una mujer de extraordinaria belleza, admirada por autoridades militares y figuras de la región. Pero una noche, todo cambió: el coronel apareció asesinado, decapitado.
La leyenda -según Ferreira- sostenía que el coronel continuó “viviendo” después de su muerte. Y que su espíritu habría buscado refugio en el mirador de la torre, desde donde descendía cada noche con la cabeza bajo el brazo, atravesando puertas cerradas y recorriendo la casa hasta presentarse ante su esposa, quien poco después había contraído segundas nupcias con un coronel uruguayo.
El mirador fue tapiado y la propiedad quedó abandonada. Con el tiempo, pasó a manos de nuevos propietarios: primero Alberti, luego los O’Connor, quienes instalaron allí un saladero conocido como “Tucutucú”, proveedor de la fábrica de conservas San Carlos y, durante algunos años, del ejército francés. También enviaron productos a Cuba.
Elvira Ferreira concluía su texto con una frase: “Pasa la leyenda y la historia sigue”. Esta narración, que durante décadas permaneció casi en silencio, vuelve ahora a circular. La recuperamos, la releemos y la compartimos con quienes, como nosotros, quizás nunca habían escuchado hablar del misterio de la torre de “El Naranjal”.
Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.
Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Horario de atención: de lunes a viernes de 7:30 a 13. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12.
Museo Regional Palacio Arruabarrena

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