Ídolo con alma de pibe sensible
Lo que Messi se encarga de ocultar, con toda la humildad que lo caracteriza, merece ser contado.
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Este informe circuló por las redes sociales de forma anónima. Me resultó muy interesante conocer cómo colabora y creo que es oportuno difundirlo para valorarlo aún más, por la solidaridad que lo identifica.
En Mozambique, su Fundación reparte desayunos todos los días a quince mil chicos en cuarenta escuelas, para que no tengan que irse a dormir con hambre.
En Siria envió kits educativos para ayudar a los chicos afectados por la guerra que se quedaron sin escuelas.
En Nepal colaboró con catorce centros de salud.
En Barcelona, España, ayudó a un centro oncológico infantil. El mundo se enteró de todo esto porque lo contaron los hospitales y UNICEF.
En Rosario también se conocen muchos pequeños gestos de ayuda hacia sus vecinos. Él se considera un vecino más. Cuentan, por ejemplo, que fue a inflar la rueda de la bicicleta de su hijo y esperó su turno entre la gente, como cualquiera. Durante la pandemia, también sabemos cómo colaboró con equipamientos especiales para distintos centros de salud.
Podría vivir en palacios de lujo, ya que posee una gran fortuna y numerosas propiedades, pero cuando vuelve a Rosario elige regresar a su barrio de siempre.
Cuando gana, llora; y cuando pierde, también llora, por su gran sensibilidad. Cuando juega, siempre lo hace como si tuviera algo que demostrar. Cuando lo atacan, se sabe que no va a responder. Con su familia, es un ejemplo.
Es un genio de la pelota, eso lo dice todo el mundo. Pero no todos conocen al otro Messi: el que ayuda sin bombos ni platillos, el que da sin esperar nada a cambio y, además, procura que nadie se entere.
Por eso es doblemente admirable: como ídolo y como ser humano. No solo por lo que hace con los pies y por el talento que Dios le dio, como él mismo suele decir, sino también por lo que demuestra con sus acciones y por el enorme corazón que tiene.
Es un gran deportista, perseverante y humilde. Esa humildad lo engrandece aún más y lo enaltece. Es un verdadero orgullo argentino.
Por algo todos lo queremos. Qué bueno sería que muchos famosos lo imitaran en su humildad y solidaridad, virtudes que en él fluyen de manera natural, sencilla y espontánea.

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