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La Farmacia Cruz Azul fue fundada por el Sr. Aldo Abraham Fraylejer en la calle Entre Ríos 485 el 12 de septiembre de 1940
El Sr. Aldo Freylejer era el cuñado del Dr. León Vinacur quien recientemente había inaugurado el “Sanatorio Entre Ríos”, junto a los Dres. José Ravasio, Carlos M. Del Cerro, Orlando Raggio, Mario García Maciel y José Ramón Larocca entre otros.
Invitado por su cuñado, que anoticiado de que el local de enfrente al Sanatorio de reciente inauguración quedaría desocupado, transmitió la novedad a su cuñado Aldo, interesándolo de tal circunstancia.
El Sr. Aldo Freylejer, farmacéutico nacional recibido en la ciudad de Rosario, aunque él era porteño, se trasladó a Concordia con su esposa Raquel Vinacur para iniciar tratativas por el local con su propietario.
Anteriormente en el sitio que luego sería la farmacia, durante muchos años funcionaron el Almacén de Fernando Oriol, excelente persona que tenía una acreditada clientela en ese sitio, que cambiaría de ramo para transformarse en farmacia.
El local en realidad pertenecía al señor Roque Degracia, igual que el local contiguo donde estaba la acreditada firma Cartoccio & Collazo que vendían productos hortícolas, como fertilizantes, herbicidas y algunos de uso veterinario. La familia Degracia vivía en una casa muy grande, enfrente a la Unión Israelita, Entre Ríos 479. Cabe señalar que los señores Cartoccio y Collazo que además eran también martilleros, profesión a la que se dedicarían más adelante, aunque en otro local
El Sr. Freylejer denominó a su farmacia “La Cruz Azul” y la dirección correcta era Entre Ríos 485 porque no llegaba a la esquina como en la actualidad La reforma se realizaría muchos años después. La Cruz Azul logró conservar, al menos en parte, la clientela del barrio ofreciéndoles cuentas corrientes y un buen surtido de perfumería de moda en ese tiempo. Era común que la gente comprara a crédito por la gran estabilidad monetaria y porque, además, tanto las distribuidoras de perfumería como los laboratorios y droguerías daban generoso plazos de pago a sus clientes.
La farmacia era atendida por su propietario, Aldo Freylejer y por el señor Nardo Jachuk que fue siempre su mano derecha y la vecindad del sanatorio influyó de manera decisiva en su rápida prosperidad. Por esa razón debieron incorporar en 1942 al Sr. Camilo Torres para realizar los envíos a domicilio, el que gradualmente fue aprendiendo el arte, al principio las preparaciones farmacéuticas más sencillas de usos externo y luego que adquirió mayor competencia las que requerían mayor cuidado tanto en las proporciones, como en la utilización y preparado de cápsulas, sellos, comprimidos, jarabes, elixires y finalmente inyectables y el cierre de ampollas. Cabe señalar que todo se podía fabricar en las farmacias.
Las etiquetas que llevaban los medicamentos daba constancia de la farmacia que lo preparó, el contenido en gramos y miligramos y también el solvente. Esto era importante porque el paciente podía de esa forma hacerlo preparar donde lo creyera conveniente.
Decía antes que todo podía hacerse en la farmacia y este dato no es menor porque en 1939 estallo la que sería la Segunda Guerra Mundial
o sea que la farmacia debía adaptarse a las dificultades en cuanto a proveerse de medicamentos que dejaron de llegar al país y remplazarlo por formulaciones que indicaban los médicos.
No fue este un inconveniente para Farmacia La Cruz Azul, dada la competencia técnica de su personal y del mismo propietario.
Por otra parte, la vecindad del “Sanatorio Entre Rios” contribuyó grandemente a facilitarles fórmulas que pudieran preparar o de lo contrario, tratar de conseguir las drogas que en general eran de origen extranjero y muchas de ellas se conseguían en el Uruguay.
Debo añadir que la Farmacia Cruz Azul siempre se vio favorecida por la presencia, calle por medio de la institución sanatorial. En la década del 60 el Sanatorio Entre Rios fue adquirido por la Federación Gremial de la Carne que agrupaba a los empleados del Frigorífico Yuquerí y sus familiares, gremio con el cual el Sr. Freylejer tenía un convenio de exclusividad. Otra de sus particularidades fue la de mantener un vínculo muy fructífero con los sindicatos, tanto en Concordia como en Buenos Aires. Fue así que también se hizo cargo de la dirección técnica de la farmacia del Policlínico Ferroviario que atendía a los empleados del Ferrocarril General Urquiza y sus familiares.
A fin de atender esa demanda, el Sr. Freylejer creó la Droguería del Litoral, aunque en la realidad no lo fuera, ya que no era un distribuidor, sino que se beneficiaba con un mejor precio como mayorista, lo que facilitaba su relación comercial con algunos sindicatos. A tal fin adquirió un sitio en la calle Sáenz Peña del 7 al 9 y sin proponérselo, por lo menos en ese momento, estaba creando las bases de la futura reforma. Esta se realizó entre 1967 y 68 dándole un matiz único en su tipo para un local de farmacia todo vidriado.
En 1963 se había incorporado a la farmacia el Sr. Alfredo Sánchez, siendo muy joven aún, pero que prontamente demostró su capacidad de trabajo y su vocación de aprender, al principio en tareas menores y luego las de mayor responsabilidad.
También se incorporó la señorita Lila Britez como cajera, tarea en la que se desempeñó muchísimos años, hasta su jubilación. Pero quien batió el record de permanencia fue el propio Alfredo Sánchez ya que finalmente se jubiló habiendo cumplido ¡53 años como empleado de la Cruz Azul!!! Un caso no muy frecuente.
El Sr. Aldo Freylejer fue una persona que supo cultivar amistades y moverse con soltura en los ámbitos sociales que frecuentaba. Su amistad con el Dr. Edmundo Giorgio y el Sr. Orlando Andreola le facilitó un desempeño social de importancia donde supo granjearse muchos amigos de relevancia, especialmente por ser un asiduo concurrente al Jockey Club.
Ya sin la presencia del Sr. Jachuk que se había jubilado, le tocó manejar su farmacia en épocas muy difíciles en varias circunstancias, pero ya entonces con el acompañamiento de Alfredo Sánchez como hombre de confianza
Aldo Freylejer era un hombre de correr riesgos y lo hacía sin dudarlo y por lo general con éxito.
Pero nuevos tiempos difíciles vinieron, no solo para las farmacias sino para toda actividad comercial en los 90 y allí si debió resignarse finalmente a tener que vender la farmacia. El comprador fue la firma Alberto Grand e hijo, aunque Aldo Freylejer se siguió desempeñando como farmacéutico de los nuevos propietarios durante algún tiempo, igual que Alfredo Sánchez, hasta que este eficiente integrante de la Cruz Azul obtuvo su merecida jubilación en 2016. Aldo Freylejer posteriormente se radicó definitivamente en Buenos Aires y trabajo allí como regente de una farmacia hasta su fallecimiento. Su esposa la Sra. Raquel Vinacur lo sobrevivió algunos años y falleció en el mes de diciembre de 2007.

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