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    El Pronunciamiento de Urquiza: el fin de la hegemonía

    El principio del fin de la hegemonía política del brigadier general Juan Manuel de Rosas comenzó el 1 de mayo de 1851, cuando el gobernador de Entre Ríos, capitán general Justo José de Urquiza, se pronunció mediante un decreto en el que aceptaba la renuncia de Rosas a la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación. Este hecho sentó las bases para la organización constitucional de nuestra República.

    02 de mayo de 2026 - 20:30
    El Pronunciamiento de Urquiza: el fin de la hegemonía
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    Desde 1835, Rosas ejercía el poder mediante la Suma del Poder Público. El ritual anual consistía en presentar su renuncia a la gobernación y al manejo de las relaciones exteriores ante la Legislatura de Buenos Aires, alegando “mala salud” o “cansancio”. Las provincias, por temor o conveniencia, rechazaban la dimisión y le rogaban que permaneciera en el cargo con todas sus prerrogativas renovadas por un año más. Este mecanismo legitimaba automáticamente el ejercicio casi dictatorial del gobernador bonaerense sobre todo el territorio. Rosas sobreactuaba su estilo de gobierno apelando a su supuesta abnegación, presentando el mando supremo como una carga aceptada únicamente por el bien de la patria. Sin embargo, en 1851, el gobernador de Entre Ríos decidió romper el rito y aceptar la renuncia.
    Más allá de la retórica política, existían motivos económicos y estructurales profundos. Buenos Aires funcionaba como un embudo: todas las mercancías que ingresaban o salían de la Confederación debían tributar en el puerto porteño. Además, Rosas mantenía cerrados los ríos Paraná y Uruguay a los barcos extranjeros para proteger los intereses de la Aduana de Buenos Aires. Como consecuencia de esta política centralista, Entre Ríos perdía competitividad debido a los costos de transbordo y los gravámenes porteños. El Pronunciamiento buscaba, fundamentalmente, la libre navegación que permitiera el acceso directo de los barcos europeos a los puertos entrerrianos.
    Otro motivo de peso fue la urgencia de la Organización Nacional mediante una Constitución que terminara con la discrecionalidad del poder. Rosas sostenía que el país no estaba “maduro” para una ley fundamental y que la unidad debía mantenerse a través del orden personalista.

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    El Decreto de Urquiza
    El documento, emitido en Concepción del Uruguay, establecía que, al aceptarse la renuncia de Rosas, Entre Ríos reasumía las facultades delegadas: el manejo de las relaciones exteriores y los asuntos de paz y guerra. La provincia recuperaba así su capacidad de negociar directamente con otros estados hasta la conformación de un Congreso Nacional.
    El Pronunciamiento no fue solo un trámite administrativo; fue una declaración formal de guerra. En su proclama, Urquiza argumentó que el estado de conflicto permanente —especialmente el sitio de Montevideo— era la excusa de Rosas para postergar la organización nacional. Sostenía que la soberanía no residía en un hombre, sino en las provincias, anticipando el concepto de federalismo orgánico que se plasmaría en Santa Fe en 1853.

    El Ejército Grande y la Batalla de Caseros
    Rosas subestimó al “loco”, como llamaba a Urquiza. Supuso que el resto de las provincias se mantendrían leales por temor, pero el Pronunciamiento generó un efecto dominó: Corrientes se sumó de inmediato y las fuerzas rosistas en Uruguay se desmoronaron rápidamente, dejando a Buenos Aires aislada.
    Urquiza comprendió que el apoyo federal era insuficiente. Al modificar el lema “Federación o Muerte”, suavizó el odio explícito hacia el unitarismo y permitió que figuras como Mitre y Sarmiento se unieran a las filas del Ejército Grande. Esta coalición, integrada también por Brasil y el gobierno de Montevideo, reunió a casi 30.000 hombres, convirtiéndose en la fuerza más grande en suelo sudamericano hasta entonces. Brasil aportó financiamiento, caballería y la flota naval para bloquear el puerto de Buenos Aires.
    Menos de un año después, el 3 de febrero de 1852, las fuerzas de Urquiza derrotaron a Rosas en la Batalla de Caseros, forzando su exilio en Inglaterra. Finalmente, el 1 de mayo de 1853, el Congreso General Constituyente sancionó la Constitución Nacional, instaurando la forma de gobierno representativa, republicana y federal, y cerrando así un largo ciclo de guerras civiles.

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    Juan Ignacio Garasino
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