• Economia
  • Policiales
  • Deportes
El Heraldo
  • Magazine

    El presidente Roberto M. Ortiz

    Roberto Marcelino Ortiz había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 24 de septiembre de 1886. Su vida estudiantil sufrió un drástico cambio, ya que comenzó estudiando medicina, pero en segundo año debió tomar otro rumbo, cuando la facultad se cerró por una huelga estudiantil.

    23 de mayo de 2026 - 17:30
    El presidente Roberto M. Ortiz
    Ads

    Decidió entonces estudiar derecho y se recibió de abogado en el año 1909 a los 23 años. 
    Antes había participado en la revolución de 1905, siendo afiliado a la UCR desde que tenía 20 años.
    Ortiz era una persona de elevada estatura, con evidente sobre peso, corpulento, era el típico ejemplo de un cultor de la buena mesa, como buen hijo de vascos navarros. Su padre se llamaba Fermín Ortiz y su madre Josefa Lizardi.
    Decía antes que fue un militante del radicalismo, pero no fue atraído por la figura de don Hipólito Yrigoyen y por esa razón, su militancia fue en el anti personalismo o sea adverso al viejo caudillo. Concejal primero y luego diputado, su figura política era aún desconocida entre los hombres notables.
    Era de una personalidad silenciosa, poco dada a hacerse notar. Sin embargo, era un hombre simpático, trabajador eficiente y aplicado en la tarea encomendada. Por esa razón era respetado y apreciado en su círculo.
    Posiblemente esas razones le valieron para ser llamado por el Presidente Alvear para cubrir el cargo de Ministro de Obras Públicas en su gobierno, donde cumplió una tarea eficiente.
    Aunque fue adversario de don Hipólito, nunca estuvo de acuerdo con la división del radicalismo, y después del 6 de septiembre de 1930, trabajó con denuedo por la unión del partido. Si bien fracasó en su empeño, permaneció fiel al anti personalismo y decidió retirarse de la política cuando contaba con 45 años.
    Su prestigiado estudio jurídico asesoraba a importantes empresas británicas donde era estimada su asesoría. Ese factor supongo que fue importante para que el Presidente Agustín P. Justo lo sacara de su retiro para nombrarlo Ministro de Hacienda, haciéndolo regresar a la vida política de la que se había alejado.
    Cuando estaba finalizando el gobierno del General Justo se comenzaron a barajar nombres para la sucesión presidencial.
    En la Cámara de Comercio Británica se reunió el banquete anual y fue allí lanzado el nombre de Roberto M. Ortiz como candidato, lo que produjo la oposición de los sectores nacionales.
    Pero finalmente quedó Ortiz como candidato y seguro ganador, ya que con el fraude en manos del gobierno no había posibilidades para ningún otro.
    Durante la campaña, un incidente menor preanunciaba lo que tendría enorme trascendencia posterior: Ortiz sufrió un desmayo en un acto de campaña.
    Se ponía así de manifiesto, el proceso de hipertensión y diabetes en franca progresión del hombre que poco después asumiría la Presidencia de la Nación.
    Era un cultor de toda cosa dulce, especialmente las masas y tortas.
    Durante más de un año pasó poco o nada, aunque gradualmente se fue poniendo de manifiesto que el presidente deseaba volver a la verdad del sufragio y la anulación del fraude.
    Cuando intervino la Provincia de Catamarca con ese fin, se produjo la ruptura con el vicepresidente Ramón Castillo que era catamarqueño, y quedó claro que Ortiz haría valer su autoridad para lograr su propósito, lo que quedó confirmado con la intervención de la Provincia de Buenos Aires y la destitución de su fraudulento gobernador Manuel A. Fresco. Ello significaba el fin de la Concordancia y sus beneficiarios que por supuesto, movieron todas sus influencias contra el Presidente. Pero Ortiz estaba dispuesto a luchar, pero su salud no lo acompañó y finalmente tuvo que delegar el mando en Castillo.
    Debilitado, consumido por la diabetes, con la vista afectada por la grave enfermedad, debió soportar la campaña de calumnias, que culminó con el escándalo del negociado de El Palomar.
    Como en el aparecieron implicados varios funcionarios de su gobierno, Ortiz de inmediato dando pruebas de su honorabilidad presentó la renuncia. Le fue rechazada, pero el mal progresaba, alejando toda posibilidad de su regreso al poder. Ciego, delgado, con las mejillas colgantes, postrado ya en cama debió ver con creciente amargura, como el vicepresidente Castillo volvió a levantar toda la estructura fraudulenta que él quiso erradicar.
    Dimitió entonces definitivamente a la Presidencia con tremenda amargura y pocos días después falleció a los 55 años, mientras el país era llevado de nuevo al “fraude patriótico”.
    Queda para escribir entonces sobre la tristeza que debió sentir Ortiz en los últimos días de su vida, con la inteligencia intacta, pero reducido a la impotencia, viendo como se deshacía lo realizado y lo que no pudo hacer, la obra que se proponía realizar como su justificación ante la historia. Ese tremendo drama de frustración más grave que su temible enfermedad.
    La historia seguiría después sin él. Y no fue bueno lo que ocurrió…

    Ads
    Ads
    Ads
    Temas
    • Magazine
    AUTOR
    Darío H. Garayalde
    Darío H. Garayalde
    Comentarios

    Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

    INGRESA
    Ads
    Ads
    Ads
El Heraldo
SECCIONES
  • Agro
  • Carnaval
  • Ciencia
  • Cronograma
  • Cultura
  • Deportes
  • Ecología
  • Economía
  • Educación
  • Efemérides
  • Espectáculos
  • Gastronomía
  • Informativo Docente
  • Interés General
  • Opinión
  • Policiales
  • Política
  • Salud
  • Sociales
  • Tecnología
  • Turismo
  • Judiciales
2026 | El Heraldo | Todos los derechos reservados: www.elheraldo.com.arEl Heraldo S.R.L es una publicación diaria online ·Director Periodístico: Roberto W. Caminos
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo