El presidente Ramón S. Castillo
El Presidente Ramón S. Castillo había nacido en Ancasti, Provincia de Catamarca el 20 de noviembre de 1873. En realidad, se llamaba Ramón Antonio Castillo y fue el quien colocó la “S” como inicial de un nombre que no existe. La inicial es la “A” de Antonio. En un pueblo chico como Ancasti, los otros niños le llamaban “Ramona”.
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Estudió la carrera de abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, siendo su especialidad el Derecho Constitucional. Su carrera transcurrió en el ámbito judicial, siendo nombrado juez y luego se desempeñó como profesor universitario.
Castillo era un hombre de baja estatura, de ademanes pausados, una voz agradable y cabellos blancos impecablemente peinados.
Tenía todo el aspecto de un docente y pertenecía a una familia provinciana que vivía pobre y decentemente
Como vocal en la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional. Luego se dedicaría al Derecho Comercial. Como resultado de esa dedicación, nos quedó su “Tratado de Derecho Comercial”, verdadero clásico en el tema, magníficamente escrito y elaborado.
Todo hacía suponer que culminaría en su jubilación, ya cumplidos los cincuenta años, sin mayores aspiraciones que retirarse en paz.
Se interesó en la política incorporándose en la línea denominada “La Concordancia”, que agrupaba a los conservadores- siendo esa la filiación del Dr. Castillo- y los radicales denominados anti personalistas. Sería esta agrupación política la dominante en la etapa llamada por algunos autores “la Década Infame”, que en realidad fueron trece años.
Como decía antes, Castillo pertenecía al Partido Conservador y era adversario del radicalismo, nunca había participado activamente en política.
Cuando sobrevino la revolución del 30 al general José Félix Uriburu le recomendaron a este profesor y jurista de buenos antecedentes y el general lo mandó de interventor a Tucumán. Castillo ya tenía 57 años y sin embargo, comenzaba una carrera política que lo llevaría a ocupar los más altos cargos nacionales.
Primero en el Senado de la Nación donde cumplió una destacada actuación.
Después, durante la presidencia de Agustín P. Justo, fue designado Ministro de Instrucción Pública. Luego le fue ofrecida la cartera de Ministro del Interior.
Se mostró como un hombre confiable dentro de la Concordancia y llegó el momento de acompañar al anti personalista Roberto Marcelino Ortiz como Vicepresidente de la Nación.
En ningún momento se llevó bien con el Presidente Ortiz. Había una gran distancia entre ambos y esa distancia se agrandó cuando Ortiz resolvió terminar con el fraude, quería volver a la pureza del sufragio.
Para Castillo, el regreso de los radicales significaba el desastre nacional.
Y las circunstancias jugaron a su favor. Ortiz estaba enfermo, muy enfermo y debió delegar el mando en el Vicepresidente Castillo.
Allí Ramón Castillo mostró una faceta desconocida de su personalidad. Ese hombre reposado, de suaves maneras se transformó en un hombre autoritario y de un carácter duro y firme. El rompimiento con Ortiz fue definitivo, cuando Ortiz en uno de sus últimos actos, intervino la Provincia de Catamarca y la de Buenos Aires, precisamente por el fraude escandaloso en ambas provincias que terminó con la renuncia del Gobernador de Buenos Aires Dr. Manuel Fresco elegido por el Partido Demócrata Nacional.
Siendo Castillo un conservador convencido, nunca estuvo mezclado con los negociados que caracterizaron a la Década Infame, ni fue abogado de empresas extranjeras. Su honestidad era real, como también su nacionalismo.
Su gobierno fue decididamente nacional. Mantuvo la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial contra todas las presiones.
Inició un proceso de nacionalizaciones, dio un riguroso impulso a la Flota Mercante del Estado.
Pero su apego al liberalismo formal en el que se había educado era políticamente inviable. No comprendió que su poder estaba manchado de ilegitimidad, puesto que no provenía del consenso popular, sino del fraude.
No advirtió que el aparato político en el que se sustentaba la Concordancia, era solo una ficción y qué en último término, el árbitro de su poder era el Ejército. Un Ejército que no toleraba más fraudes.
Con elecciones programadas para septiembre de 1943, el probable sucesor del Presidente Castillo, con la seguridad que el fraude imponía en la presidencia, al empresario azucarero salteño Robustiano Patrón Costas, torcería la victoria del radicalismo, como había ocurrido en 1937.
La neutralidad de la República Argentina durante la Segunda Guerra Mundialk, fue sostenida con sólidos argumentos por el Canciller Dr. Enrique Ruiz Guiñazú.
Dentro del Ejército se había constituido una Logia Militar denominada GOU (Grupo Oficiales Unidos) compuesta por el general Arturo Rawson, el coronel Juan D. Perón, el general Pedro Pablo Ramírez, el coronel Luis Cesar Perlinger. Eran 19 en total el número de altos jefes militares componentes del GOU, cuya finalidad era el derrocamiento del Dr. Castillo. Anoticiado de la inminencia de un golpe militar, el Dr. Castillo recorrió las guarniciones de Palermo para asegurarse lealtades y terminó instalándose en la Casa de Gobierno, junto al gabinete de Ministros en espera de los sucesos. Luego le avisaron que la Marina de Guerra permanecía leal, o por lo menos no se había pronunciado.
Se refugió entonces en el Rastreador ARA Drummond surto en Puerto Nuevo con la intención de dirigirse por el río hacia la ESMA buscando protección de las fuerzas navales. El Rastreador ARA Drummond estaba acompañado por otras unidades de la Flota de Mar y se dirigieron al destino elegido por el Presidente, pero a poco de ponerse en marcha, las otras unidades se apartaron del Rastreador, seguramente anoticiados de la rendición de la Escuela de Mecánica de la Armada, hasta que quedó solo en la espera de fuerzas leales, que solo estaban en su imaginación.
El movimiento había dado comienzo con la salida de una fuerza militar de 8.000 soldados, al mando de los generales Arturo Rawson y Elbio Carlos Anaya, los coroneles Emilio Ramírez, el teniente coronel Fortunato Giovannoni y el teniente coronel Tomás Ducó (Presidente del Club Huracán).
Al llegar a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Núñez, se entabló combate con las fuerzas de marina leales al gobierno. El resultado del combate fue de 30 muertos y 100 heridos. De la Marina murió un suboficial y dos marineros. Del Ejército, dos tenientes, dos cabos, dos soldados conscriptos y 10 aspirantes a suboficiales.
El día 5 de junio, el Presidente desembarcó en el Puerto de La Plata y allí presentó su renuncia El Dr. Ramón Castillo fue arrestado y llevado a Martín Garcia donde permaneció varios meses. Luego pudo regresar a su domicilio alejándose de la política. Poco tiempo después falleció dejando en el banco 47 pesos con 25 centavos. Su sepelio costó 290 pesos de la época, que fue solventado por sus amigos y alumnos
Fin de la Presidencia de Castillo y de la Década Infame

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