El genio de Federico Peralta Ramos (nota 1)
Federico Manuel Peralta Ramos fue un eximio artista, un genio, una especie de bohemio patricio. En síntesis, una obra de arte viviente. Su mayor creación fue su propia existencia desafiando las estructuras rígidas del sistema artístico y social de Argentina.
Federico nació en la ciudad de Mar del Plata, el 29 de enero de 1939. Sus padres fueron el reconocido arquitecto Federico Peralta Ramos y Adela González Balcarce y Bengolea. El apellido Peralta Ramos está íntimamente ligado a Mar del Plata, ya que su tatarabuelo Patricio Peralta Ramos, fue el fundador de La Feliz.
El recordado artista fue un singular sujeto que mostraba sus rasgos histriónicos, su escaso sentido del pudor, su desfachatez en tiempos donde todo eso, no era bien visto. Se animó al ridículo, tratando de esa manera de romper con los moldes establecidos, la pacateria, la hipocresía y la estrechez mental de la sociedad argentina en general y porteña en particular.
Peralta Ramos rompió los limites hasta entonces establecidos entre la obra y el autor. Para él, “pintar sin pintar” o “escribir sin escribir” era la consigna. Su legado principal es la idea de que el arte no reside en un objeto colgado en una pared, sino en el gesto, el humor y la deconstrucción de la realidad.
Otra de las facetas de su genialidad, pueden verse en la invención de conceptos y neologismos para explicar su filosofía de vida, centrada en el disfrute y el desapego. La esteticidad de su obra está unida a la libertad absoluta. Se movía entre el Pop Art y el Conceptualismo, pero siempre con una pizca de “malditismo” y bohemia. Sus máximas quedaron grabadas en la memoria colectiva:
“Soy un pedazo de atmósfera”.
“Si soy un genio, no es culpa mía”.
“Hay que creer o reventar”.
El Instituto Di Tella, creado por el empresario Torcuato Di Tella está relacionado con Federico. Este centro cultural promovió durante los sesenta el arte de vanguardia nacional. De sus aulas, surgieron grandes artistas como Les Luthiers, Antonio Berni, Marta Minujin o Jorge de la Vega, entre otros. Peralta Ramos ganó el Premio Nacional del Instituto Di Tella de 1965 con la escultura de un huevo gigante de yeso y madera. La obra la bautizó con el nombre de “Nosotros afuera”. Al terminar la exposición, lo destruyó a hachazos, simbolizando la ruptura con lo convencional.
Fue uno de los primeros artistas en entender el poder y la influencia de la televisión abierta. Sus apariciones en el programa de Tato Bores lo convirtieron en una figura popular. En la temporada de 1983, comenzaba su presentación con frase: “Tato, Tato, ¡yo estoy acá porque te quiero”! Allí lanzaba sus frases célebres y poemas absurdos, llevando el surrealismo y el dadaísmo al living de los hogares argentinos en el que recitaba poemas, textos de canciones o pronunciaba sus lapidarias sentencias como “Se acabó la Guerra Fría, empezó la de los besos”, “Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir, canté sin saber cantar. La torpeza repetida se transforma en mi estilo”, “Yo soy una estrella porque salgo de noche” o “Serás lo que te tocó ser y dejate de joder”.
El encuentro con la policía
Una noche lo detuvieron por “averiguación de antecedentes” debido a su aspecto bohemio y sus gritos poéticos en la calle.
El oficial le preguntó: “¿Usted de qué vive?”.
Federico, con su voz inconfundible, respondió: “Yo no vivo, yo floto. Soy un pedazo de atmósfera que se desplaza”. Los policías, desconcertados, terminaron dejándolo ir porque no sabían cómo arrestar a un “pedazo de atmósfera”.
Federico Peralta Ramos demostró que se podía ser un genio sin necesidad de producir objetos, simplemente interviniendo el sentido común. (Continuará)

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