El Alto Perú se desintegra
Luego de la batalla de Suipacha, vale decir el primer triunfo del ejército argentino, provocó el derrumbe del régimen colonial en el Alto Perú.
:format(webp):quality(75)/https://elheraldocdn.eleco.com.ar/media/2026/07/magazine_garayalde_2.webp)
Dispuesto a avanzar sobre Potosí, Castelli despachó al capitán Martín Güemes con ciento cincuenta hombres para la provincia, a la vez que dispuso la persecución y detención de todos los enemigos de la Junta huidos de Potosí y Chuquisaca. El ejército patriota ocupó Cotagaita el 12 de noviembre de 1810 Desde Tupiza Castelli escribe a la Junta “Vamos a Potosí, no a oprimir a un pueblo con el peso de las armas victoriosas, no a saquearlo ni horrorizarlo como los antiguos tiranos y déspotas de estas desgraciadas provincias. Vamos a terminar el plan de unidad sostenido por el gran pueblo de Buenos Aires, a radicar la paz y tranquilidad y coronar la obra de serenidad, felicidad y estabilidad general”
Entretanto la retaguardia de la Expedición Auxiliadora llegaba a Jujuy con Ortiz de Ocampo y Borges. Desde este punto Borges escribió a Castelli acusando a Ortiz de Ocampo de la desaparición de cinco fardos de tela de lana tejida que conducía por su cuenta y cargo en una carreta. Los términos violentos en los que se expresara sobre el Jefe de la Expedición hicieron que el 23 de noviembre Castelli lo destituyera del ejército, calificando con dureza al contingente santiagueño de su mando, del que dijo era más una “tropa de salteadores que un ejército”. En la oportunidad separó de todo mando a Ortiz de Ocampo y designó general en jefe de la expedición a Antonio González Balcarce, segundo jefe al sargento mayor Juan José Viamonte y tercero a Eustoquio Díaz Vélez; ordenó a Chiclana anular la elección de capitulares hecha en Santiago del Estero el 6 de noviembre y que nombrara en lugar de los electos a los integrantes de una lista que mandó.
La Junta de Buenos Aires, por su parte, acordó que los jefes y oficiales que habían participado del combate de Suipacha, usaran un escudo en el brazo derecho, con fondo de paño blanco, con la leyenda “La Patria a los vencedores de Tupiza”. Es que no se podía haber recibido en Buenos Aires una noticia más auspiciosa que el triunfo de Suipacha, ya que en aquellos días el capitán realista Juan Ángel Michelena ocupaba en Concepción del Uruguay, mientras que la Expedición Auxiliadora destacada al Paraguay al mando de Manuel Belgrano marchaba hacia lo incierto.
En tanto en el Alto Perú ante el avance de las fuerzas patriotas y la firme determinación de los alto peruanos de seguir la suerte de Buenos Aires, los focos de resistencia se deshacían por si solos.
A lo único que atinaron fue a poner bajo la dirección del mayor general José de Córdova las pocas fuerzas que lograron reunir. Cuando el 9 de noviembre se supo en Potosí lo ocurrido el Suipacha, el gobernador Francisco de Paula Sanz reunió una junta para considerar las medidas a adoptarse, pero “el pueblo pidió con insistencia su total separación. El gobernador Sanz intentó resistir y las fuerzas de Arequipa bajo su mando dispararon contra el pueblo, que respondió enfurecido poniendo preso al gobernador y constituyó una junta local de gobierno. El primer acto de este cuerpo fue reconocer a la Junta de Buenos Aires y despachar dos delegados para dar la bienvenida a Castelli y González Balcarce. Estos entraron en la Villa Imperial el 25 de noviembre. Justamente a los pocos días, previendo los hechos, la Junta de Buenos Aires había resuelto (3 de diciembre) que Feliciano Chiclana pasara de Salta a hacerse cargo de la gobernación intendencia de Potosí.
Escribía Mariano Moreno: “Potosí es el pueblo más delicado del Virreinato y es preciso usar con él un tono más duro que el que se ha usado en Salta. Mire Vd. Que todo europeo en el momento de una convulsión ha de ser nuestro enemigo; que todos los empleos se pongan en manos de hombres del país, y entonces los verá Vd. empeñados en sostener la nueva obra”. Y agregaba Moreno “Perezca Indalecio González Icaza, y no le valgan antiguas relaciones con el buen patriota Alcaraz: la Patria lo exige y esto basta para que lo ejecute su mejor hijo Chiclana” En nota aparte informaba que Alcaraz era nacido en Buenos Aires, hermano de la esposa de Chiclana y acaudalado minero de Potosí, donde trabajaba en sociedad con Indalecio González Icaza, español de origen, cuya muerte ordenaba Moreno.
El pronunciamiento de Cochabamba, seguido por el de Oruro produjeron considerable impresión en Chuquisaca, donde el brigadier Vicente Nieto no se había hecho querer, de manera que al recibir la noticia del triunfo de los patriotas en Suipacha, el 12 de noviembre se reunió el Ayuntamiento y resolvió llamar a Cabildo Abierto para el día siguiente, resolviendo enviar a la Junta de Buenos Aires como diputados a José Eugenio de Portillo y Garay mostrando su adhesión a la Junta y también al canónigo F.J. de Orihuela. A la vez el Ayuntamiento le pedía a Goyeneche “diera órdenes a las tropas que hubieran descendido del Perú se replegaran a la banda occidental del río Desaguadero, se suspendieran las actividades hostiles, sin avanzar un paso sobre la línea de demarcación de las provincias del Río de la Plata”
Días después de Suipacha, los patriotas de Cochabamba obtenían en Aroma un nuevo triunfo para la causa de Buenos Aires.
Fuerzas del Ejército del Perú, al mando del coronel Juan Ramírez habían avanzado hasta Viacha con el propósito de ocupar Oruro y dejar liberado el camino para que los auxilios que el virrey Abascal había despachado llegaran a destino.
De acuerdo con Domingo Tristán gobernador intendente de La Paz. Ramírez hizo avanzar sobre Oruro a una columna de tropa veterana al mando del coronel Fermín Piérola. Oruro había sido tomado por fuerzas patriotas de Cochabamba al mando de Esteban Arce y Bartolomé Guzmán, pero resolvieron no esperar a Piérola y salir a su encuentro; y así lo hicieron seguidos por dos mil hombres, casi todos de caballería apoyados por dos pequeños cañones. Fuerza poderosa pero indisciplinada carente de armas y de oficiales expertos, qué si bien iba a enfrentar a unos quinientos enemigos, se trataba de soldados instruidos y bien armados y con oficialidad capaz al frente. El 14 de noviembre tuvo lugar el choque de ambas fuerzas en los llanos de Aroma. El ataque de los patriotas de Cochabamba fue puro coraje. Sin orden, sin plan, sin disposición de combate, avanzando bajo el rigor del fuego enemigo con tal empuje que lo dispersaron y persiguieron hasta Sicasica. En este punto Piérola intentó reorganizarse, pero el pueblo los acometió con palos y piedras, obligándolo a huir hacia el departamento de Santa Cruz.
LA PAZ SE PLIEGA A LA CAUSA PATRIOTA
El coronel Juan Ramírez supo al día siguiente la derrota sufrida por Piérola y desde Viacha informó a Tristán qué si La Paz no le era adicto, se replegara con sus fuerzas de la guarnición hacia Viacha. Ya había llegado además la noticia de lo ocurrido en Suipacha y que tanto Chuquisaca como Potosí se habían pronunciado a favor de la causa patriota. Domingo Tristán reunió al cabildo y luego publica un Bando desacreditando a Nieto y a Paula Sanz y además expresaba su apoyo a la Junta de Buenos Aires. Goyeneche recibió una intimación del Cabildo de Chuquisaca y contestó que se retiraría, siempre que no se amenazase con atacar territorio del Perú.
La Expedición Auxiliadora prosiguió su avance, aunque con gran retraso hasta llegar a Potosí donde se detuvo dos meses, mientras Castelli y González Balcarce con la vanguardia avanzaron hasta Chuquisaca.
Al iniciar Castelli su marcha rumbo a Potosí, la guerra podía darse por terminada. El viaje fue una marcha triunfal a cuyo paso recibió la adhesión de los pueblos y la noticia de los sucesivos pronunciamientos del resto de las gobernaciones intendencias que integraban el Virreinato del Río de la Plata.
Pero el éxito envaneció a Castelli en lugar de comprender que había llegado el momento de ser prudente y ser benevolente con el vencido, pero tenía la convicción de que había enemigos emboscados en todas partes, fomentó los resentimientos y dividió al Alto Perú en bandos y terminó por envolverlo en una guerra que habría podido evitar o por lo menos postergar con una conducta más prudente.
Ni bien se instaló en Potosí comenzó por deportar a Salta a cincuenta y tres vecinos sospechosos de deslealtad, gente valiosa y de prestigio, por lo que la medida se hizo impopular.
En la Casa de la Moneda se encontraban detenidos Nieto, Sanz y Córdova, a los cuales inició proceso, acusados de alta traición, usurpación y perturbación pública. Tenía Instrucciones redactadas lejos del lugar de los acontecimientos, por simple implicancia de lo ocurrido en Córdoba, olvidando que ninguno de los tres podía ser considerado un caudillo peligroso, como tal vez lo hubiera sido Santiago de Liniers, fusilado en Córdoba.
La sentencia de muerte que entregó el teniente coronel Eustoquio Díaz Vélez y el ayudante capitán Matías Zamudio para ser notificada a los reos que la recibieron de rodillas. El 15 de noviembre los reos fueron fusilados en el centro de la plaza de Potosí, ante el estupor del pueblo.
La crónica dice que el mariscal Nieto pidió se le quitara la venda para ver la bandera bajo la cual moría “¡Son las del Rey! ¡Muero contento!!” gritó al divisar las insignias reales.

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión