¿Cómo se gestó la recuperación de Malvinas en 1982? (Nota 1)
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De la chispa en las Georgias a la Operación Rosario
La recuperación de las islas Malvinas en abril de 1982 fue la consecuencia de una serie de factores convergentes que desencadenaron la acción militar argentina mediante la Operación Rosario. Apenas un día después, fuerzas de la Armada desembarcaron en las islas Georgias del Sur. Fue precisamente en aquel archipiélago donde se encendió la chispa inicial: en marzo, un grupo de chatarreros privados argentinos que había ido a desarmar una factoría ballenera abandonada fue intimado por las autoridades británicas al punto de amenazarlos con la expulsión.
Ante esta escalada, la Argentina alistó una fuerza de tareas para desalojar a las autoridades coloniales. El objetivo estratégico principal —al menos en la formulación inicial— consistía en recuperar las islas para luego negociar la soberanía desde una posición de fuerza, considerando la importancia superlativa del área, tanto por sus recursos naturales como por su proyección geopolítica hacia el continente antártico.
El estancamiento de las negociaciones diplomáticas en Nueva York durante febrero de 1982, sumado a los incidentes en las Georgias y a la intempestiva respuesta británica de desplegar unidades militares, fue apreciado en Buenos Aires como una amenaza directa a la influencia e intereses argentinos en el Atlántico Sur. Así, a fines de marzo se ordenó la ejecución de la operación militar. No obstante, el movimiento fue percibido de inmediato por los Estados Unidos y la Comunidad Europea como la invasión al territorio de un miembro clave de la OTAN.
El problema militar operativo
El problema militar operativo puede ser analizado a través de los factores del ambiente operacional previos al 2 de abril. Estas variables condicionaron de manera determinante el planeamiento y la posterior ejecución de la campaña en lo referente a la composición, magnitud, equipamiento, doctrina, procedimientos, reglas de empeñamiento y aptitud de las fuerzas empeñadas.
El tablero político interno y la Directiva 80
A finales de 1981, las tensiones internas en el seno del gobierno de facto derivaron en la salida del general Roberto Eduardo Viola y la asunción del general Leopoldo Fortunato Galtieri en diciembre de ese año. Galtieri, quien conservó la comandancia en jefe del Ejército, ya había fijado sus alineamientos estratégicos a través de la Directiva 80 (Concepción de la Estrategia Nacional para la Lucha contra la Subversión). En dicho documento se establecía que la lucha contra la subversión formaba parte de un fenómeno político que debía ser conducido como tal. Asimismo, resaltaba el rol del Ejército Argentino en la contención del comunismo en América Latina mediante el despliegue de influencia política, crediticia, comercial y alimentaria (Ejército Argentino, 1980).
Sin embargo, al despuntar la década de 1980, la prioridad del gobierno militar se centraba en la profunda crisis financiera doméstica, la creciente desocupación, el conflicto limítrofe latente con Chile por el Canal Beagle y la alineación anticomunista en el continente. Por entonces, la cuestión del Atlántico Sur no figuraba en el vértice de las preocupaciones oficiales.
Negociaciones frustradas y la génesis del plan de recuperación
Durante el breve mandato de Viola, el canciller Oscar Camilión había logrado el compromiso de Gran Bretaña para mantener reuniones periódicas orientadas a debatir la soberanía (Camilión, 2000). Aunque el primer encuentro estaba previsto para finales de 1981, el recambio institutional obligó a postergarlo hasta febrero de 1982 en Nueva York, ya con Nicanor Costa Méndez al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El 23 de diciembre de 1981, con la nueva cúpula gubernamental asentada, se emitió una directiva desde la Armada hacia el comandante de Operaciones Navales, vicealmirante Juan José Lombardo, con el fin de elaborar un plan esquemático para la recuperación de las islas. Redactado de forma manuscrita entre el general García, el vicealmirante Lombardo y el brigadier Plessl, el documento fue presentado a los respectivos comandantes. Inicialmente, los proyectistas previeron que el plan terminaría archivado como tantos otros en el pasado (Lombardo, 2002); sin embargo, dos acontecimientos imprevistos precipitaron la crisis armada.
El primero fue el rotundo fracaso de las tratativas de febrero en Nueva York. La diplomacia británica, apelando a su tradicional estrategia de dilación indefinida, logró neutralizar la iniciativa argentina (Cardoso, Kirschbaum y Van der Kooy, 1992). El segundo fue el incidente en las islas Georgias del Sur el 19 de marzo, cuando los obreros argentinos fueron amedrentados con la expulsión a manos de un destacamento de marines enviado desde Malvinas, bajo la acusación de haber izado la bandera nacional y albergar entre sus filas a personal militar encubierto. Curiosamente, para el 23 de marzo, la inteligencia británica aún consideraba improbable un desembarco dispuesto por la Junta Militar (Informe Franks, 1985).
El ambiente operacional y sus condicionantes doctrinarios
La posterior recuperación militar de Malvinas y Georgias del Sur demandó una planificación detallada que conllevaba el análisis de factores complejos e disímiles dentro del ambiente operacional insular. Este escenario heterogéneo exigió a los mandos una comprensión sistémica para ofrecer una solución efectiva mediante un diseño operacional adaptado a los objetivos fijados y a los estrictos condicionantes políticos impuestos al componente militar (Yofre, 2011).
Desde la perspectiva doctrinaria del Ejército Argentino, el ambiente operacional comprende el conjunto de factores estables o semiestables de una región que inciden significativamente en la organización, equipamiento y empleo de la fuerza (Ejército Argentino, ROB 00-01, 2015). En este sentido, el teniente coronel Campos lo define como un sistema de condiciones, circunstancias y actores que condicionan las capacidades bélicas y la toma de decisiones en todos los niveles de comando (Campos, 2018). En el caso de Malvinas, esta planificación contó con un condicionante crítico: las severas restricciones impuestas por el poder político al uso de la fuerza para no viciar las futuras negociaciones de soberanía.
Entre la clave dictatorial y la clave heroica
A la hora de abordar el estado del arte sobre el conflicto, el capitán (R) Héctor Tessey retoma el análisis de la antropóloga Rosana Guber al señalar que la bibliografía suele bifurcarse en dos claves de lectura: la "clave dictatorial", que reduce el fenómeno a las decisiones de Galtieri y al terrorismo de Estado; y la "clave heroica", que atribuye la derrota exclusivamente a contingencias azarosas mientras exalta la actuación individual (Tessey, 2022).
La reconstrucción histórica de los meses previos, sustentada en documentos oficiales, testimonios de los protagonistas y una vasta producción bibliográfica a más de cuatro décadas de los hechos, sugiere que la Junta Militar tenía la decisión tomada de antemano, pero aguardaba la coyuntura propicia. El objetivo era articular una estrategia directa (el empleo del poder militar) con una estrategia indirecta (diplomacia, economía y política interna) para forzar un nuevo escenario en la disputa de soberanía con Gran Bretaña (Plan Esquemático 01/82, 1982).

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