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    100 años de las farmacias de Concordia

    Farmacia Magnetti Las farmacias, como la vida misma, tienen su nacimiento, su desenvolvimiento y su final. Lo que transcurre a lo largo de ese ciclo, es su historia.

    29 de noviembre de 2025 - 23:30
    100 años de las farmacias de Concordia
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    Lo que me propongo relatar en estos apuntes, es lo que me han contado y lo que he visto a lo largo de los muchos años en los que me tocó en suerte frecuentar las farmacias de Concordia y conocer a muchos de sus antiguos propietarios y esos relatos de viejos tiempos que creo importante no se vayan perdiendo en la memoria colectiva.
    Debo agregar que he conocido algunas de las más viejas farmacias de Concordia, a las que haré referencia en sucesivas notas, con sus antiguos frascos color caramelo o verdes, sus morteros de loza o vidrio, las balanzas de precisión y el prensador de corchos, algunos con forma de cocodrilo o salamandra, los rótulos y etiquetas, he tenido y en mis manos y leído cuadernos en los que se conservaban las recetas o fórmulas magistrales de los antiguos médicos de Concordia.
    Durante muchísimos años, los medicamentos se preparaban en la farmacia, desde comprimidos, jarabes, elixires, suspensiones, supositorios e inyectables. Para estos últimos las farmacias compraban las ampollas que tenían abierto uno de sus lados, que después se cerraban con un soplete
    Debo también decir que no he sido indiferente a esa relación, en muchos casos de verdadera amistad, que he tenido con los farmacéuticos y con sus empleados y que aún mantengo
    Comenzaré esta reseña diciendo que la farmacia, como la medicina, es tan antigua como el hombre, si consideramos que, ante la enfermedad, debió recurrir a lo que tenía más a mano en la naturaleza como la flora silvestre, y fue aprendiendo su uso (según estiman los Antropólogos) primero descartando las que eran venenosas mirando los pájaros y cuales de los frutos, flores o semillas no comían.
    “Los bosques que los árboles inmensos formaban en Entre Ríos, tupidos montes “agrestes y bravíos como sus propios pobladores, resultaron agrandados por la fantasía “de los primeros descubridores, ignorantes las más de las veces, que sólo conocían la “flora europea (en realidad, pobre al lado de la nuestra) y hasta perdonables son las “mentiras que a su respecto contaran.
    Con su característica ingenuidad, los cronistas de Indias y jesuitas decían que, si los “americanos del Río de la Plata conocieran las virtudes de sus yerbas, morirían naturalmente, de puro viejos, pues tenían a su alcance, agregaban, inagotable y maravillosa botica” Aludían a las propiedades curativas y preventivas que dichas plantas poseían y nuestros antepasados ignoraban y no sabían explotar.
    “Los pobladores de la región, sin embargo, aprovecharon también sus dones y virtudes, “ya que es sabido que empleaban el material que la naturaleza les ponía al alcance de sus manos, distribuyéndolo en diversas y variadas formas, de acuerdo a sus mentes rudimentarias y primitivas”
    “Les daban el pan ciertas especies; el fruto, alimento cotidiano y sano; los árboles, “maderas para sus canoas y sostén para sus chozas, también las chuzas para sus armas; “las lianas, cordeles fuertes; remedio para sus males; aroma para sus tierras; sombra en “la canícula, salvándolos de los caldeados ambientes enloquecedores, y calor en la “estación invernal; fuego para sus carnes; flores para alegrar sus ojos, y el conjunto todo “de la belleza cuando sus cerebros primitivos se abrieron a la luz de la enseñanza en “manos de los misioneros jesuitas,. Dando paso a la fantasía aborigen y creando “leyendas y fábulas, hermosas y simples como sus vidas.
    “Los árboles que lozanos se criaban en nuestra zona eran: caranday (palma), yatay y “dátil (palmeras también, ceibo(el zuinaná o zuinandí de los guaraníes), tala, timbó, “ñandubay, marcela, pitanga, quebracho (blanco y colorado), aguaribay, curupí (el “palo de la leche), espinillo, guabiyú, viraró, chañar, urunday, sarandí (blando y “colorado), tipa, ubajay, anguay, curibay, garupá, ibaró, ibirapitá (madera colorada), “mataojo, guabirá, pacará,, y algunos otros que pueden habérsenos pasado por alto.
    “Entre los arbustos y pequeñas plantas, citaremos la achira, ortiga, vizcachera, “piquillín, “arazá, abatí (maíz), caraguatá (liana muy fuerte y resistente), cina cina, “mandioca, “ñangapiré, plumerillo, romerillo, yeruá (pequeño porongo), apio “cimarrón, azucena del “bosque, clavel del aire, cortadera (especie de paja brava con “espinas), mandiyú, mío mío, yuquerí, porongo, mimbres ( de diversas especies), yuyo “(hierba inútil), tacuara, “bibí, caá (yerba mate), caá curuzú, tase, gramilla, camalote, “chilca, isipó (liana), “mandubí (maní), cambará, ñapindá, tacuarembó etc.) 
    Sin duda que los primeros tiempos desde la fundación de la Villa (6 de Febrero de 1832) Por Ley de la Provincia debieron ser difíciles para los primeros pobladores, en todos los sentidos.
    La falta de médicos y de farmacias se sumaba a las dificultades y carencias propias del ámbito rural y a lo reducido del núcleo de población, la incomunicación, el barro, las sequías, el solazo, las plagas y las fieras eran parte de la cotidianeidad de esos sufridos pioneros.
    En el incipiente comercio de la Villa, cuyas provisiones llegaban a través del río, se advierte en la antigua documentación que, a la provisión normal del comercio de ramos generales, que incluía la sal, el azúcar, las bebidas alcohólicas, harina, aceite, fideos secos, etc., también incluían algunos artículos de farmacia, ya que llegaban cosas como alcanfor, alcohol puro, aceite de ricino, barritas de azufre, ventosas y “tazas de noche”
    El vendedor ambulante de yuyos llevando en su canasto remedios para los males de la gente, cedrón, carqueja, burrito, hierba buena, pezuña de vaca, paico, mburucuyá o passiflora, tilo, ambay, y tantas otras que por aquí existen y mezclas que el yuyero empíricamente conocía y recomendaba. Existen hoy yuyeros establecidos que ofrecen y recomiendan mezclas que en general son inofensivas (salvo en los niños), En cambio el yuyero ambulante ya casi no se ve.
    También estaba el barbero, que hacía sangrías con sanguijuelas “para equilibrar los humores” y también alguna sutura y cirugía menor, porque para los partos se recurría a la comadrona que en general, también era curandera.
    El más remoto antecedente de la existencia de una farmacia que pude hallar es la de don Victoriano Ignacio Magnetti en un acta de Instrumentos Públicos. 
    “Don Victoriano Ignacio Magnetti era Farmacéutico en la ciudad de San Antonio de la Concordia, casado con Benancia Benítez, hija de Gregorio Benítez, y el 6-l2-1859 solicitó labrar un Acta haciendo constar “su agradecimiento por el buen comportamiento y virtudes de su señora esposa…le dona por voluntad propia diecinueve varas de edificio que tiene y posee en esta ciudad, edificado en un terreno de su suegro, situado en la calle Santa Fe (hoy A. del Valle) lindando al Norte con doña Cleofé N; Sur Carlos Grünwaldt, al Este con el Coronel Toledo y al Oeste, calle por medio con Pablo, el sordo…”
    Damián Lull y Luís Guaita fueron los testigos. Folio 159 Vta/ 60 del Libro de Instrumentos Públicos 
    La farmacia del Sr. Magnetti estuvo en la esquina donde hoy es la Cía. de Teléfonos en San Luís y Aristóbulo del Valle, contiguo a la antigua casa de la familia Tealdo.
    La identificación del sitio surge del mencionado Instrumento Público, ya que en el libro “Primeros Asentamientos en la Villa de la Concordia” establece “en el sitio numerado como 47, Benítez Gregorio sin registro ni fecha; en el sitio numerado 52 Aranda Cleofé, desde 1859; en el sitio numerado 25 María Grünwaldt y Natalia Grünwaldt de Casey, en el sitio numerado 292 José Toledo
    “En cuanto a Pablo, el sordo situado al Oeste”, el sitio era baldío en el plano, por lo que cabe suponer que era intruso y había edificado rancho, por eso se lo cita lindero
    “Legajo 11 – El día 22-11-1875 el General Manuel Antonio Urdinarrain solicitó autorización “para adquirir veneno, pues su establecimiento de campo (hacia Colonia Roca, hoy) está lleno de perros cimarrones y quiere comprar veneno en una Farmacia de Concordia para combatirlos. Lo autorizan“ 
    Obsérvese que dice que “quiere comprar veneno en una farmacia de Concordia” lo que da a entender que había más de una en 1875
    La foto del local la farmacia de Magnetti que acompaño, fue publicada en el “Diario de Concordia”, órgano de la Unión Cívica Radical en marzo de 1912 cuyo Director era el ex Coronel Juan Cruz Páiz (que, como la mayoría de los jordanistas, se hizo luego radical). La nota se refería a la farmacia que tuvo en ese lugar el Sr. Magnetti.  Esta me fue obsequiada por el Sr. Juan Antonio Telayna.

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    Darío H. Garayalde
    Darío H. Garayalde
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