León XIV en Barcelona: “Estamos hechos para el infinito”
El Papa animó a los jóvenes a abrazar su inquietud espiritual, confiar en la presencia de Dios en medio del sufrimiento y la enfermedad mental, y considerar el perdón como camino de reconciliación.
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Durante una vigilia de oración con jóvenes celebrada el martes por la noche en el Estadio Olímpico Lluís Companys de Barcelona, el papa León XIV respondió a tres testimonios relacionados con la conversión, la salud mental, el sufrimiento, la violencia y el perdón.
Al dirigirse a Ferran, un joven recientemente bautizado que habló sobre el vacío que experimentó a pesar de perseguir el éxito y el reconocimiento, el Papa afirmó que esa inquietud no es algo que deba temerse, sino aceptarse. "Estamos hechos para el infinito", dijo. "Por eso, cada horizonte finito, cada paso, cada logro, aunque nos satisfaga, también nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando".
León XIV advirtió contra lo que describió como la "idolatría del beneficio y del rendimiento" y el "culto a la propia imagen", a los que calificó como "anestésicos diseñados para adormecer nuestra conciencia y moldearla según una determinada visión de la sociedad". En cambio, alentó a los jóvenes a cultivar el silencio y la interioridad en medio de una cultura de distracción constante.
"Mira dentro de ti", exhortó. "Procura no dejarte arrastrar por el ritmo de la vida y las tentaciones externas. Cultiva momentos de silencio, quizá dedicando unos minutos cada día a leer el Evangelio y hablar con Dios".
Dios en la oscuridad
El segundo testimonio correspondió a Carmina, una joven que habló abiertamente sobre su lucha contra la depresión y un intento de suicidio en el pasado. Al preguntar dónde puede encontrarse a Dios cuando la oscuridad parece absoluta, describió cómo recibió lo que llamó una "segunda oportunidad" para vivir. Tras agradecerle su valentía, el papa León afirmó que la salud mental afronta amenazas crecientes en sociedades que se consideran avanzadas. "Esto es una señal de que existe algo profundamente equivocado en una determinada noción de progreso que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen los equilibrios saludables", señaló.
Al reflexionar sobre la Pasión de Cristo, el Papa recordó la experiencia de angustia, abandono y sufrimiento vivida por Jesús. "El Hijo de Dios asumió en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad", afirmó. "En aquellas horas oscuras, mientras moría en la cruz, Jesús compartió nuestro dolor y nos reveló el rostro de un Dios compasivo". El Papa reconoció que el sufrimiento puede hacer pensar que Dios está ausente, pero insistió en que la Cruz transmite un mensaje diferente. "La cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que está a nuestro lado, crucificado con nosotros en los momentos de dolor y extrema soledad". Al mismo tiempo, advirtió a los cristianos contra las explicaciones simplistas sobre el sufrimiento. "No debemos espiritualizar el dolor atribuyéndolo superficialmente a la 'voluntad de Dios' o a algún plan misterioso suyo", afirmó. "Dios no quiere el sufrimiento. Lo lleva con nosotros".
El perdón como camino
El tercer y último testimonio correspondió a Cecilia, una joven que relató una infancia marcada por la violencia doméstica, las adicciones y la separación de su familia. Tras descubrir la fe gracias al apoyo recibido en un centro católico de acogida, preguntó cómo podía perdonar a su padre por haber intentado matar a su madre y cómo podía reconciliarse con Dios. El papa León respondió primero a la pregunta que ella se formulaba con frecuencia: "¿Dónde estaba Dios?". "No podemos atribuir a Dios aquello que ha sido confiado a nuestra responsabilidad", afirmó. "No podemos imaginar que Dios, desde lo alto, responderá automáticamente a nuestras necesidades o impedirá milagrosamente que ocurra el mal". Añadió que las situaciones de violencia deben llevar a la sociedad a examinarse a sí misma. "Si existe violencia, si prevalece el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos cuestionar las dinámicas de nuestra sociedad, la cultura del individualismo y la tentación de la violencia, pero no a Dios".
Al abordar el tema del perdón, el Papa explicó que no debe entenderse como un acto único, sino como un proceso gradual. "Debemos aprender a considerar el perdón, ese poderoso remedio contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como parte de un proceso y de un camino", dijo.
Al reconocer la dificultad que supone perdonar para quienes han sufrido profundamente, subrayó que este camino suele comenzar con la petición a Dios de sanar las heridas presentes en el corazón humano. "Avanzamos con pequeños pasos hacia el perdón", afirmó. "La reconciliación con el pasado es gradual".
El Papa también aclaró que perdonar no implica necesariamente restablecer una relación anterior, especialmente cuando ha existido violencia. "Podemos mantener una buena disposición del corazón hacia esa persona, rechazar toda forma de odio o venganza, esforzarnos por reparar la relación en la medida de lo posible y quizá rezar por ella", explicó.
Al concluir sus respuestas y su intervención, León XIV animó a quienes cargan recuerdos dolorosos a no perder la esperanza y a confiar en que Dios puede transformar lentamente el resentimiento en misericordia y compasión.
De la noche a la luz
Tras el diálogo con los jóvenes, el papa León pronunció una homilía centrada en la figura de Nicodemo, a quien describió como símbolo de toda persona, un "peregrino en la noche", que busca sentido, verdad y amor en medio de las incertidumbres de la vida.
"Somos mendigos de amor; tenemos verdaderamente hambre y sed", afirmó. "Buscamos un significado más profundo que nos sostenga, nos inspire y nos ayude a comprender el misterio de nuestra vida".
El Papa reflexionó después sobre la realidad de que todo ser humano atraviesa momentos de oscuridad, confusión y duda, tanto en la vida como en la fe. Sin embargo, invitó a los presentes a no considerar esas experiencias como signos de fracaso, sino como oportunidades de renovación.
"Nicodemo nos enseña que estas noches, que acompañan nuestra vida, nuestro camino de fe y la historia en la que vivimos, son un tiempo de bendición, un lugar para renacer, un seno que siempre da vida nueva", afirmó.
León XIV señaló también que la oscuridad puede despojar a las personas de las máscaras que utilizan y revelar lo esencial, creando lo que definió como un "espacio vacío" donde Dios puede obrar una transformación. "El 'espacio vacío' que crea la noche, incluso cuando adopta la forma de sufrimiento, insatisfacción, desilusión o incredulidad, puede convertirse en una oportunidad para recibir una vida nueva, cambiar y renovarse".
Al referirse al relato evangélico del encuentro entre Jesús y Nicodemo, destacó que Dios no se acerca a la humanidad con condena, sino con el deseo de salvar y restaurar. "Por esta razón, también nosotros estamos llamados a no juzgar las 'noches': ni las noches de nuestra propia vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea", afirmó.
La España contemporánea
Al dirigir su mirada hacia la España contemporánea, el Papa invitó a los fieles a reflexionar con honestidad sobre los desafíos que afronta la sociedad, entre ellos la pobreza, la división social y los cambios culturales, y preguntó qué tipo de futuro desean construir juntos.
"Este país puede convertirse en un espacio acogedor para todos, donde se respete la dignidad de cada persona y todos sean amados por lo que son", señaló.
Al concluir su homilía, animó a todos los presentes y a quienes seguían el acto desde la distancia a continuar buscando a Dios con apertura y confianza, seguros de que la luz del Evangelio puede guiarlos "de la noche a la luz". "Dios no quiere que nada se pierda", concluyó. "Incluso ahora desea darnos la vida eterna y conducirnos a una felicidad que no tendrá fin".
(AICA)

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