La Misión Diocesana de verano cerró con un fuerte mensaje de fe, amor y esperanza
Un mensaje de fe y amor, de alegría y esperanza inundó los barrios de Concordia gracias a decenas de hermanos que, en éstos días, intentaron traducir en gestos sencillos y concretos el amor infinito de Dios que sienten en su corazón.
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En este espíritu de fraternidad se compartió la misa de clausura de la Misión Diocesana de verano, celebrada en la parroquia Inmaculada Concepción.
Como ecos de esta experiencia padre Fabricio Ponce, asesor de la IAM e integrante del Equipo Diocesano de Animación Misionera, sostuvo que el estilo de vida en clave misionera supone “anunciar y compartir lo que hemos visto y oído -es decir- esa experiencia personal de encuentro con Dios, que un día tocó nuestra vida y la transformó es lo que buscamos transmitir y compartir”. Y agregó a lo anterior que la fe se vuelve fecunda “cuando la brindamos, la compartimos y la anunciamos” a todos los hermanos.
Con la mirada puesta en el caminar de la Iglesia Diocesana de Concordia, padre Fabricio aseguró que desde hace un tiempo se asumió “la misión como un estilo y también como fruto de un camino de discernimiento comunitario y de escucha a la Palabra de Dios”.
Y aventurándose en los desafíos, el asesor de la IAM reconoció la necesidad de seguir saliendo, sobre todo de “salir de nosotros mismos, de poder mirar al estilo de Jesús y que la realidad nos conmueva” para que a ejemplos del buen samaritano podamos acompañar, auxiliar y sanar las heridas de tantos hermanos en realidades que aguardan y exigen ser atendidas.

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