La Diócesis de Quilmes entregó la imagen peregrina a la Diócesis de Lomas de Zamora en la Misa de Envío a los servidores
Se celebró en el Santuario de San Cayetano de Liniers la Misa de envío a los servidores de la Peregrinación a Luján 2026, presidida por Mons. Jorge Ignacio García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires.
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Durante la ceremonia, la Diócesis de Quilmes entregó formalmente la imagen peregrina de la Virgen de Luján a la Diócesis de Lomas de Zamora, que será la encargada de portarla durante la Peregrinación del 3 y 4 de octubre, y la recibirá en sus comunidades durante todo el año hasta la próxima Peregrinación en 2027.
Del encuentro participaron servidores, integrantes de la Comisión de Piedad Popular, socorristas y peregrinos, en una celebración que marcó el inicio de la 52° de la Peregrinación Juvenil a Luján, cuyo lema este año es "Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos".
"La Peregrinación tiene que ser una fiesta"
En su homilía, a partir del evangelio de las bodas de Caná, Mons. García Cuerva convocó a vivir la Peregrinación con espíritu festivo: "La Peregrinación tiene que ser una fiesta. No será una fiesta de casamiento, pero tiene que haber un espíritu festivo, un pueblo que tiene una meta común, un pueblo que tiene un horizonte: llegar a la casa de la Madre".
El arzobispo pidió a María dos dones para esta edición: "El primer don que tenemos que pedirle a esta Peregrinación es la alegría. La alegría que tuvo María y los discípulos de Jesús en las bodas de Caná". Como segundo pedido, invitó a no buscar culpables ante los imprevistos propios de una convocatoria de tan grande como lo es la Peregrinación Juvenil a Luján: "Frente a lo que falte, frente a lo que no salga bien, que puede pasar porque somos humanos y somos un millón de personas, no hay que estar buscando culpables ni criticando, sino ofrecérselo a Jesús como hace ella".
Un llamado a no "domesticar" la Peregrinación
García Cuerva también reflexionó sobre el rol de los servidores como colaboradores del "milagro" que representa la convocatoria año tras año: "No podemos domesticar la Peregrinación, no podemos ser servidores acostumbrados a que siempre pasa lo mismo; al contrario, nos tenemos que dejar ganar por la sorpresa, porque la Peregrinación en sí misma, toda ella, es un milagro".
El arzobispo cerró su homilía con un mensaje de esperanza dirigido a quienes acompañarán el operativo: "Que nos haga a todos servidores de esperanza. Lo mejor está por venir, y prueba de eso es que más allá del cansancio, más allá de decir 'no doy más', nosotros mismos con nuestro testimonio podremos contagiar a los peregrinos para que sigan adelante, porque lo mejor es llegar a la casa de María, dejarnos abrazar por ella y, en el abrazo de María, reconocernos hermanos".

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