“Con María peregrinamos a un nuevo Emaús”
La comunidad católica de la Diócesis de Concordia celebró este domingo 13 la fiesta patronal de María Inmaculada de la Concordia, con una Eucaristía realizada en el anfiteatro de Federación y una posterior peregrinación hacia la iglesia parroquial.
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La celebración estuvo precedida por nueve días de preparación y reunió a peregrinos llegados desde distintos puntos de la diócesis. Durante la jornada, los fieles participaron de la misa y elevaron sus pedidos y agradecimientos, con especial recuerdo por quienes atraviesan situaciones de enfermedad, pobreza, angustia, falta de esperanza y distintas formas de adicción. La homilía estuvo a cargo del obispo de Concordia, monseñor Gustavo G. Zurbriggen, quien centró su mensaje en el lema de este año: “Con María peregrinamos a un nuevo Emaús”. Durante su reflexión, Zurbriggen tomó como referencia el relato del Evangelio según San Lucas sobre los discípulos de Emaús, quienes luego de la muerte de Jesús emprenden el camino desde Jerusalén cargados de tristeza y sin poder reconocer que el propio Jesús resucitado caminaba junto a ellos. El obispo señaló que ese pasaje invita a reconocer la presencia de Jesús en el camino de la vida, especialmente a través de la Palabra y de la Eucaristía. “Tenemos que reconocer la compañía de Jesús en la peregrinación de nuestra vida”, expresó, al tiempo que destacó la importancia de dejarse enseñar por el Evangelio y encontrarse con Cristo en cada celebración eucarística.
En ese sentido, sostuvo que, al igual que los discípulos de Emaús, los creyentes están llamados a compartir con los demás la alegría del encuentro con Jesús y a convertirse en testigos del Evangelio.
“María siempre nos lleva a Jesús”, afirmó Zurbriggen, al remarcar el papel de la Virgen como guía hacia Cristo. Según explicó, María invita a confiar en el amor de su Hijo, escuchar su Evangelio, hacerlo vida y reconocer a Jesús resucitado en la Eucaristía.
Finalmente, el obispo pidió a María Inmaculada de la Concordia que acompañe a los fieles en ese camino de fe y que los ayude a encontrarse con Jesús en la Palabra y los Sacramentos, para mantener vivo el corazón de fe y amor y “ser sus testigos haciendo el bien y contagiando la alegría del Evangelio”.

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