Reformar el Banco Central: una alternativa más sólida que la dolarización
A poco más de dos años de la gestión de Javier Milei, se entiende que haya decepcionados ante la falta de dolarización y de una “dinamitación” del Banco Central. Sin embargo, a veces el “no hay mal que por bien no venga” se cumple.
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La dolarización como mecanismo de tercerización
Ante el fracaso del Banco Central de la República Argentina en su función básica de preservar el valor de la moneda, regalándonos incluso las hiperinflaciones de 1989 y 1990 así como las crisis monetarias de 1975 y 2023, una dolarización implicaría la admisión de que un organismo extranjero, en este caso la Reserva Federal de los Estados Unidos, haría mejor el trabajo de proveernos de moneda que nosotros mismos.
Es, de alguna manera, equivalente a la tercerización de un servicio cuya prestación eficiente no supimos conseguir. Esa delegación busca a su vez imponer un grillete al gasto deficitario: los políticos argentinos no tendrán a su disposición la maquinaria de emisión de dinero.
El dólar como refugio de valor imperfecto
Aunque el desempeño del dólar haya sido mucho más eficiente como reserva de valor en relación con las distintas monedas argentinas que se han emitido, no está exento del efecto erosivo en el poder adquisitivo producto de la inflación. Se entiende que los estadounidenses nunca tuvieron que cambiar la denominación de su moneda, mucho menos quitarle trece ceros para hacerla utilizable tal como sucedió aquí desde la creación del BCRA en 1935. De hecho, no le quitaron ninguno.
Sin embargo, lo dicho no lo convierte en un refugio perfecto para la preservación del valor. De hecho, en los últimos treinta años, la divisa preferida de los argentinos perdió alrededor del 50% de su valor.
Si retrocedemos un poco más, digamos hasta 1971, podemos ver que la onza de oro costaba apenas USD 35, paridad sobre la cual se asentó el sistema monetario internacional establecido por los acuerdos de Bretton Woods al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El presidente Richard Nixon puso fin a ese sistema cambiario dólar-oro y hoy la onza de ese metal cuesta más de USD 4.000.
Pero Estados Unidos es un país previsible, ¿o no?
Ya no tanto. Nótese que los habitantes de Nueva York, capital financiera global, eligieron como alcalde a Zohran Mamdani, entre cuyas ideas socialistas se encuentran congelar alquileres, establecer transporte gratuito, incrementar impuestos y crear supermercados municipales sin fines de lucro. Muy fácil: la prosperidad, para los socialistas, solo debe decretarse, y el principio de escasez de recursos es un invento de rígidos e insensibles economistas.
Es claro que la política monetaria no depende del alcalde Mamdani, pero si esta persona, con ideas tan en conflicto con nociones básicas de la ciencia económica, logró llegar a la alcaldía del corazón financiero del mundo, ¿Es descabellado pensar que el Gobierno federal de los Estados Unidos pueda ser conquistado en algún momento por visiones políticas tan radicalmente socialistas? ¿Qué efectos tendría tal circunstancia sobre los títulos de deuda estadounidense y, por tanto, sobre la confianza en el dólar como reserva de valor?
La propuesta de reforma del BCRA
La reforma propuesta por el presidente Milei podría sintetizarse en:
* Prohibir el financiamiento del déficit mediante emisión monetaria, lo cual implica terminar con los Adelantos Transitorios al Tesoro y con las Letras Intransferibles, mecanismos que han afectado la calidad patrimonial del Banco Central y erosionado el valor de la moneda.
* Revertir la reforma de 2012 de la Carta Orgánica de la entidad mediante la cual se agregaron cinco funciones, para volver exclusivamente a la función de preservar el valor de la moneda.
* Dificultar la remoción de las autoridades del BCRA, la cual requeriría dos tercios de los votos en ambas cámaras, impidiendo así que los cambios políticos afecten la independencia y la estabilidad.
Como complemento fiscal de tan ambiciosa reforma monetaria, se pretende limitar la persistencia del déficit fiscal, suspendiendo nuevos gastos, contrataciones y salarios de funcionarios y legisladores hasta que el Congreso corrija el desequilibrio.
De todos modos, ninguna reforma legal es irreversible: una futura mayoría legislativa podría modificarla o derogarla, por lo que su eficacia dependerá también del consenso político e institucional que logre sostenerla en el tiempo.
Cuando emitir también es endeudar
Ante las propuestas mencionadas y las críticas del presidente a Mercedes Marcó del Pont, quien presidía el BCRA cuando se modificó la Carta Orgánica, Marcó del Pont se defendió aduciendo que bajo su gestión se estaba dando un proceso de desendeudamiento. Esta afirmación resulta bastante cuestionable ya que los Adelantos Transitorios y las Letras Intransferibles constituyen un endeudamiento del Tesoro con la entidad monetaria y, cuando su utilización deriva en emisión, pueden generar un impuesto indirecto mediante la desvalorización persistente de la moneda.
Al respecto, un informe de José Giménez publicado en Chequeado consigna: “En total, a precios actuales, el BCRA transfirió al Tesoro más de $400 billones en concepto de adelantos y utilidades y casi US$86.000 millones por Letras Intransferibles, emitidas mayormente por el kirchnerismo y saldadas parcialmente por Cambiemos y La Libertad Avanza”.
El enojo ante el ajuste fiscal no debería llevar a olvidar este tipo de desmanejos pasados ni a sus responsables. Sin dejar de reflexionar sobre el pasado, cerremos esta nota con una pregunta hacia el futuro:
¿Podrá lograrse la institucionalización de la responsabilidad fiscal y la consolidación de un Banco Central independiente que emita una moneda confiable, sin importar el partido político que se encuentre en el poder?

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