¿Qué es la guerra cognitiva y cómo se la utiliza en la guerra de Irán?
La guerra cognitiva es considerada como la “sexta dimensión” de la guerra, elevando el conflicto más allá de la tierra, el mar, el aire, el espacio y el ciberespacio. En el marco de la actual guerra de Irán, ha alcanzado un nivel de sofisticación sin precedentes, operando en un ciclo constante de desestabilización interna y proyección de poder externa.
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El objetivo principal de este tipo de guerra, no es destruir al enemigo físicamente, sino modificar la forma en que el cerebro procesa la información para alterar la percepción, el comportamiento y la toma de decisiones.
La guerra de información tradicional se enfoca en controlar lo que la gente ve, mientras que la guerra cognitiva se orienta en cómo las personas piensan. Utiliza avances en neurociencia, psicología social y tecnologías digitales para:
Erosionar la confianza: debilitando las instituciones sociales y la cohesión de un país.
Armonizar el cerebro: influyendo en las funciones cognitivas individuales y colectivas.
Paralizar al adversario: logrando que la población o el ejército enemigo se rinda o se vuelva ineficaz sin necesidad de un solo disparo.
Los creadores del concepto de Guerra Cognitiva
La manipulación psicológica no es algo novedoso. Sin embargo, la conceptualización del término “Guerra Cognitiva” (Cognitive Warfare) se atribuye principalmente a expertos vinculados a la OTAN y centros de pensamiento militar modernos.
Dos de los expertos más relevantes son:
François du Cluzel: militar francés y experto del Centro de Innovación de la OTAN, es uno de los principales autores del documento del año 2020 “Cognitive Warfare”. Ha definido a este dominio como el uso de la ingeniería social y la tecnología para hackear el individuo y la sociedad.
David J. Lonsdale: sus trabajos sobre la dimensión humana de la guerra sentaron las bases para que otros expertos desarrollaran el concepto específico de lo cognitivo.
Antecedentes Históricos
La guerra cognitiva es la evolución de tácticas de influencia que han existido en el pasado:
1. Operaciones Psicológicas (PSYOP)
Desde los panfletos lanzados en la Primera Guerra Mundial hasta la radiofrecuencia en la Guerra Fría, el objetivo siempre fue desmoralizar. Sin embargo, las PSYOP eran limitadas en alcance y velocidad.
2. Guerra de la Información y Reflexiva (URSS)
La Unión Soviética perfeccionó el concepto de Control Reflexivo, proporcionando información seleccionada a un adversario. Este al tomarlos, voluntariamente, favorecía a los intereses soviéticos.
3. La Revolución Digital y el Big Data
El antecedente inmediato más claro es el uso de algoritmos y redes sociales. El caso de Cambridge Analytica demostró que era posible crear perfiles psicológicos masivos para enviar mensajes personalizados que activaran emociones específicas (miedo, odio o esperanza), alterando procesos electorales.
4. Neurociencia aplicada
El avance en el mapeo cerebral y la inteligencia artificial permite hoy que la propaganda sea “quirúrgica”. Ya no se trata de convencer a una masa, sino de explotar los sesgos cognitivos individuales (como el sesgo de confirmación) a una escala masiva.
La guerra silenciosa en Irán
Como hemos mencionado precedentemente, la guerra cognitiva procura alterar no solo qué piensan los seres humanos, sino cómo procesan la información. El objetivo del ataque de los EEUU y de Israel ha sido erosionar la confianza en las instituciones iraníes, polarizar a la castigada y heterogénea sociedad, con el objetivo final de paralizar la toma de decisiones de sus dirigentes, mediante una acción de doble pinza: eliminando a la elite gobernante e incentivar a un levantamiento masivo de los disidentes del régimen.
Irán ha enfrentado una presión cognitiva masiva desde el exterior, pero también ha desarrollado mecanismos de defensa y contraataque altamente técnicos:
Erosión de la Identidad, mediante la utilización de actores externos en redes sociales para amplificar las brechas generacionales y de género, fomentando el descontento tras movimientos como “Mujer, Vida, Libertad”.
El uso de “deepfakes” y bots para inundar el espacio digital iraní con noticias contradictorias, generando un estado de fatiga informativa donde la población ya no sabe en qué creer.
Ataques cibernéticos que no solo dañan infraestructura, sino que están diseñados para enviar un mensaje de vulnerabilidad e incompetencia estatal.
Irán es un actor avanzado en operaciones de influencia. A través de medios como HispanTV y redes en árabe, moldea la percepción del “Eje de la Resistencia” como una fuerza de liberación anticolonial, ganando mentes en el Sur Global. También, han puesto en práctica el hacktivismo patrocinado, con grupos que realizan filtraciones selectivas de datos de inteligencia de sus adversarios (como Israel o EE. UU.) no para ganar una ventaja táctica, sino para humillar y crear desconfianza en la seguridad del rival.

Tecnología Aplicación en el Conflicto de Irán
IA Generativa Creación masiva de perfiles falsos que parecen ciudadanos reales compartiendo “opiniones orgánicas”.
Neurotecnología Análisis de sentimientos a gran escala mediante el monitoreo de reacciones en redes para optimizar los mensajes de odio o apoyo.
Algoritmos de Eco Manipulación de los algoritmos de recomendación para que los ciudadanos solo vean contenido que refuerce su radicalización.
El peligro real de esta “guerra sin disparos” es que debilita la resiliencia de las naciones. Si una población pierde la fe en su realidad compartida, el país se vuelve ingobernable sin necesidad de una invasión física. Es una forma de “asedio psicológico” que busca el colapso desde adentro.
Es fundamental entender que, en este conflicto, el ciudadano digital no es un observador pasivo, sino un nodo de transmisión. Cada “compartir” o “like” en una noticia no verificada sobre Irán es, técnicamente, una micro-operación en esta guerra.

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