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    Entre la gloria y el abismo: la delgada línea de la Selección rumbo a la Copa del Mundo

    El seleccionado argentino de fútbol se apresta a defender el título obtenido en el Mundial de Qatar 2022. En nuestra rica y abundante historia futbolística, hemos tenido dos experiencias similares a la actual tras ganar los campeonatos de 1978 y 1986. En esos períodos, los técnicos campeones fueron César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Ambos conductores llevaron a cabo la preparación con miras a defender la copa mediante procesos diferentes y con resultados finales totalmente opuestos.

    13 de junio de 2026 - 18:00
    Entre la gloria y el abismo: la delgada línea de la Selección rumbo a la Copa del Mundo
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    El combinado nacional de 1978 se preparó durante cuatro años para afrontar el desafío que le imponía el torneo de España 82, en un contexto marcado por la guerra de Malvinas y con algunos altibajos deportivos. Desde 1979 hasta el debut del 13 de junio de 1982 contra Bélgica, el seleccionado jugó 29 partidos, de los cuales ganó 12, empató 11 y perdió 6. Con el fin de lograr un rodaje importante para la competencia decisiva, se enfrentó 23 veces a selecciones europeas. En el 79 cayó ante Bolivia y Brasil en la Copa América, y durante la gira de septiembre de ese año, frente a Alemania Federal y Yugoslavia. Las otras dos derrotas se produjeron en mayo de 1980 contra Inglaterra (cuando Maradona anticipó en una apilada en Wembley, lo que sería uno de los goles más lindos de la historia de los mundiales seis años después en México) y en octubre del año siguiente frente a Polonia, en el Monumental de Núñez.

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    La base campeona del mundo, con Daniel Passarella, Américo Gallego y Mario Kempes como referentes, fue reforzada por el que ya se consideraba el mejor jugador del momento: Diego Maradona, quien había sido vendido al Barcelona. Se sumaron, además, Juan Barbas, Jorge Valdano y algunos futbolistas del paladar menotista. Pese a las expectativas, Argentina tuvo un mediocre desempeño en la competición y quedó eliminada en la segunda ronda. Menotti, sin embargo, ya había pasado a ser un mito viviente gracias a la coronación previa en su propio país.

    Por su parte, el seleccionado de Bilardo, campeón del mundo en 1986, jugó 30 partidos antes de su debut en Italia 90. Los números no eran nada alentadores para la defensa de la copa: Argentina ganó apenas 6 juegos, empató 12 y perdió 12. En ese ciclo enfrentó a 9 selecciones de origen europeo y participó en dos Copas América. Para Bilardo, esos cuatro años fueron un laboratorio de pruebas donde manteniéndose algunos campeones, prevaleció el agregado de players polifuncionales. Un ejemplo de esto fue el debut ante Camerún, donde hizo jugar al delantero Abel Balbo como lateral-volante. Finalmente, marchando a los tumbos y gracias al talento a cuentagotas de Maradona, la velocidad de Caniggia y las manos de Goycochea, la selección hizo posible la hazaña del subcampeonato.

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    Hoy, la selección conducida por Lionel Scaloni se apresta a comenzar su participación en la Copa del Mundo 2026, llegando además con el galardón de ser la actual campeona de América. Desde la consagración de diciembre de 2022 en tierras árabes, el equipo ha jugado un total de 39 partidos, con un saldo de 32 victorias, 3 empates y 4 derrotas, todas ellas sufridas ante combinados sudamericanos en el largo camino de las eliminatorias. El punto débil de este proceso, no obstante, es haber disputado un solo encuentro contra representantes de Europa, justamente ante Islandia a días del debut mundialista; un rival que, además, no figura entre los más relevantes del Viejo Continente. La mayoría de los amistosos se programaron contra selecciones de poco peso (en el boxeo se los llamaría “paquetes”) ¿Jugar contra rivales de fuste es garantía de algo? Nada asegura el éxito, pero, sin lugar a dudas, permite medir de mejor manera en qué nivel se está.

    En el mundial pasado, Argentina disputó cuatro juegos contra selecciones europeas: dos veces ganó de manera contundente y en las otras dos empató (en cuartos contra Países Bajos y en la final contra Francia). Fueron partidos en los que el equipo se mostró ampliamente superior, pero ciertos errores forzaron a que las llaves se definiesen desde el punto del penal. Un equipo no puede jugar con la misma intensidad los noventa minutos, pero está obligado a ser contundente; los desaciertos defensivos suelen aparecer y, en una mala jornada luego de la fase de grupos, el costo es el pasaje de regreso.

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    Han pasado cuatro años y la base de futbolistas campeones que permanece es cuantitativamente más alta si se la compara con las de 1982 y 1990. La ventaja es que los jugadores tienen experiencia y se conocen a la perfección dentro de la cancha; la desventaja es el inexorable paso del tiempo: son cuatro años más grandes y algunos de ellos, como Messi o De Paul, compiten actualmente en ligas de menor exigencia.

    Aquí es donde encendemos otra luz roja. En este tiempo intermedio, parte del plantel pareció quedar encandilado por el show mediático y el negocio publicitario. Ejemplos sobran: desde las constantes apariciones en las revistas del espectáculo hasta detalles como ver a Rodrigo De Paul vapeando en el recital de su pareja. Podría parecer una pavada discursiva que quede en ridículo si los resultados en la copa vuelven a ser positivos, pero el riesgo latente es innegable.

    La situación actual evoca inevitablemente el argumento de Rocky III. Tras alcanzar la gloria máxima, el campeón se aburguesa, se distrae con las luces de la fama, se llena de contratos comerciales y subestima a un rival que viene desde abajo con sed de triunfo. El resultado de perder el “ojo del tigre” es la lona: perder el título por haber perdido el hambre. Ojalá nuestros jugadores no hayan caído en esa autocomplacencia ni pretendan vivir del alarde de lo ya ganado.

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    Las predicciones matemáticas, de hecho, no son alentadoras. La más destacada proviene del simulador de EA Sports, que pronostica a España como campeona (un dato a seguir con atención, ya que la empresa acertó las últimas cuatro ediciones).

    Por parte del sector financiero, modelos predictivos de inversión como el de Panmure Liberum vaticinan la victoria de Países Bajos, mientras que un análisis de Goldman Sachs también sitúa a los españoles como máximos favoritos. El 11 de junio la pelota comenzará a rodar. Pase lo que pase, habrá que revalidar las credenciales en el césped, sabiendo que el recambio generacional será inevitable al día siguiente de que concluya este Mundial.

    *El autor es entrenador de fútbol, licencia A (Nacional) de Asociación Técnicos del Futbol Argentino. 

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    AUTOR
    Juan Ignacio Garasino
    Juan Ignacio Garasino
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