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La literatura fantástica es un género que ha tenido numerosos cultores importantes en la Argentina. Solo en el siglo XX, un depurado listado debe incluir a Leopoldo Lugones, a comienzos del mismo, considerándose a su libro “Las fuerzas extrañas” de 1906, como impulsor de la corriente y a Horacio Quiroga con sus cuentos de la selva. Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y el propio Julio Cortázar, entre otros, perfeccionaron la temática en una conjunción de realismo y alienación.
No obstante, Carlos Abraham, en sus libros “La literatura fantástica argentina en el siglo XIX”, y en los tres tomos de “Cuentos fantásticos argentinos del siglo XIX”, alude a cultores significativos del género en ese siglo. Nombra a Eduardo Ladislao Holmberg con su novela “Viaje maravilloso del señor Nic Nac” de 1875 y el cuento “Los autómatas” de 1879, Juana Manuela Gorriti y su complejo mundo sobrenatural, el tucumano Benjamín Posse, Luis V. Varela, Horacio Kailbang, Paul Groussac, Lucio Mansilla e incluso Domingo Faustino Sarmiento.
Más acá en el tiempo, en las últimas décadas, una nueva generación de escritoras, han publicado varias novelas y cuentos que mantienen con absoluta vigencia el género.
Por caso, Mariana Enriquez cultiva lo fantástico en estrecha sintonía con el terror gótico, en “Los peligros de fumar en la cama” (2009) y “Las cosas que perdimos en el fuego” (2016).
Samanta Schweblin, nacida en Buenos Aires en 1978, con 23 años obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las artes en 2001 por su primer libro de cuentos “El núcleo del disturbio” que publicó un año después. También, por ese libro, fue premiada en el concurso Haroldo Conti. “Pájaros en la boca” en 2009 y “Siete casas vacías” en 2015 fueron sus libros de cuentos posteriores. Recientemente, luego de dos novelas “Distancia de rescate” en 2014 (llevada al cine por la directora peruana Claudia Llosa) y “Kentukis” de 2018, dio a conocer “El buen mal” un libro de seis cuentos que la convirtieron en una de las escritoras más reconocidas a nivel mundial, de forma tal que, entre otras publicaciones, los editores y críticos de The New Yorker, consideraron al libro como uno de los mejores publicados en el año 2025.
Los seis cuentos mantienen una tensión constante, en un universo que roza continuamente lo real con lo fantástico. Los textos son de una precisión absoluta y aluden más que metafóricamente a una actualidad cruel y descarnada. Como ha dicho la propia autora “la ficción es una lucha contra el sinsentido de un presente en el que ya no tenemos ninguna certeza”.
Con el epígrafe inicial, una frase de Silvina Ocampo, “lo raro siempre es más cierto” Schweblin preludia el contenido de los cuentos. Desde la relación entre dos muy buenas amigas que involucra una tragedia con derivaciones y la recreación de un hecho doloroso, en el marco de una llamada telefónica a Lyon en “Un animal fabuloso”, segundo cuento del libro, relatado en primera persona.
La amistad y el perdón son elementos imperiosos en el mismo.
“Bienvenida a la comunidad” es el cuento que inicia el libro. Una mujer que desafía a la muerte, inmersa en el agua de un lago, descendiendo, aguantando sin respirar, atada a un cinturón con piedras, en una actitud de displicente desapego. Un conejo, llamado Tonel, traído por sus hijas en una jaula y luego extraviado. Un cazador impasible que inquieta por su proximidad y sus definiciones. Y el dolor, el desamparo, la sensible turbación.
En la mitad del libro, “La mujer de Atlántida” (localidad donde la autora -ha contado- veraneaba frecuentemente con sus hermanas y primas), acerca a dos niñas a una enigmática mujer de ese balneario uruguayo cercano a Montevideo. La incursión de ellas en la casa de la mujer es tanto curiosidad como decisión correctiva.
Mujer que envuelta en incógnitas, acumulación e identidad marina o fluvial (por lo del Río de la Plata que baña las costas de esa ciudad) es objeto (o sujeto) de interés y observancia por parte de las menores.
La protagonista de “William en la ventana” es una escritora que viajó a China encontrándose con escritores de distintos países. Es, de acuerdo a lo que la propia autora informa al final del libro, un relato ligeramente autobiográfico. La escritora, mantiene comunicación con su novio, que atraviesa una enfermedad, compartiendo las vicisitudes del avance de su novela.
El gato, William, de su amiga Denyse, es central en un artificio donde se especula y subyace la bilocación.
En “El ojo en la garganta” la severidad del relato adquiere una etérea complementación con el nerviosismo derivado de la sucesión de, a priori, incongruentes apariciones y llamadas telefónicas que no solo intranquilizan sino, en un juego de sutiles y eficaces escenas, perturban. El niño que sufre un terrible accidente, central en el cuento, concentra miedos, pesares y culpas que lo exceden. El teléfono y el silencio son protagonistas en disyuntivas que conjugan el cuerpo con la falta o no de atención por parte de las otras personas.
El último de los cuentos “El Superior hace una visita” es cruel y vertiginoso. Cierra un libro que no trepida en expresar un universo de miedos, dudas y arcanos que tienen tanto de humano como de misterioso. En ese sentido, ha declarado en un reportaje a El País de España que “la realidad es que lo único real somos vos y yo, con todo esto raro y único que somos”.
Una de las indudables virtudes de los cuentos es que se mantiene durante toda la trama de cada uno de ellos una inquietud que no necesariamente se resuelve al final, dado que la ambigüedad -una de las características de la autora- como lo sobrenatural termina introduciéndose en cualquier momento o, incluso, en ese final que naturalmente, desconcierta.
Residente hace varios años en Berlín, impartiendo clases de Literatura Creativa, es reconocida por críticos y premiada, repetidamente, en un listado que es, absolutamente, impresionante.
Obtuvo el Premio Casa de las Américas por “La furia de las pestes” en 2008, el Premio Juan Rulfo en 2012 por el cuento “Un hombre sin suerte”.
En 2014 recibió en Premio Konex por su trayectoria de cuentista entre 2009 y 2013 y en 2024, nuevamente, por el período 2014 y 2018. Con “Siete casas vacías” recibió el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero en 2015 y en 2017 “Distancia de rescate” el premio Tigre Juan y su versión en inglés fue finalista del Premio Booker Internacional. Un año después el Premio Shirley Jackson. En 2020 “Kentukis” recibió el Premio Mandarache y el IILA-Literatura. El cuento “Un hombre sin suerte” fue premiado con el O. Henry y en 2022 su trayectoria fue galardonada con el Premio José Donoso y “Siete casas vacías” recibió el Premio Nacional del Libro.
Tiene, en lo personal, una visión crítica respecto al avance de la violencia, a partir de la irrupción de las derechas, en la política en los últimos años, (Ha declarado: “Cuando llegué a Alemania, hace unos 12 años, me dijeron que cada dos fines de semana los nazis iban a hacer una marcha e iban a pasar por delante de mi departamento (…) "Imposible, pensaba yo. Esto no puede pasar, no en Alemania, en una cultura que hace décadas que se dice: 'Vamos a ser buenos, esto no va a volver a pasar'. Pero pasaba, y ahora estamos recogiendo los frutos” y lo hace extensivo a otras latitudes: “Lo que ocurre (…) es horrible, muy injusto, violento y devastador. Y es el futuro”). Samanta Schweblin, mencionada como postulada al premio Nobel de Literatura, se ha convertido en una figura central y determinante de la literatura argentina.

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