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    Revolución y tortas fritas: Mariano Moreno, el hombre y la escuela

    Una delegación de la Escuela Mariano Moreno lleva un cartel que exhibe frente al palco y a la ciudadanía, en el desfile del 25 de mayo.

    30 de mayo de 2026 - 09:15
    Revolución y tortas fritas: Mariano Moreno, el hombre y la escuela
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    Una delegación de la Escuela Mariano Moreno lleva un cartel que exhibe frente al palco y a la ciudadanía, en el desfile del 25 de mayo. Dice: “Edificio propio”. Alude a un reclamo que la Escuela secundaria viene realizando, escuche bien, desde hace ¡26 años! Es que comparten edificio con la primaria, en condiciones de absoluta imposibilidad de dar clases. Polución sonora, hacinamiento, baños rebalsados, ausencia de espacios adecuados, son algunas de las condiciones que padece, injustamente, la comunidad educativa, que ha decidido ser digna del nombre y el legado que porta. Claro que no hay azar en el contexto en que se busca visibilizar la justa demanda, el desfile del 25 de mayo, que el Poder económico y político vacía a través del ritual y manda al bronce de la insignificancia a los próceres más incómodos. Porque sin dudas eso significó Mariano Moreno, líder de la Revolución de mayo de 1810, extraordinario hombre de la emancipación de la Patria, eso representa para los poderosos, para el liberalismo conservador que intenta ocultarlo: una incomodidad. Es que Moreno y sus ideas tienen una vigencia impresionante, de allí la inquietud, el embarazo que provoca. Un hombre que litigó contra la explotación de los indios en plena colonia y que concebía un desarrollo económico e industrial  autónomo, independiente, promovido y dinamizado por un Estado que supliera la inexistente burguesía, a partir de los impuestos cobrados  a las poderosas mineras, estableciendo una política igualitaria, considerando la concentración de la riqueza un obstáculo para el desarrollo, a las grandes fortunas como agua estancada que había que hacer fluir a través de su justa redistribución . Eso se desprende, dicho de memoria (de la lectura-no cito aquí literalmente- de la extraordinaria obra de Norberto Galasso: “Mariano Moreno, el sabiecito del sur”), del “Plan de operaciones” que elaboró como proyecto de gobierno revolucionario, para construir una nación soberana. Con algunas adaptaciones, laterales y secundarias, podríamos suscribirlo hoy. Su osadía, su compromiso revolucionario, le costó la vida, como a tantos grandes hombres de nuestra Patria Grande. La educación, fue para Moreno, un pilar. “Participó activamente en la creación de la biblioteca pública y se ocupó personalmente del fomento de la educación, porque como decía en un escrito: “Nada hay más digno de la atención de los magistrados que promover por todos los medios la mejora de la educación pública”, para lo cual promovió la redacción e impresión de un libro de texto, con las “nuevas ideas”, encargando a los cabildos “repartirlo gratuitamente a los niños pobres de todas las escuelas y obligar a los hijos de padres pudientes a que lo compren en la imprenta” (Felipe Pigna: Mariano Moreno Historias de nuestra historia). Introdujo el “Contrato social” de Rosseau por entregas en el periódico que fundó, precisamente “La Gazeta de Buenos Aires, en donde escribió: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de estos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el Poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la junta que salga a la luz un nuevo periódico semana con el título de la Gazeta de Buenos Aires”.  Consciente del alto nivel de analfabetismo en el pueblo, hacía leer el periódico en las misas. Nada más digno-repetimos-dijo Moreno, que promover por todos los medios la educación pública. Esa frase y toda la obra de Moreno en ese sentido, tiene una actualidad extraordinaria y asombrosa, cuando la educación pública, en todos sus niveles, es objeto de políticas cada vez más violentas de decidida destrucción. Los paros universitarios de esta semana y la toma de colegios pre universitarios en Buenos Aires son respuestas al incumplimiento por parte del gobierno nacional de la ley de presupuesto universitario, que daña a toda la comunidad y al destino futuro de nuestro país. No hay fiscal, ni corte suprema de Justicia, que parezca advertir que el delito que comete el poder ejecutivo, el Presidente de la Nación, Javier Milei, necesita una respuesta inmediata por las consecuencias graves que ocasiona. Tampoco los grandes medios de comunicación destacan este peligro, por el contrario, sobre todos los canales, diarios  y radios de la derecha acosan y acusan a los estudiantes que luchan por sus derechos, quedando perplejos cuando los jóvenes contestan- con la lucidez y la honestidad de la que carecen esos periodistas- que no cumplir con el presupuesto universitario  es un delito muchísimo mayor que una toma de colegio, que al fin y al cabo es una reacción ante la ausencia total del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones. En todos los niveles de educación los salarios docentes están por debajo de la línea de la pobreza y de la indigencia en muchos casos. El reclamo por condiciones edilicias dignas de las escuelas públicas, no se reduce a la Escuela Moreno, que más que la excepción en ese sentido, constituye la regla. Del mismo modo las dificultades, por falta de insumos, de entregar la merienda a los chicos, no solo afecta a la Escuela Mariano Moreno, sino que abarca a la primaria N10 “Benito Garat” y a la secundaria N 30 “María Elena Walsh”. Sí, está leyendo bien, no pueden darles alimentos a los chicos porque el Estado no abona a los proveedores! Eso pasa en la ciudad de Concordia, mientras una circular de la Dirección de Comedores de la provincia de Entre Ríos sugiere no darles torta fritas a los chicos y buscar productos de menor costo y mejor composición nutricional como el bizcochuelo, entre otros tristes dislates. Esa circular contiene un perverso doble mensaje, donde la intención del ahorro a costa de los alimentos, convive con el supuesto propósito de mejor alimentar a los niños, en una sociedad en la que familias enteras se congregan a saciar el hambre en los contenedores de basura. Prohibir la torta frita, tradición ligada a nuestra historia y nuestra identidad, en el momento justo de la celebración de la revolución de mayo, contiene, tal vez otro mensaje, aún más doloroso, como el de profundizar la vivencia, como evidente proyecto, de la propia Patria, como un extranjero, de sentirnos extraños en nuestra propia casa, tomada.
     

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    Sergio Brodsky
    Sergio Brodsky
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