QUE EL AMOR SEA MÁS FUERTE
Se empieza a ceder en las palabras y se termina cediendo en las cosas dijo alguna vez Sigmund Freud.
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El Presidente de la República ha descalificado con sus palabras a las personas con discapacidad, a los adultos mayores, a los trabajadores, a los estudiantes universitarios, con el aval de sus cómplices, con el silencio cómplice de sus aliados variopintos. Esos discursos se han traducido en acciones, en leyes regresivas, en pérdida de derechos largamente conquistados, en ajustes brutales, en represiones salvajes e ilegales, en el cierre, recordémoslo, del INADI. El Presidente- con el aval de sus cómplices y aliados- vomita discursos de odio, contra todo lo que se le opone. El odio es una emoción primaria que busca destruir lo que puede perturbar a un yo de placer puro. Los discursos de odio, como los que el Presidente (y sus cómplices) vomita cada tanto, promueve acciones de odio, de destrucción. Las palabras, la banalización del mal, no son inocuas. Los 227 crímenes de odio en Argentina en 2025 que representaron un incremento del 60% respecto de 2024 no les son totalmente ajenos. El odio es antidemocrático, no intenta conciliar, dialogar, convivir con el disenso, el odio impulsa a la destrucción. Las agresiones brutales que expresaron el ataque trans-odiante, la reciente cacería organizada de travestis y trans en los bosques de Palermo, es una manifestación más de ese odio estimulado, que hay que condenar, que hay que rechazar, que no hay que trivializar. Es paradójicamente enseñar a odiar el amor, la libertad, la diversidad. Es una política del odio cuyo contenido es destruir lo que, por el contrario hay que celebrar. Todas las formas diversas del amor, las diferencias, la identidad autopercibida, la diversidad, la libertad, la existencia libre y gozosa, la afirmación del ser, la ternura, el placer, las mejores cualidades de la humanidad. El capitalismo y los sectores reaccionarios de la religión quieren cuerpos que reproduzcan el orden de la desigualdad. Cuerpos explotados, exhaustos, destrozados, que reproduzcan el sistema de expoliación laboral. Una heterosexualidad para esa reproducción, para la mera reproducción en la que el placer es pecado en los pobres, privilegio de clase. Los “desvíos” como han concebido a la diversidad sexual en la historia negra de la humanidad, a las distintas formas de amar, han sido castigados por las religiones, por la policía, por cierta Psiquiatría y psicología como delito, como falta o enfermedad. Afortunadamente ha habido una extraordinaria evolución, gracias a la resistencia, a la lucha, a la conquista de derechos por la comunidad LGBTQIMAS. En nuestro país el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, el cupo laboral trans, como mínimo y como logros ejemplares, han sido conquistas que los gobiernos actuales se empeñan en agredir. Es para condenar el odio, es para festejar el amor, es para resaltar el orgullo como reacción política a una sociedad que educa para la vergüenza que el sábado 14 de noviembre se realizará la sexta marcha del orgullo en Concordia, declarada de interés por el vacilante Concejo deliberante local, por pronunciamientos poco felices del oficialismo y sus aliados (en Buenos Aires se realizará el 7 de noviembre). La marcha saldrá del centro de convenciones y avanzará, como siempre con esa energía plena de alegría, de color, de música y baile, de celebración, hasta la plaza 25 de mayo. Es importante participar, es importante marchar por el orgullo de ser, por la libertad, por vivir sin miedos, en una convivencia en la que los seres humanos valgamos por el solo hecho de serlo, por una sociedad en la que se respete y se consagren los derechos humanos, por una sociedad en la que el amor sea más fuerte y venza, definitivamente, al odio.

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