POR LOS TECHOS
El miércoles pasado el Gobernador de la provincia de Entre Ríos, el intendente de la ciudad de Concordia, una singular comitiva que incluye personal de seguridad especializado en cerrar el paso a los vecinos al diálogo con sus representantes, que ignoro cuánto costará el despliegue al erario público, concurrió a la escuela “Gerardo Yoya” de la ciudad de Concordia a fotografiarse con los techos del establecimiento que parece que arreglaron.
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A celebrar que la Escuela, frente a esa obra, no se debería llover más, algo que nunca debiera haber sucedido, pero sucede, pero que-convengamos- no es una obra para una gran celebración, aún en tiempos de campaña electoral, se impone un poco de decoro. Recuerdo la escuela donde terminé la primaria, la hermosa escuela de la placita, la 55, las asambleas de padres y docentes porque cada vez que se llovía se inundaba y los cables eléctricos eran un peligro para la vida de los chicos y los docentes, cuando la escuela agujereada era un festival de baldes que recogían las lluvias que hacían a esos niños injustamente menos iguales que el resto, es decir, conculcaban el derecho igualitario a la educación pública que consagra nuestra constitución.
Ahora paso por la Escuela y veo que hay carteles que indican que comenzaron las obras para su reparación, ojalá, pero ¿era necesario que los tiempos de la obra respondan a las necesidades electorales y no a las necesidades de la educación de los niños, era necesario extender la angustia de los padres, de las familias, de los docentes tanto tiempo?
Estaban la comitiva con las cámaras fotográficas listas para consagrar el momento en el que se certificaría el arreglo del techo, lo que significaba que ahora sí, los escasos dineros van a las obras, según la afirmación orgullosa del Gobernador, justo cuando unos docentes -que parece que estaban en una jornada institucional- advirtieron que la comitiva oficial estaba fotografiándose con los techos recién arreglados.
Entonces salieron a paso firme y encararon la comitiva, los increparon con respeto, pero con firmeza, con dignidad y con valentía, tratando de abrirse paso entre la seguridad utilizada para evitar que cualquier vecino plantee una inquietud a las autoridades, los siguieron reclamando salarios dignos, expresando lo que ya todos saben, lo saben los docentes, los padres, los vecinos, los funcionarios, la seguridad que impide que los vecinos lleguen a las autoridades, los fotógrafos, el Gobernador y el Intendente incluso, digamos todos, los que saben que, a pesar de las puestas en escenas la situación de la educación en la provincia de Entre Ríos es dramática, al igual que la salud, que los docentes no llegan a fin de mes, que deben endeudarse para poder comer, que esa circunstancia afecta su salud física y mental, que deben buscar otros trabajos y ni así llegan, que no reciben una atención digna de su salud porque la obra social funciona pésimamente, porque los hospitales están colapsados, que la reforma jubilatoria los condenó a la pérdida de derechos a un digno descanso, y entonces les pareció demasiado que toda la comitiva venga como si eso no sucediera, sólo porque estamos en tiempos electorales, a fotografiar un techo que parece que arreglaron. Entonces los docentes los siguieron y les dijeron aquello que surge de la indignación, de la decencia, de la dignidad, frente a tal falta de decoro, le dijeron lo único que podían decirle en esas circunstancias, docentes sin miedo, les dijeron que se vayan, les dijeron aquello que hay que decir en estas circunstancias, sobre todo a aquellos que se niegan al diálogo, a las paritarias, a los intercambios, a enfrentar los problemas con aquellos a quienes perjudican con sus decisiones políticas, les dijeron, dados esos impedimentos, le dijeron ¡fuera!.
Y así se fueron, no por los techos que tal vez hubiera sido una posibilidad dado los arreglos, sino en autos y camionetas cuyo valor tal vez sea equivalente-no soy economista pero es probable no me equivoque- a todos los techos averiados de las escuelas para que los chicos al menos puedan estar bien alojados y ejercer su derecho a la educación para lo cual también es necesario docentes bien pagos, como lo prometió el gobernador de la provincia en la anterior campaña.
En el momento que esto sucedía yo estaba acompañando la emocionante Escuela itinerante que se desarrollaba en la Plaza 25 de mayo. Es una actividad que realiza AGMER en toda la provincia para visibilizar precisamente el deterioro de las condiciones de trabajo de los docentes y reivindicar el derecho a la educación pública. Yo estaba allí porque generosamente me invitaron a dar una charla sobre salud mental, aspecto que gravita particularmente sobre los docentes como resultado de las políticas de ajuste y arrasamiento de sus salarios, cuando llegaban noticias desde la Yoya. Los trabajadores y el gremio desconocían la presencia del Gobernador y su comitiva para fotografiar el techo que parecen haber arreglado en dicha escuela. El contraste entre una escena montada para exhibir una realidad imaginaria y la más cruda realidad que sufren los trabajadores, es impúdico, disociado, impostado, penoso, indignante.
Es hora que puedan reunirse con los docentes, con las comunidades educativas para dar cuenta de sus actos de gobierno y sus consecuencias, con las reales, con las que sufren, ya no con aquellas que forman parte de un triste montaje.
- Adherimos con profundo pesar al dolor de la comunidad docente y de la sociedad en general por el fallecimiento de Nancy Godoy, docente rural de Corrientes. Acompañamos a sus familiares, colegas y seres queridos en este difícil momento, y nos hacemos eco del reclamo de justicia ante una muerte que, según advirtió la CTERA, vuelve a poner en evidencia las condiciones de precarización laboral que atraviesan a la docencia. -

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