• Economia
  • Policiales
  • Deportes
El Heraldo
  • Magazine

    Ojalá que en el mundial se arme más quilombo

    20 de junio de 2026 | 06:15
    Ojalá que en el mundial se arme más quilombo
    Ads

    El fútbol escenifica la vida, la historia, las luchas. Es metáfora y alegoría, y en este mundial se destaca la participación de futbolistas negros que la despliegan de todos los modos, por ejemplo, en el teatro del juego. Así, en el partido entre España y Cabo verde, latió el espíritu del quilombo. Los españoles sitiaron el área de los africanos con el carácter decidido del colonizador, seguros de superioridad fueron a la conquista del triunfo. Pero se encontraron con Vozinha. Pero se encontraron con la oposición obstinada, con la fuerza coordinada, con la defensa conmovedora de los africanos. Cada revolcón del arquero era una emoción, un renovado sentimiento de epopeya. Aquel que guió a los negros, a los hombres esclavizados, a la lucha por la libertad. Porque no es cierto que hubo una mansa resignación de la esclavitud durante el genocidio de siglos en los que Europa, en nombre de la civilización, ejerció la mayor brutalidad y despojó de humanidad a millones de personas que cosificó y explotó para construir sus riquezas. Acudió a la religión, a la cruz -los negros no tenían alma-, al racismo-los negros eran inferiores- a las peores excusas para “justificar” el sometimiento cruel de vastos grupos humanos. Hasta Bartolomé de las casas, defensor de los indios, sugirió su reemplazo por la mano de obra esclava, porque diezmados los pueblos originarios de América, el combustible de la acumulación originaria del capital, la extracción y el robo y el saqueo de las riquezas, también se terminaba. Así los portugueses “cazaron” seres humanos de Cabo verde y de toda la rica y variada geografía africana para esclavizarlos. No hubo dócil aceptación de la explotación ni del genocidio. Los negros armaban quilombo, que eran lugares, espacios geográficos construidos por los fugitivos de las plantaciones. Espacios de resistencia y libertad que la historia oculta, pero que el fútbol pone en acto a través de sus símbolos. El mayor de los quilombos fue “Palmares” en Pernambuco, Brasil, territorio libre que resistía los embates de los bandeirantes y los colonizadores portugueses. Durante por lo menos un siglo desarrollaron un gobierno comunal emancipado. El quilombo tiene el significado de la libertad, solo a los ojos del colonizador fue adquirió luego el sentido de desorden y confusión, como caos y hasta como un lugar con connotaciones sexuales degradadas. Sin embargo, se conservó el sentido de la expresión “hacer quilombo” que equivale a la consigna que lanzó al Mundo el Papa Francisco de “hacer lío”.

    Ads

    La república democrática del Congo metió en un quilombo a su vez a Portugal y le empató uno a uno. Resistencia y dignidad son las banderas de estos africanos que están brillando en las narices de un Imperio brutal, asesino, racista. Reivindicando su lucha histórica de liberación, llenando de gestos que los organizadores intentan tapar, pero que salen a la luz inevitablemente, como el hincha que acompaña a la delegación congolesa que se convierte en estatua viviente de Patrice Lumumba ni bien comienza el partido, los 90 minutos eternizando un hombre extraordinario, con la consigna “Lumumba vive”. Esos muertos, esos héroes, esos mártires que los opresores del mundo quieren enterrar, reaparecen como fantasmas de la conciencia del pueblo, de la emancipación, esos muertos “que no paran de nacer” como dice del “Che”, que luchó por la liberación del Congo también, la bella canción de la Bersuit. Del mismo modo Lumumba fue atrozmente asesinado en su lucha por la unidad de África y la libertad de su pueblo, más bien universal, porque no anidaba el odio ni la violencia, sino el ideal de la dignidad humana, por los negros y por los blancos, por la multiplicidad de colores y etnias que conforman la humanidad, por la hermandad de los pueblos, sin opresores y oprimidos.

    Estas escenas que pueblan de sentido trascendente  el escenario del mundo, en un torneo de fútbol donde el planeta pone sus ojos, es tan importante como la denuncia a  su principal anfitrión que maltrata deliberadamente, que intenta humillar a la selección de Irán, poniéndolo en condiciones de segregación y discriminación flagrante respecto del resto de los equipos, ante el silencio todavía cómplice de todos, impidiéndoles que concentren en tierra estadounidense, haciéndolos viajar desde México el mismo día del partido, y retornar al finalizar el encuentro, sin descanso ni compasión, mostrando las garras de la violencia y la xenofobia que configuran el ADN del imperio. Es que el principal país organizador ha secuestrado un presidente latinoamericano y apoya genocidios y hace guerras en las que mata sin piedad, a hombres, mujeres, ancianos y niños, el que recordó la selección de Irán cuando posó con las mochilas que representaban a los 175 niños fallecidos en el ataque de Minab.
    De otro modo, tal vez, pero no menos quilombero, ha exhibido mensajes políticos contundentes “el loco” Bielsa, el sensacional entrenador de la Selección uruguaya. Tan loco como las Madres de Plaza de mayo cuando denunciaron en el Mundial 78 los secuestros, torturas y desapariciones que se concretaban a pocos metros del estadio, posó durante la sesión fotográfica oficial de la FIFA, manteniendo la mirada hacia el suelo. Gesto de un loco genial, rechazó las críticas bajo el argumento de que los profesionales del deporte no tienen la obligación de actuar como “maniquíes” o modelos para complacer exigencias estéticas e institucionales sin fundamentos reales. El gesto y las declaraciones del rosarino expusieron una abierta resistencia contra la espectacularización y mercantilización del futbol moderno, defendiendo la autenticidad y dignidad del trabajador del deporte frente a las imposiciones comerciales de las corporaciones y los grandes centros de poder mediático. Ese hermoso quilombo lo había hecho ya, desde los inicios del “profesionalismo”, una gran obra de teatro: “El centrofoward murió al amanecer”, de Agustín Cuzzani, que narra la historia de Arístides Garibaldi, goleador de un equipo de barrio que se sacrifica para salvar las arcas de su club que lo vende, no a un poderoso equipo, sino a un maniático coleccionista de “rarezas”, bailarinas, filósofos, famosos talentos para exhibir en su galería frente a millonarios y  admirados espectadores, reduciendo al humano, al trabajador a una torpe brillantina del capital.

    Ads

    Finalmente está nuestra selección, está Messi, desplegando belleza, perfección en el juego, una armonía y una estética que no pudo ser logrado sino a través de la creación de un grupo en el que se evidencia la amistad, la cooperación, los nobles sentimientos de lo colectivo, frente al individualismo salvaje, equipo que juega incluso, con una ética que va en contra de algunas declaraciones políticas de sus jugadores, un equipo maravilloso que parece un espejo invertido de las miserias del país que representa, un país hundido en la pobreza, en la frustración y en una apatía que se nutre de la resignación y la tristeza, de la que se solo se sale con resistencia y lucha por la libertad y la dignidad, es decir, decidida e inevitablemente, haciendo quilombo.

    Ads
    Ads
    Temas
    • Mundial 2026
    AUTOR
    Sergio Brodsky
    Sergio Brodsky
    Comentarios

    Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

    INGRESA
    Ads
    Ads
    Ads
El Heraldo
SECCIONES
  • Agro
  • Carnaval
  • Ciencia
  • Cronograma
  • Cultura
  • Deportes
  • Ecología
  • Economía
  • Educación
  • Efemérides
  • Espectáculos
  • Gastronomía
  • Informativo Docente
  • Interés General
  • Opinión
  • Policiales
  • Política
  • Salud
  • Sociales
  • Tecnología
  • Turismo
  • Judiciales
2026 | El Heraldo | Todos los derechos reservados: www.elheraldo.com.arEl Heraldo S.R.L es una publicación diaria online ·Director Periodístico: Roberto W. Caminos
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo