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    Nouvelle Vague. El cine dentro del cine

    Entre páginas y pantallas

    15 de febrero de 2026 - 02:00
    Nouvelle Vague. El cine dentro del cine
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    La Nouvelle Vague (Nueva Ola) Francesa es, tal vez, la última corriente cinematográfica que, como tal, revolucionó el lenguaje cinematográfico. Iniciada hacia fines de la década del ´50 del siglo pasado, en virtud de, principalmente, el impulso, el atrevimiento, la osadía y la intelectualidad de un grupo de críticos y especializados en cine que escribían en la revista Cahiers du Cinéma y que a partir de ese momento comenzaron a filmar, la nouvelle vague introdujo cambios radicales en la narrativa, la semántica, los guiones, los planos, el sonido y la forma de filmar.
    Numerosos cineastas posteriores adoptaron las modificaciones técnicas, estéticas y de financiación de la Nouvelle Vague de manera abierta o elíptica. Lo que, de todas maneras, la valoró y referenció como corriente. Pero el cine le debía un homenaje explícito.
    Richard Linklater, es un prolífico director norteamericano nacido en Austin, Texas que comenzó su carrera cinematográfica en la década del ´80 en el marco del cine independiente norteamericano. Es, habitualmente el autor de sus guiones y su primera película relevante fue “Antes del amanecer” (1995), en la que Julie Delpy y Ethan Hawke se encuentran en Viena y transcurren toda la noche hablando y recorriendo la ciudad para luego seguir, cada uno de ellos en forma independiente, su camino. La película le permitió a Linklater obtener el premio al mejor director en el Festival de Berlín.  Nueve años después, se reencuentran los personajes de Delpy y Hawke en “Antes del atardecer” (2004). Ella está presentando su libro en Paris y vuelven a tener largas charlas, ahora, recorriendo Paris. El guion fue nominado al Oscar y la película recibió varios premios. Y nueve años más adelante, cierra la trilogía, en Atenas, con “Antes del anochecer” (2013) con ambos personajes casados y padres de un hijo. El guion fue nominado al Oscar. La preocupación por reflejar el paso del tiempo en sus historias ha permitido que se lo considere como interesado en capturar el tiempo, una suerte de arquitecto del tiempo.
    Otras películas de Linklater han sido, también, premiadas. Como el caso de “Boyhood. Momentos de una vida” (2014), una obsesión por el paso del tiempo, un notable ejercicio de seguimiento de la vida de un niño desde su infancia y hasta su incursión en la Universidad, que le valió tanto el Globo de Oro como el premio de mejor director en el Festival de Berlín y la película animada “Despertando a la vida” (2001) el premio a mejor película en el Festival de Venecia.
    Linklater ha reconocido que Robert Bresson ha sido uno de sus directores más admirados. Vio mucho cine francés, sobre todo el de la Nouvelle Vague. Y quiso homenajear a esa corriente y en, particular, al director que considera como “diferente”, Jean-Luc Godard. Lo hace con el relato de la etapa previa y la filmación de la primera película de Godard, “Sin aliento” (1959). De forma tal, que su homenaje es filmar “Nouvelle Vague” (2025) en blanco y negro, con formato cuadrado (como hacían los integrantes de la corriente) y en París.
    La película es un gran homenaje al cine, al cine dentro del cine y al admirable proceso que genera la crítica y la realización de una película. Linklater ha declarado que “Sin aliento” fue la primera película de la Nueva Ola Francesa que vio. Y la suya, es una reverencia a la corriente que, como se cuenta en el film, hizo que más de 150 directores hagan sus primeras películas en el término de 3 años. Corriente en la que participaron grandes creadores como Francois Truffaut, Claude Chabrol, Agnès Varda, Éric Rohmer, Jean-Pierre Melville, Jean Cocteau y Jacques Rivette, entre otros.
    Todos ellos son partícipes imprescindibles de la película de Linklater. Representados casi todos por actores sin experiencia, pero con una identificación física notable y encomiable. Pero, además los intérpretes de “Sin aliento”, Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg y los técnicos que formaron parte de la misma, entre ellos, el ex fotógrafo de guerra (participó en Indochina) devenido en director de fotografía Raoul Coutard, que se convertiría en colaborador habitual de Godard, como, entre otros films, en “Una mujer es una mujer” (1961) y “Jules & Jim” (1962).
    “Nouvelle Vague” refleja la redacción de Cahiers du Cinema, los encuentros entre los críticos (luego directores), actores y productores en distintos encuentros. Al comienzo, Godard, de 29 años, siempre original, se manifiesta molesto porque todavía no había podido rodar ningún largometraje mientras Truffaut ya era reconocido por “Los cuatrocientos golpes” (la repercusión de la exhibición de esta película, está representada en “Nouvelle Vague”), Chabrol había realizado un par de films y otros compañeros críticos también.
    En una muestra de la integración y creación colectiva que tenían los críticos, luego devenidos en cineastas, Truffaut, autor de la idea y Chabrol, colaborador, de lo que luego sería el embrión de “Sin aliento”, enviaron cartas al productor Georges de Beauregard proponiendo que la dirija Godard. Una vez convencido el productor, Godard recurre a Jean-Paul Belmondo, un boxeador que había sido protagonista de un corto suyo y la actriz norteamericana Jean Seberg, que venía de protagonizar “Bonjour Tristesse” (1958) de Otto Preminger y manifiesta su contrariedad por la forma de filmar que tiene Godard.
    Linklater aborda desde las reuniones previas al rodaje y ésta misma que, sin un guion específico, se filmaba en función de improvisaciones surgidas a partir de las notas que Godard esbozaba cada mañana en la mesa de un bar. La filmación de “Sin Aliento” y está reflejado en el film de Linklater, fue durante, solamente, veinte jornadas (entre agosto y septiembre de 1959), las que a su vez fueron irregulares. De forma tal que, como se cuenta, algún día se generó una reyerta entre el productor y el director porque, éste, resolvió ese día no filmar, con el perjuicio económico que tal decisión le infringía al productor.
    Las escenas son de un realismo notable. Se cuela el espíritu de época, los bares; el humo, casi permanente, de los cigarrillos que, prácticamente, todos consumen; el Paris, frecuentemente, nublado. Linklater que accedió a los reportes de filmación de “Sin aliento” filma como si estuviera en 1959, “es como una película hecha en aquel entonces”, declaró el director a la revista Filmmaker, conociendo que lentes se había usado, cuantos días duró el rodaje y cuantas tomas se hicieron de cada escena. 
    De manera que Linklater realizó “Nouvelle Vague” con los recursos y atributos del Godard debutante: cámara en mano (utiliza la misma cámara que uso Coutard en la película referenciada) en numerosos primeros planos, la espontaneidad de los diálogos, la no sujeción a un guion predeterminado, la mezcla de géneros, el aprovechamiento de la naturalidad de los eventuales transeúntes y la continua disrupción. Además de la filmación de “Sin aliento”, en la película se narra una visita de Roberto Rossellini a la redacción de la revista hablando sobre el sentido de filmar, la necesidad de hacerlo y el posterior viaje con Godard hasta su hospedaje. El encuentro en el metro de Paris con Robert Bresson cuando éste está filmado “El carterista” y le recomienda a Godard al mejor carterista de Paris. Y otro con Jean-Pierre Melville en unos estudios de filmación.
    Otro de los significativos logros del film es la elección de los actores. Linklater optó por la actriz norteamericana Zoey Deutch para interpretar a Jean Seberg. Una coincidencia buscada por el director. Es la única intérprete que contaba con experiencia al momento del rodaje. Guillame Marbeck logra una notable personificación de Godard. Tanto como Aubry Dullin, de Belmondo. Y el resto, a los que Linklater presenta de frente a cámara explicitándolos con placas sobreimpresas en la primera escena en que cada uno participa, son de un parecido físico notable con los directores, productores, actores y técnicos a los que representan.
    “Nouvelle Vague” es una película que los cinéfilos apreciarán significativamente, pero de igual manera, es atractiva en general porque es un acercamiento a una corriente cinematográfica revolucionaria y asimismo,  un reflejo de época (la Francia de De Gaulle que había nombrado en 1958 a André Malraux como ministro de Cultura y la juventud intelectual y politizada -de la que formaban parte los críticos de Cahiers- preanunciaba el mayo francés), cuando se podía soñar con la imaginación al poder. 

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    Gustavo Labriola
    Gustavo Labriola
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