Lucas, Cristian y los carros
Los carros avanzan ciegos, tirando chorros de odio, ácida lluvia de resentimiento. Los carros no sienten, son como robots sin alma, blindados de cualquier emoción, solo sofocan el deseo, el entusiasmo los sueños, porque no saben desear ni amar. No piensan, no tienen conciencia de clase, no saben de lealtades ni de hermanos.
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Los carros destruyen, son desclasados y como mastines de presa pueden atacar con sus colmillos afilados a sus abuelos, a sus mujeres, a las personas con discapacidad, a su familia, que desconocen, como Perros de Pavlov bien entrenados para el Mal. Con violencia en nombre de un Poder que los hambrea, que los hace dormir afuera, en los jardines helados de sus mansiones. Los manifestantes, no importa si son viejos, curas, discapacitados, docentes o médicos, vuelan como hojas desprendidas por vientos huracanados bajo los chorros crueles. Salvo Lucas, Salvo Cristian que se plantan, que se doblan pero no se rompen, que resisten agachados pero firmes, plantando bandera, enormes, victoriosos, heroicos. A diferencia de los carros, Lucas y Cristian son libres como los pájaros, son lucidos, hermosos. Llenos de amor e inteligencia tienen el buche, orgullo, dignidad, solidaridad, conciencia, en esas alas que se despliegan tácticamente en la dirección del odio huracanado para no ser arrastrados, usando a su favor la fuerza que los oprime, que vuelan con una libertad insoportable para los carros y sus fanáticos, homofóbicos, libres de polleras y artesanales máscaras antigás, unidos por un amor sin fronteras, libres por el humor, más ácido que las granadas, mas genial, insospechado humor, imposible humor para los cascos huecos, festejan con ironía cuando dicen ser catadores de gases todos los miércoles, cuando acompañan, con una valentía increíble, con un coraje inigualable, la marcha de los jubilados, en primera línea, desafiando los gases y los palos, desafiando el miedo, están allí con la risa y la militancia, con las convicciones indoblegables, con ese rasgo maravilloso de soltura, de fluidez, de vitalidad que es el humor, ya saben, dicen cuando cambian de proveedores de gases, porque los catan a esta altura, como precio a su determinación emancipadora , porque esa alegría, esa conciencia, es revolucionaria, esa capacidad de reír, de resistir plasmada en una de las fotografías más bellas del siglo y de los siglos, agachado Lucas, pura belleza, pero firme, mantiene su integridad frente al agua desbocada, desbordada, como una estatua, con la bandera, Lucas se mantiene , erguido, de polleras y en cuclillas, sin caer bajo los chorros hidrantes, los chorros del odio, de la codicia, de la corrupción, de esos carros que creen en la obediencia debida ciega, que creen pertenecer a ese orden que los deja afuera. Los carros, cobardes creen que no le llegará la justicia. Lucas y Cristian creen en la lucha, en la justicia social, en la conquista y la re conquista de derechos, por eso acompañan jubilados, discapacitados, estudiantes, trabajadores, el pueblo, esa categoría que quieren desaparecer pero está, nítida bajo la lluvia impotente de los carros, el pueblo, la Patria, palabras que pretenden borrar con el agua envenenada, que pretenden vender al mejor postor, vilipendiar, pero ahí está Lucas, ahí está Cristian, poniendo conmovedoramente el cuerpo y el alma por la Patria, por la Universidad, por los Jubilados, por las personas con discapacidad y sus familias, por los trabajadores y los desocupados, por los presos políticos, por la bandera argentina, por la bandera nacional y popular, por todos nosotros, heroicos, valientes, como las Madres, luchando, sin rendirse, frente a los pobres carros, los pobres gases, que solo dan miedo, ahí están Lucas y Cristian, polleras y banderas, palomas y flores, de la Patria, del pueblo.

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