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    Las vacaciones

    Pasadas las fiestas de fin de año en las que las elecciones, los sentimientos y el deseo quedan sometidos a las cargas familiares, sociales, culturales y hasta religiosas respecto de lo que se debe sentir y hacer, se presenta el problema de las vacaciones.

    11 de enero de 2025 - 09:00
    Las vacaciones
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    Digo así porque hay allí una primera paradoja, una primera ambigüedad para decidir qué hacer en ese tiempo en el que se nos empuja a gozar  “con todo”. 
    Es cierto que la representación que comúnmente tenemos de las vacaciones es la de un tiempo de descanso del trabajo para disfrutar del ocio y del tiempo libre.

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    Sin embargo la eventualidad de viajar, de elegir un destino, de decidir con quien se va,  de organizar en definitiva las vacaciones, suelen ser ya estresante. 
    Y decidida  la empresa, muchas veces recuperamos con ellas las energías para afrontar otro año de trabajo, en el mejor de los casos, y nos queda el recuerdo de un cúmulo de experiencias vividas con nuestra familia y seres queridos, trasuntadas en fotos, compras y regalos.

    Pero no son pocas las ocasiones en las que las vacaciones constituyen el momento preciso en que se desatan crisis matrimoniales, familiares, entre amigos, o con aquellos otros con quienes las transitamos.

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    Lejos de ser una ocurrencia subjetiva, esta idea ha sido ya analizada por Enrique Pichón Riviere (Ana Quiroga “Crítica de la vida cotidiana”), psicoanalista y Psicólogo social, quien ha analizado  este fenómeno dentro de su teoría de la indagación de la vida cotidiana.

    En ese contexto afirma que sobre el área del tiempo libre, en este caso las vacaciones, suele generarse las expectativas de gratificación que- dentro del año-no sucedieron en las otras áreas de la cotidianeidad, es decir, el trabajo y la familia. 
    Se crea la expectativa de que en las vacaciones compensemos con el goce y el placer, las frustraciones surgidas del trabajo alienado, de las angustias, amarguras y tensiones producto de actividades  rutinarias y no creativas, de sueldos que no alcanzan, de reconocimientos ausentes y Jefes autoritarios. Las vacaciones pueden abrirse entonces como una experiencia de tedio y vacío que intentamos llenar con objetos de todo tipo, “All inclusive”, incluido más de una vez como oferta en los grandes hoteles, para que no queden dudas de que de lo que se trata es de tapar todo vacío con el consumo que se pretende felicidad.

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    Como en la depre de los domingos, tributaria de la frustración de las expectativas del fin de semana, después de cinco días de hastío y cansancio, las vacaciones corren el riesgo de  convertirse en un largo domingo.

    El segundo componente que cita el Psicólogo es la convivencia.

    Así como la expectativa frustrada de goce puede desplazarse al ámbito de la convivencia, el alargamiento de esta misma y la falta de ejercicio de compartir tantas horas, práctica desacostumbrada, da más lugar a los roces, las disputas, los conflictos, sucedidos por estados de ánimo exasperados o tristes. 
    Creo que es muy importante tener en cuenta estos aspectos para reflexionar sobre las vacaciones como un espacio para conectarnos más con afectos que con objetos e intentar lograr el descanso en un ámbito de encuentro personal y familiar.

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    En este momento tan particular que vivimos, la mayoría de los argentinos no pueden vacacionar. Si nos dejamos guiar por los medios de comunicación todo el país está en estos momentos deleitándose con las playas brasileñas. Esos destinos minados de argentinos, contrastado con el vacío de los lugares turísticos de nuestro país, son ya un síntoma del ajuste económico brutal que han sufrido los trabajadores y de una economía de la plata dulce que ya hemos padecido hasta el cansancio.

    Aquí la mayoría no puede irse de vacaciones sino que no llega a fin de mes, sobre todo aquellos que están perdiendo el trabajo y los más vulnerables, como los jubilados.

    Para quienes nos toca quedarnos, recuperamos, con una mirada de turista, las bellezas incalculables de nuestra ciudad y disfrutamos de ellas, aunque muchas de ellas, que las vacaciones de la niñez nos traen como recuerdo de aguas cristalinas, hermosos bañados como Los sauces, Cambá Paso, el puente Alvear incluso, hayan padecido la sucia herida de la mano del hombre.

     

     

     

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    AUTOR
    Sergio Brodsky
    Sergio Brodsky
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