La universidad pública: Barbarie en Argentina
No ha habido gobiernos autoritarios o directamente dictatoriales que no hayan perseguido, atacado y destruido la Universidad Argentina.
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Es que autoritarismo y pensamiento, tiranía y libertad se oponen directamente y la Universidad argentina, libre, gratuita y de calidad está atada, inexorablemente, al destino de la Patria. Escribo estas líneas el jueves por la mañana que se publican hoy sábado, cuando ya habrá sido la quinta marcha universitaria, para obtener para el país- como dijo Deodoro Roca en el manifiesto liminar de la reforma universitaria de 1918- una vergüenza menos y una libertad más. Porque da pudor e indignación que la motivación de la manifestación sea el incumplimiento del Presidente de la Nación de la ley de presupuesto universitario, sancionado por el Congreso hace demasiados meses y ratificada por la Corte suprema de la nación. El Poder ejecutivo, el Presidente de la República incumple con la Ley, caprichosamente, consagra la impunidad en la Argentina, desafía la división de poderes, deja en jaque la República y pareciera que no sucediera nada, salvo la marcha, ese espíritu de lucha por el saber, el conocimiento y la libertad que emprende la comunidad educativa y la sociedad en general que acompaña transversalmente la protesta. Es grave que el Presidente no cumpla con la ley, ¿de qué modo, en un estado democrático puede obligarse con justicia el acatamiento de las leyes a cualquier ciudadano si no lo hace quien debiera ser ejemplo? Los aliados al gobierno nacional, en nuestro caso los gobiernos provincial y municipal hacen mutis por el foro. Tampoco es gratuita una política que finja que las cosas no suceden, las cosas graves como estas, no todo puede ser reducido por la virtualidad, porque están las calles, están los estudiantes, los docentes y la comunidad en general que por quinta vez se expresará, de carne y hueso por la existencia de la columna vertebral de un país que es la universidad, para tener un rumbo, para no estar a la deriva de la degradación total. Es larga y heroica, difícil y llena de adversidades esta historia. Recién en 1918 pudo abrirse a las clases medias con aspiraciones de ascenso social la universidad, hasta entonces aristocrática, elitista y cerrada. Las mujeres eran excluidas y lo consta el examen con el que Cecilia Grierson se recibió de médica en la década del 80, cuando el Profesor que tomó su examen se sintió obligado a escribir que había examinado a un ser inferior. En 1918 la reforma universitaria consagra el co-gobierno, la libertad de cátedra y la autonomía universitaria, que quedan suspendidas obviamente con el primer golpe de estado de José Félix Uriburu, Von pepe. Con Perón, en 1948 se establece la gratuidad de los estudios universitarios y los hijos de los obreros pueden estudiar con igual derecho que cualquiera. La etapa más frondosa, tal vez de la Universidad argentina, se da con el Gobierno del Dr. Arturo Ilia, que redoble el presupuesto, fabrica medicamentos, intercambia con todas las universidades del mundo, crea un canal de tv. Universitario, educativo y la primera computadora, clementina. Lamentablemente el sueño dura poco y es interrumpido por la brutalidad del gobierno golpista de Onganía que produce uno de los hechos más ignominioso de la historia, conocido como la “Noche de los bastones largos”, en la que la Policía Federal ingresa ilegalmente a las facultades para golpear, literalmente, en la cabeza, a estudiantes y docentes que se habían levantado en protesta. Así titula, como lo hice yo en estas notas, el New York Times al referirse al episodio: “Barbarie en Argentina”, no otra cosa había sucedido. Ese hecho suscitó la fuga de cerebros, por la que la mayoría de los científicos argentinos emigraron a Estados Unidos, muchos de ellos para trabajar en la NASA, cuando aquí habían sido perseguidos por comunistas, en el contexto de la guerra fría. A brutos no les ganó nadie el gobierno de Onganía, o tal vez sí, se trata de una difícil competencia. En el 73 floreció nuevamente la universidad popular que también se marchitó muy pronto cuando en el 76 el gobierno genocida que reivindica el actual, produce un ataque a la cultura más destructivo que todos los anteriores juntos. Persigue, tortura, secuestra y desaparece a miles de estudiantes, censura el pensamiento, cierra universidades y quema libros, un millón de libros del centro editor de América latina. La democracia recupera, con Alfonsín el espíritu universitario, saca el examen de ingreso y pone el CBC. Los 90 son una regresión en la vida universitaria que vuelve a tomar impulso nuevamente a partir de 2003, pero como queda dicho, no hay gobierno autoritario que no la ataque, Macri volvió a denigrar la universidad diciendo que quienes estudiaban en la pública habían tenido el infortunio de caer en la misma.
Ahora otra vez, un gobierno autoritario que como tantos en la historia argentina habla en nombre de la libertad, pone en jaque a la universidad pública, gratuita y de calidad. No podrá, causará daño, por supuesto pero la energía de vida, el deseo, la voluntad y la lucha volverán a levantar nuestra universidad, aquella que necesitamos más que nunca, para ofrecerles futuro y proyectos a los chicos, para que la vida, en un momento en el que la desesperación y la frustración envuelve a tantos gurises, vuelva a ganar, vuelva a cobrar sentido, y para ello, la universidad es un espacio imprescindible, es, sin lugar a dudas, la Patria misma.

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