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    La universidad no se apaga o el pueblo que no quería ser ruin

    Es probable que a una persona que robe comida por hambre le caiga el peso de la ley, e incluso vaya preso. O que si cualquiera de nosotros deja de pagar un servicio sufra el corte riguroso, implacable e inmediato del mismo.

    18 de abril de 2026 - 09:30
    La universidad no se apaga o el pueblo que no quería ser ruin
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    Sin embargo el gobierno nacional incumple impunemente las leyes, de emergencia en discapacidad o de presupuesto universitario, por ejemplo, y la justicia no le llega o lo hace a un tiempo que no interrumpe el grave daño de los afectados. Es el caso de las Universidades nacionales que están sufriendo una  asfixia financiera que ahoga su funcionamiento, un ajuste y licuación brutal de los salarios docentes y no docentes, un desfinanciamiento terminal  de becas para ciencia y tecnología que ha producido un vaciamiento masivo de valiosos docentes formados por la misma Universidad entre otras críticas consecuencias. En ese marco el miércoles pasado todas las Universidades nacionales, a propuesta del CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) realizaron una campaña de 24 horas que denominaron “La Universidad no se apaga”, con la finalidad de visibilizar la delicada situación que padecen  por la decidida política de destrucción de las universidades y de la educación pública que está aplicando el gobierno del Presidente Milei y sus aliados. Es un golpe durísimo asestado a una Universidad que está en el corazón de la identidad y la historia argentina. A un símbolo que no solo representa un  orgullo del pueblo, sino sus posibilidades concretas de un futuro, de un proyecto colectivo de Patria. Las universidades eran lugares donde, desde los albores de la colonia,  podían estudiar aristócratas o “gente decente”,  hasta mil novecientos dieciocho. Obviamente que tampoco podían estudiar las mujeres. Un caso emblemático y excepcional  fue el de Cecilia Grierson que fue la primera mujer que se graduó en Medicina en Argentina y en Sudamérica, en el año mil ochocientos ochenta y nueve. No se privó el Profesor que le tomó el primer examen de hacer constar en el acta que estaba evaluando a un ser inferior. El panorama comienza a cambiar, como decíamos, con la reforma del 18 que expresó los sueños de progreso de una clase media representada por el gobierno de Irigoyen y fuertemente influida por las Revoluciones rusa y mexicana. Fue un movimiento democratizador que incluyó la autonomía, el cogobierno universitario, la libertad de cátedra, etc. que permitió contar en el país, como dijo uno de sus líderes-Teodoro Roca-  una vergüenza menos y una libertad más.  La reforma retrocede lógicamente durante el golpe del 30 y la década infame y vuelve a imperar cuando retorna la democracia en el 46. El gobierno peronista incorpora un derecho decisivo: la gratuidad. La universidad se abre a los sueños de los obreros, sus trabajadores y sus hijos. Justicia y dignidad se reúnen en un mismo acto de Patria soberana. La educación en todos los niveles se transforma en un derecho universal que vuelve a ponerse entre paréntesis con el nuevo golpe militar del 55. En el gobierno de Illia la Universidad vuelve a florecer con Clementina, la primera computadora científica de Sudamérica, un canal de televisión universitario, producción de medicamentos etc. etc. En medio del júbilo vuelve la noche con otro golpe a la democracia. El bruto de Onganía manda a reprimir una manifestación de toma universitaria realizada por la comunidad educativa y envía, en una violación flagrante de la ley, a la policía federal a reprimirlos salvajemente. Los palos se descargan preferentemente sobre las cabezas de los docentes un veintinueve de julio del 66, en la triste noche de los bastones largos. En la primavera del 73 vuelven las universidades populares y  el drama vuelve a caer, como un destino trágico,  en el 76 con el secuestro, tortura y desaparición de miles de estudiantes y docentes represión y censura del saber y la cultura, quema de libros,  por responsabilidad de los genocidas. En el  83 renacen una vez más las aspiraciones a lograr un país que valorice la universidad y se producen inscripciones masivas a las facultades. Alfonsín crea el CBC. Los gobiernos de derecha, llamados con el eufemismo de “neoliberales” en los noventa con el caudillo riojano, luego De la rúa y Macri en el dos mil dieciséis fueron despreciativos de la Educación superior  y lo  plasmaron en sus políticas concretas. Macri llegó a referirse a los estudiantes como aquellos que “caían en la universidad pública”, desconociendo, en su ignorancia supina, que la universidad argentina ha sido mundialmente reconocida por su calidad, tanto que cinco premios nóveles surgieron de las casas de altos estudios nacionales.  Hoy nos encontramos nuevamente con un panorama espantoso. Hay fuga de cerebros, se van los docentes mejor formados, los científicos. Profesores y alumnos no pueden desempeñar normalmente las clases porque la angustia económica y moral les impide pensar con claridad. Los no docentes no cuentan con lo mínimo para su tarea. Los sueños de un futuro se ahogan en los jóvenes en el hambre y la desesperación. La falta de horizonte de nuestros adolescentes  se juega en la ruleta virtual, la imposibilidad de elaborar un proyecto de vida se traduce en muchos casos en los malestares sociales de la cultura actual, en las drogas, en las autolesiones y las conductas autodestructivas. Expresan la implosión de la violencia padecida, la ausencia del mañana y de los sueños. “la universidad no se apaga” es una apuesta y una invitación a despertar, es la sociedad, todos nosotros los que debemos encendernos en la pasión y el deseo por la vida, por la nuestra y la de nuestros hijos, para que renazca este país, esta Patria que tanto amamos. Para lograrlo tenemos que involucrarnos y canalizar el ímpetu de justicia en la necesaria resistencia y transformación de esta realidad que nos oprime. Comparto con ustedes, queridos lectores, una poesía que escribí al calor de esta jornada, “la universidad no se apaga”, tan angustiante como esperanzadora.

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    LA LLAMA ENCENDIDA
    Era una casa prohibida para la plebe
    Iba una elite, gente decente
    Clerical, reaccionaria, patriarcal, machista
    Que tachó de inferior, por ser mujer, a Cecilia
    Fue así hasta el grito del dieciocho
    de la clase media que paría doctores
    que rompió cadenas con la oligarquía
    del saber de nobles, oculto a los pobres
    que le dio a la Patria una libertad más plena
    y una vergüenza menos
    que sufrió, como una bailarina endeble
    los vientos sinuosos de la historia
    el oscurantismo, los golpes, los bastones
    Mas también los anhelos de la universidad obrera
    que dio cauce al fin a una justicia nueva
    que vivió admirada su época dorada
    con Clementina y la ciencia encendida
    que miró otra vez pavorosa los palos
    que se descargaban
    sobre cultas cabezas, pájaros de sueños
    que vio desgarrada las cenizas de libros
    el saber y el deseo, amordazados
    Secuestrados, desaparecidos
    Imaginación creadora y quimeras de fuego
    Los caballos de la muerte, hoy cargan de nuevo
    Los brutos, los bárbaros, atacando en su vuelo
    La universidad que resiste encendiendo las llamas
    Lucha apasionada, universidad que clama
    Que sigue encendida, ardiente, apasionada
    Que digna se yergue, resiste y no se apaga
    La esperanza que  no se apaga, la fe, los libros
    Los claustros, las cátedras, las ansias
    No se apagan
    La universidad que pelea y no se apaga
    El futuro y la vida, no se apagan
    La llama  eterna del deseo, la verdad  y el sueño, no se apaga.
    Sergio Brodsky

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