Hermann Broch y su literatura como una forma de conciencia
Entre páginas y pantallas
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Aunque no deba considerarse como la inspiración más favorecida, el atravesar situaciones angustiantes y conflictivas, han generado a partir de esa experiencia, grandes creaciones artísticas. El transitar reclusiones, cárceles, dramas familiares y sociales posibilitaron obras interesantes y valiosas.

Cuando en marzo de 1938, Alemania anexa a Austria, Hermann Broch fue arrestado por la Gestapo y confinado a las cárceles nazis. Se presume que fue denunciado por el cartero que le llevaba la correspondencia imputándolo de comunista, aunque su origen judío le añadió evidencia a su encarcelación.
Su detención fue por cinco semanas gracias a la gestión desplegada por varios de sus amigos, el mecenas inglés y figura clave del modernismo Stephen Hudson, el poeta escocés Edwin Muir y, fundamentalmente, el autor del “Ulises”, el irlandés James Joyce. Una vez liberado, Broch angustiado por el temor a ser encarcelado nuevamente en cualquier momento, se exilió inicialmente en Inglaterra y Escocia, dirigiéndose luego a Estados Unidos en el año 1940.
Broch afirmó que en la cárcel pensar que estaba condenado a muerte le impedía escribir. No obstante, esa dolorosa situación le permitió reflexionar sobre los valores éticos y morales que volcó luego en su obra más valorada, “La muerte de Virgilio”, publicada en 1945.
Crítico del nazismo y de la insensatez de las guerras, al momento de recibir el visado norteamericano, decía: “Sé (…) que con papel y tinta no se pueden detener ni tanques ni escuadras de asalto. Con todo, sé igualmente que en el alma del hombre anida tanto el bien como el mal. Extrañamente el uno al lado del otro, de la forma más estrecha (…) Creo qué en una época de disolución general de los valores, el artista está doble y triplemente obligado a abrir nuevas formas de conocimiento, luchando por encontrar una nueva expresión artística y lingüística”.
A propósito de ello, Herman Broch había nacido en Viena, el 1 de noviembre de 1886, miembro de una familia judía dueña de una empresa textil, cercana a la aristocracia austríaca que durante la Primera Guerra Mundial tuvo una crisis debiendo vender las fábricas. Según afirman los críticos, Broch fue un escritor que, junto a Kafka y Joyce, renovó profundamente la literatura moderna.
Tras abandonar el negocio familiar, por las razones expuestas, estudió matemáticas, filosofía, psicología y sociología, disciplinas que le permitieron tratar el tema que le interesaba más que ningún otro: la psicología de las masas. Broch escribió varias obras, destacándose como novelista, dramaturgo, ensayista y filósofo.
“Broch forma parte de un grupo de escritores de lengua alemana que ve a su alrededor las inexorables señales del resquebrajamiento del imperio austríaco y de su inquietante transformación en la pesadilla nazi. Como Thomas Mann y Musil ha sido, al mismo tiempo, intérprete de su tiempo y experimentador con una forma moderna de la novela psicológica. Lo que le interesa a Broch es el hombre en posición frente al mundo en que vive, y en Virgilio encuentra el sujeto ideal para representar el fin de una época y, a la vez, la convicción de que la literatura debe ser realmente una forma de conciencia”, dice la docente y escritora Alessia Tagliaventi.
Su primera obra conocida fue la trilogía “Los sonámbulos” (1931-1933) donde aborda con cierta mordacidad, las transformaciones morales, sociales, estéticas e históricas que a partir de posiciones materialistas se produjeron entre fines del siglo XIX y comienzos del XX en Europa, en particular desde la creación del imperio alemán (1888) hasta el final de la Primera Guerra Mundial (1918). La tercera parte, Huguenau o el realismo, es considerada como una de las obras fundadoras de la novela moderna.
La obra maestra de Broch es “La muerte de Virgilio”. A partir de conjeturar las últimas 18 horas de vida del autor de “La Eneida”, reflexiona sobre los valores éticos y morales del presente de su época y del pasado. “Es un libro sobre la muerte”, aclara Broch. Es un poema en prosa y realiza un análisis estético, medita sobre las relaciones de la literatura con la sociedad. El autor ubica a Virgilio, enfermo y atormentado, envuelto entre la conciencia, la inconciencia y el delirio, dispuesto a quemar el poema épico que lo ha consagrado. El protagonista dialoga con el emperador Augusto, quien intenta impedir perder esa obra. En función de ello, se reflexiona sobre el sentido del arte, la verdad y la trascendencia. Es una recreación histórica con una visión filosófica.
Los poemas de Broch son de una profundidad supina, y su concepción de la poesía, es como le hace decir a Virgilio, “la más extraña de todas las actividades humanas, la única que sirve para el conocimiento de la muerte”.
Un año después de la aparición en alemán de “La muerte de Virgilio” en Europa, en 1946, la editorial argentina Peuser publicó la primera traducción en español, cuando Buenos Aires era el faro de la literatura y de la industria del libro, una época notable que hoy se extraña.
Herman Broch falleció en New Haven, Connecticut el 30 de mayo de 1951, dejando “El maleficio”, obra póstuma publicada por su hijo. Es una novela sobre el origen del nazismo en un pequeño país centroeuropeo, en un tiempo específico (un año) protagonizada por un médico. El crítico literario francés George Steiner ha afirmado que “El maleficio” es una de las novelas más importantes del siglo XX. “Se trata de develar las raíces del nazismo a través de la forma poética de la literatura”.
El valor de la obra de Broch ha sido reconocida por sus pares contemporáneos. Entre ellos, Elías Canetti, el escritor y biógrafo Stephan Zweig, el filósofo alemán Günther Anders y la filósofa y escritora alemana Hannah Arendt. Se lo ha considerado junto a Proust, Joyce, Kafka y Musil como un autor central de la primera mitad del siglo XX.

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