Enrique Amorin. Un comunista en el campo uruguayo
Entre páginas y pantallas
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En el siglo XX numerosos artistas asumieron un compromiso con ideas políticas. En muchos de esos casos, hicieron explícitas sus opciones e incluso militaron activamente poniendo, literalmente, el cuerpo.
Martin Heidegger en 1927 publicó en “Ser y tiempo” respecto a las diferencias entre ente y ser y el ser humano interactuando con las cosas y con los demás en el mundo y cuya existencia se encamina hacia su fin, estableciendo un criterio filosófico ontológico, en cierta medida, inédito.
Años después se afilió al partido nazi, arengando en la Universidad a los jóvenes a luchar por Alemania y vincular la cultura alemana con el origen del pensamiento occidental. Permaneció afiliado al partido hasta la muerte de Hitler y la hecatombe de Berlín con el ingreso de los aliados y los soviéticos.
Sin embargo, la mayoría de los intelectuales optaron por ideas vinculadas con el socialismo. Antonio Gramsci, participando en el partido Comunista italiano; la alemana Hannah Arendt y los franceses Michel Foucault, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre asumiendo ideas de izquierda.
Ernest Hemingway y en mayor medida George Orwell tuvieron una participación activa en la República Española en el marco de la guerra civil. En la primera mitad del siglo XX Federico García Lorca, Pablo Neruda y otros escritores se vincularon con el compromiso socialista.
Enrique Amorim nació con el siglo XX en Salto, Uruguay el 25 de julio de 1900. Pertenecía a una familia de ganaderos. Su padre, de quien heredó el nombre, era de ascendencia portuguesa. Su apellido (derivado de Amor) se vincula con la ciudad de Amorín en la región del balneario Póvoa de Varzim al norte de la ciudad de Oporto, Portugal. Su madre, Candelaria Areta, de origen vasco, era benefactora de obras sociales, apoyaba a artistas, amaba la literatura y escribía, con seudónimo, en diarios montevideanos.
Amorim fue un escritor, dramaturgo, ensayista, poeta y guionista cinematográfico. Cuando había alcanzado cierta repercusión con sus novelas, en la década del ´40 se afilió al Partido Comunista. Compartió ideas con Pablo Neruda, el brasileño Luis Carlos Prestes y el dirigente argentino Héctor Agosti. Se mantuvo fiel a su compromiso político realizando reuniones en su chalet “Las Nubes” en Salto. La construcción del chalet había sido inspirada en la obra del arquitecto suizo Robert Mallet-Stevens (En 1973 fue declarado Monumento Histórico Nacional y hoy es un centro cultural y museo ya que en 2011 el estado uruguayo lo adquirió). En alguna ocasión, en “Las Nubes”, en el año 1948, habrían estado Neruda y Prestes entre otros dirigentes para establecer la estrategia del Partido frente a la represión que sufrían por parte de los gobiernos sudamericanos y para la preparación de una Internacional Comunista. Se llevó a cabo un allanamiento policial que terminó siendo infructuoso. Los dirigentes no fueron encontrados en ese lugar.
Independientemente de su actuación política, Enrique Amorim tuvo una especial importancia en las letras uruguayas y una vida sumamente interesante.
Amorim realizó sus estudios primarios y parte de los secundarios en Salto. De sus vacaciones en las estancias paternas El Eucalipto, cerca del pueblo San Antonio a 20 kms. al norte de Salto, La Chiquita al borde del arroyo Tangarupá a 80 kms. al norte de Salto y El Paraíso, forjaron su idea de la vida rural que materializó en varias de sus obras.
Ya instalado en Buenos Aires se vinculó con Roberto Giusti, Baldomero Fernández Moreno y con, el también salteño, Horacio Quiroga y comenzó a publicar en periódicos, en “Diario de Salto” y en la primera etapa de la prestigiosa Caras y Caretas. Se integra al grupo literario Boedo. En 1920 ya publica su primer libro de poemas “Veinte años”. Tres años después su primer libro de cuentos cuyo título es su apellido. En 1923 publica la novela “Las Quitanderas”. Dos años después se conoce “Tangarupá”, libro de cuentos homenajeando al arroyo de su infancia y el segundo libro de poesía “Un sobre con versos”. Le sigue en 1926, “Horizontes y bocacalles”
Su trayectoria continuó luego con novelas como “El paisano Aguilar” (1934) sobre la dicotomía campo-ciudad y la búsqueda de identidad y de raíz, y con libros de relatos de sus nueve viajes a Europa. Por otra parte, en un material fílmico, “Galería de escritores y artistas”, de 16 mm. dejó registro de varias personalidades, entre ellas, Walt Disney, Ernesto Sábato, Horacio Quiroga y su mujer, Rafael Alberti, Nicolás Guillén, Atahualpa Yupanqui, Pablo Picasso, Pio Baroja, León Felipe, Cándido Portinari y de Federico García Lorca, a quién había conocido en Europa y con quién tuvo una particular relación.
En el artículo ya publicado por este medio, “Federico García Lorca en Salto, Uruguay”, se hizo referencia a lo que el escritor peruano Santiago Roncagliolo alude en cuanto a la relación amistosa y/o amorosa que en vida habrían tenido Amorim y García Lorca. Y el supuesto robo de los restos del vate español por parte de Amorim y la guarda de los mismos en una misteriosa caja blanca detrás del primer monumento que se haya construido en homenaje a García Lorca (obra del arquitecto e intendente salteño, Armando Barbieri) inaugurado a instancias de Amorim, con la participación de miembros de la Comedia Nacional del Uruguay (entre los que habría estado China Zorrilla) y la actriz española Margarita Xirgu el 6 de Diciembre de 1953 y que se encuentra en la Costanera Sur de Salto, cerca donde también están los monumentos a Horacio Quiroga y a Víctor Lima.
Entre otras historias que suman al posible anecdotario de Amorim (aunque no necesariamente todas comprobadas) se cuenta una reunión en la que se habría hecho pasar por Jean-Paul Sartre y de la que participaron en Paris, Picasso y Chaplin.
Fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores y realizó películas en 16 milímetros. Amorín también escribió los guiones de varias películas argentinas. Entre ellas, “Kilómetro 111” (1938) y “El viejo doctor” (1939), “Cita en la frontera” (1940), “Yo quiero morir contigo” (1941), “Cuando la primavera se equivoca” (1944), todas de Mario Soffici. Fue, también un entusiasta de los cines clubes. Y además de “Galería de escritores” realizó varios documentales y tres películas argumentales: “Pretexto” (1952), “21 días” (1953) y “Rostro recuperado” (1954).
No obstante, su principal obra fue “La carreta (novela de quitanderas y vagabundos)” (1929), libro emblemático de la literatura uruguaya. Aborda la vida itinerante de un grupo de prostitutas que viajaban de pueblo en pueblo por el noroeste uruguayo y estacionaban la carreta en la cual viajaban a la vera de algún arroyo cercano a los cascos de las estancias, donde los fines de semana atendían a los peones rurales.
“Mis personajes nunca sirvieron para causar placer; muchos veían en el campo nada más que la faz amable, la visión superficial, mientras que la vida ruda de las llanuras y cuchillas, tenía sus muertos en vida y sus fracasos como acusadores fantasmas (…) En realidad hice bajar del tablado al gaucho dicharachero. (…) Si alguien conoce otra novela con tanta llaga y dolor campesino, materiales magistralmente amasados por Gorki, puede señalármelo”, ha escrito Amorin respecto a “La carreta”.
Jorge Luis Borges, de quién Amorim se consideraba amigo, afirma en el prólogo de la novela que Amorim “no escribe al servicio de un mito (…) le interesa, como a todo auténtico novelista, las personas, los hechos y sus motivos”. Y agrega “la novela nos envuelve en el hálito áspero de esa tierra de gauchos contrabandistas, de callejones donde el viento se cansa, de altas carretas que traen un cansancio de leguas. Tierra de estancias que están solas como un barco en el mar y donde la incesante soledad aprieta a los hombres”. Y respecto a su autor, dice “de los novelistas cuyo tema es el campo, ninguno tan verídico y tan intenso como Enrique Amorim”. En otro orden de cosas, Amorim estaba casado con Esther Haedo, prima de Borges.
En 1996, la UNESCO seleccionó a “La Carreta” como uno de los libros clásicos de la literatura latinoamericana, editándolo en París para su distribución y difusión mundial.
Enrique Amorim falleció en Salto el 28 de julio de 1960. Nunca renunció a sus valores morales, políticos y sociales. Fue valorado en el ámbito literario. “Feria de farsantes”, su novela publicada en 1952 obtuvo el Primer Premio Nacional de Novela del Uruguay. Su reputación de notable cuentista y novelista permanece. Se lo recuerda, por abordar lo telúrico, la importancia de lo rural, y en particular del hombre de ese ámbito con un fuerte contenido autóctono vislumbrado en sus giros y términos literarios, al esbozar una crítica social, la libertad del individuo, la consideración de lo injusto de algunos prejuicios, y la transformación que se comenzaba a dar en el entorno rural.

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