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    El humor en tiempos de barbarie

    El del reo que conducido a la horca un lunes temprano exclama: “¡linda manera de empezar la semana!”, es el ejemplo que utiliza Freud para analizar lo cómico en un texto que titula, precisamente, “El humor” en el año 1927. El placer humorístico reside en el ahorro del despliegue afectivo.

    31 de enero de 2026 - 09:30
    El humor en tiempos de barbarie
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    El humorista anticipa en el oyente una situación que, de lo contrario, producirá la manifestación de amargos sentimientos: enojo, lamentos, dolor, susto, terror, aún desesperación y en su lugar hace un chiste. “En el oyente surge así del despliegue afectivo ahorrado, el placer humorístico” (1). En lugar de amargarse, ríe. Además, piensa. El humor, en su trama, en su condensación, revela una verdad. “Extraño la época en la que Estados Unidos daba golpes de Estado, pero lo negaba porque le daba vergüenza”, es el chiste gráfico de la tapa del Página 12 del 4 de enero, un día después del bombardeo a Venezuela. Es una amarga ironía que ahorra, en su extraordinaria síntesis, la lectura de largas editoriales de política internacional. El mismo  desembozado apetito imperial que  parodia Carlitos Chaplin en “El gran Dictador” donde Hitler juega con un gran globo terráqueo como con una pelota que le perteneciera, o pone a prueba, en una escena patética en la que se reúne con Mussolini, estrategias psicológicas de predominio, que solo descubre la inmoralidad y la estupidez de los que manejan el mundo. Es desconcertante que, esas escenas, produzcan hilaridad. En el humor, explica Freud, “El yo rehúsa dejarse ofender y precipitar al sufrimiento, se empecina en que no pueden afectarlo los traumas del mundo exterior; más aún, demuestran que solo le representan motivos de placer… el humor no es resignado, sino rebelde; no solo significa el triunfo del yo, sino el del principio del placer, que en el humor triunfa sobre las circunstancias reales”. Si ben el humor es un método para rehuir del sufrimiento, cuya serie va desde la neurosis a la locura, la huida de la opresión de la realidad del humor no es una negación de la misma, sino una transformación sublimada, creativa, que permite procesarla, comprenderla, y eventualmente modificarla. El humor es una necesidad social en tiempos de barbarie, para digerir la realidad y cambiarla. Así aparecen en la actualidad viejas y nuevas humoradas sobre la “Reforma laboral”, aquella salvaje ley   que pretende hundir a los trabajadores en la esclavitud, eliminando los derechos largamente conquistados. Porque que esta aspiración del Capital no es nueva, tal como la refrescan los videos del genial Tato Bores.  “La solución que el gobierno les ofrece-decía en los 90 con su genial verborragia- es la ley de reforma laboral para bajar el costo argentino…Verso! , la reforma es para aumentar la ganancia del argentino piola, el costo argentino es que todo el mundo se quiere hacer rico sin arriesgar nada y jodiendo al prójimo gritaba uno…lo que pretenden con la reforma, chilló un delegado, es tener semanas de diez días hábiles, y si fuera posible días de 32 horas de trabajo  y si te rajan que  le beses la mano al trompa y le digas gracias Amo!”.  En la década de los 90, que concluye con la conocida ley banelco, porque- permítanme un chiste- era tan buena la ley de reforma laboral que había que pagarle millones a los legisladores para que la voten, brilló en la pantalla Rogelio Roldán, personificación del humorista Alberto Olmedo de un empleado absolutamente sometido al vasallaje de un patrón que usaba un acotado bigotito y que expresaba, desde la risa, una época. Un tiempo de defección a los trabajadores de un gobierno que decía representarlos, y que aplicó, contra ellos una política que eufemísticamente se denominó de “flexibilización laboral”. El del jefe de Rogelio Roldán, es el mismo bigote sugestivo que porta Miky Vainilla, el personaje fascista del genial Capusotto. El reaccionario personaje propone un programa de ejercicios de meditación y respiración para sobrellevar las secuelas subjetivas de la explotación laboral y el desempleo. En el sketch cuenta a su razonable interlocutor, que ante la pérdida del empleo o la esclavitud laboral sugiere la creación de un programa de respiración oriental, “respiramos hondo y decimos: “Nos rompieron el culo, aceptemos porque al universo conviene, ommm”. Esa parodia corrosiva y cruda de personajes crueles que abundan en tiempos de barbarie, deja traslucir además de la insensibilidad de la época, la aparición, como soluciones posibles,  de seudorespuestas adaptativas como la meditación individual, técnicas de respiración, educación emocional etc. para sobrellevar la devastación subjetiva y la angustia social, técnicas que desalientan una adaptación activa a la realidad, concepto con el cual Pichón Riviere definía la salud mental, una adaptación que implica una transformación de la realidad y de sí mismo, en un mutuo movimiento dialéctico, de una realidad que siempre es colectiva y contextual y de un sujeto que siempre es, lo dijo Pichón y lo dijo Freud, eminentemente social. La escena de Miky Vainilla, reflejan las tendencias pasivizantes de la alienación, que niega el conflicto-lucha de intereses en una sociedad de clases - al oscurecerlo y asumirlo como propio, como un fracaso personal y que por lo tanto debe resolverlo individualmente. El poder pretende una adaptación pasiva a las condiciones inhumanas de trabajo y de vida, la aceptación como una verdad natural del Orden injusto impuesto, que requiere como condición, el vaciamiento de la inteligencia, la insensibilidad y el pensamiento crítico, es decir, la más brutal enajenación del trabajador.  La adaptación activa requiere pensar, sentir, unirse, actuar, luchar, para transformar la realidad y recuperar la dignidad, como lo hacen los jubilados, las personas con discapacidad y sus familiares, como lo hacen los docentes y los trabajadores, como lo hicieron, enseñando el camino, las Madres y Abuelas de plaza de Mayo. Para eso se necesita mucho coraje, de mucho amor, y también, de mucho humor.
    Freud, Sigmund: “El Humor” Editorial Biblioteca nueva. 
     

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    Sergio Brodsky
    Sergio Brodsky
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