El desafío es recuperar la alegría
“Nada nos deja más en soledad que la alegría si se va” dice el genial Fito Páez en su tema de Piluso.
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La soledad, el encierro y la tristeza son estrategias del Poder para desarticular la reacción transformadora de los individuos y de la comunidad, que solo es posible con la potencia de las pasiones alegres, de los cuerpos en movimiento y en armonía, que expresen su voluntad y su deseo de cambio, del conocimiento de las causas de sus afecciones y del sentido de la acción, como lo ha desarrollado Spinoza.
La depresión en la intimidad, la angustia económica, el endeudamiento oculto, vergonzoso, para sobrevivir, los sobre empleos, la exigencia del cuerpo hasta el agotamiento y la desesperación, hasta el reviente, literal, el adormecimiento de la sensibilidad, la muerte auto- infringida, son las secuelas de esa estrategia de búsqueda de aniquilamiento, de desarticulación personal y social, de parálisis, a través del predominio de las pasiones tristes que engendra, dice también el Filósofo. “El impacto emocional del gobierno de Milei, muchas veces se tramita a nivel íntimo. Una sociedad más medicada, más endeudada y con esperanzas muy bajas. Depresión, impotencia e indiferencia son los sentimientos preponderantes”, dice Hugo Vanolli de la consultora “Sentimientos públicos” (en una nota de Leandro Renau Página 12). Baruch Spinoza dice que las pasiones tristes (como el odio, la envidia, la tristeza) disminuyen nuestra potencia de obrar y nuestra libertad, mientras que las pasiones alegres (amor, gozo, expansión), la aumentan. Su ética busca transformar pasiones tristes en alegres, mediante el conocimiento racional de sus causas. En consonancia Gilles Deleuze afirma que “la tristeza, los afectos tristes, son todos los que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos. Los poderes tienen más necesidad de angustiarnos que de reprimirnos. No es fácil ser un hombre libre: huir de la peste, organizar encuentros, aumentar la capacidad de actuación, afectarse de alegría, multiplicar los afectos que expresan o desarrollan un máximo de afirmación. Convertir el cuerpo en una fuerza que no se reduzca al organismo, convertir el pensamiento en una fuerza que no se reduzca a la conciencia”. En nuestra experiencia colectiva, los grandes acontecimientos históricos de transformación y de logro se han dado con la potencia de la alegría, de la algarabía de las patas en la fuente, de la conquista de derechos, de la felicidad popular, de recuperación de la democracia después de una larga y oscura noche, siempre acompañados por esas manifestaciones multitudinarias en las que el corazón se nos sale del cuerpo y necesitamos bailar y saltar para expresar a ese cuerpo y ese alma, que para Spinoza eran una sola dimensión, esos logros de la Patria que incluyen grandes hechos artísticos, científicos o deportivos, con mayor hincapié en esos festejos extraordinarios de los mundiales de futbol. Por eso, con los aportes de estos pensadores europeos reflexionemos en clave nacional, latinoamericana, trayendo a Arturo Jauretche que siguiendo esta línea de pensamiento decía que “Nada grande se puede hacer con la tristeza. Desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a la moral patriótica, el tono está dado por el optimismo o el pesimismo. Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas…por eso venimos a combatir alegremente. Seguros de nuestro destino y sabiéndonos vencedores a corto o a largo plazo”. Estas reflexiones vienen porque el martes pasado, 12 de mayo participé, como la mayoría de los argentinos para quienes la Patria es la felicidad del otro, es decir, la búsqueda de la felicidad colectiva como proyecto y como destino, de la Marcha en defensa de la Universidad pública, por el incumplimiento de la ley de presupuesto para las Universidades de un gobierno sin ley, de un Poder Judicial cómplice, de una política de aniquilación de los jóvenes, los docentes, la comunidad. Y me embriagó la emoción, los cánticos, los movimientos, las banderas que flameaban danzarinas, los colores, la música, los encuentros, el encuentro y la identificación con el conjunto, la emoción y la sonrisa en los rostros, y la unidad de consignas y la igualdad de ideales, y los ideales de igualdad, y la vibración del himno, y las ganas de cantar y de saltar para transformar en euforia revolucionaria esa angustia que nos acecha, que nos paraliza, que nos mortifica, esa angustia y ese dolor por los miles de compatriotas sufrientes que ni siquiera pueden pensar en estar allí, que ni siquiera pueden pensar porque el tiempo los conmina a la inquietud , a la búsqueda desesperada de los alimentos, a la alienación más absoluta del que sufre el más absoluto de los desamparos. La Universidad pública es uno de los pilares de la Patria, sin ella no hay más futuro, ni personal ni colectivo y el desafío de seguir movilizándonos para cambiar la historia, para vencer la derrota que este gobierno cruel nos quiere imponer, con políticas de exterminio, supone la apuesta de sostener la resistencia y la alegría de los que aún no hemos caído en la más absoluta de las desesperanzas , aquellos que, como en la marcha en defensa de las Universidades de la Patria, tenemos el deber de defender la alegría.
Defensa de la alegría
(Poema de Mario Benedetti)
Defender la alegría como una trinchera
Defenderla del escándalo y la rutina
De la miseria y los miserables
De las ausencias transitorias
Y las definitivas
Defender la alegría como un principio
Defenderla del pasmo y las pesadillas
De los neutrales y de los neutrones
De las dulces infamias
Y los graves diagnósticos
Defender la alegría como una bandera
Defenderla del rayo y de la melancolía
De los ingenuos y de los canallas
De la retórica y de los paros cardiacos
De las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino
Defenderla del fuego y de los bomberos
De los suicidas y de los homicidas
De las vacaciones y del agobio
De la obligación de estar alegres
Defender la alegría como una certeza
Defenderla del óxido y la roña
De la famosa pátina del tiempo
Del relente y del oportunismo
De los proxenetas de la risa
Defender la alegría como un derecho
Defenderla de Dios y del invierno
De las mayúsculas y de la muerte
De los apellidos y las lástimas
Del azar y también de la alegría.

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