Las relaciones filiales establecen, muchas veces, condiciones que vinculan humores, amores y odios y tienden hacia el paroxismo a los sentimientos. En el decurso de la vida, los encuentros y distancias entre padres/madres e hijos/hijas es una constante que en situaciones extremas conforman esfuerzos admirables o tragedias dolorosas.
En “Cuando cae el otoño” del prolífico Francois Ozon, Michelle (Hélène Vincent -veterana actriz de teatro y cine, protagonizó “Gracias a Dios” (2018), extraordinaria película de Ozon) es una anciana de cerca de ochenta años que reside desde hace unos años en una casa de un pequeño pueblo, Donzy, cercano a Cosne-sur-Loire, provincia de Nièvre en la región de Borgoña, en el centro de Francia; plena campiña. Ha dejado su departamento de Paris a su hija, Valerie (Ludivine Saugnier) que vive con su esposo Laurent (Malek Zidi) y su hijo Lucas (Garlan Erlos).
Michelle cuida personalmente su huerta; recoge las hortalizas que están disponibles y junto a su amiga y vecina, Marie-Claude (Josiane Balasko, también veterana actriz, guionista y directora que también actuó en “Gracias a Dios”) recorren el bosque, juntando hongos (los “champignons”, contando con el conocimiento de Marie-Claude, especialista en distinguir los comestibles de los venenosos), compartiendo los colores, la atmósfera, el clima y el sosiego del otoño.
En el Día de todos los Santos, Michelle espera la llegada de su hija y su nieto, por el que tiene un cariño particular, en horas del mediodía para compartir una semana de vacaciones. Con evidente dedicación, ansiedad y detalle, prepara el almuerzo para servirles apenas arriben, poniendo especial empeño al salteado de los hongos.
La aparición de la visita expone, con abierta elocuencia, rispideces en la relación hija-madre con una innegable posición agresiva por parte de la primera que preludia mayores acometidas, sostenidas en una culpabilidad en hechos pasados que Valerie le endilga a su madre. La hija se muestra presa de conectividades (no deja de consultar el celular en el almuerzo) y responsabilidades (no se despega de su laptop) que le impiden mantener una conversación y se queda en la casa mientras abuela y nieto salen a recorrer los alrededores. Un hecho fortuito agrava el resentimiento de Valerie y provoca un conflicto que deriva en su retorno y de su hijo a Paris antes que termine el día, dejando a Michelle profundamente contrita y sometida a una causa policial.
Mientras, Vincent (Pierre Lottin), el hijo de Marie-Claude sale de la cárcel y Michelle le ofrece se haga cargo de su huerta. En esa relación Michelle, profundamente conmovida por la distancia con su hija, acrecentada luego del lamentable incidente, pone una afectividad casi filial. Vincent, preocupado por el sufrimiento de Michelle por la mala relación que tiene con su hija, se involucra en ello, visita a Valerie en su departamento de Paris, sumando un nuevo hecho dramático que incrementa la severidad de la trama.
Francois Ozon, el director, en numerosos films, como en este caso, ha hurgado el universo femenino que explora con sutileza y eficiencia. Es también autor del guion de la película, igual que en la mayoría de sus films. Tiene una trayectoria sólida en el cine francés contemporáneo. Ha realizado veintitrés películas en los últimos veinticinco años, además de veinticinco cortometrajes. Algunos de sus realizaciones han obtenido premios importantes como, por ejemplo, “Gracias a Dios” (2021) en el Festival de Berlín.
En “Cuando cae el otoño”, ganadora del Premio al Mejor Guion en el último Festival de San Sebastián, conforma un clima que tiene mucho de los de las películas de Claude Chabrol, en cuanto a “relaciones perversas y neuróticas de las familias” y que transcurren en un pequeño pueblo (reconocido incluso por el propio director), la densidad de las de Robert Bresson y la consideración humana de las de Eric Rohmer. Ozon, por su parte, ha reconocido la influencia de las novelas de Georges Simenon, tanto las protagonizadas por el comisario Maigret, como las otras. En una conjunción de tensión y suspenso, los personajes se enfrentan a situaciones complejas de conciencia. Es, la trama, en síntesis, un elevado proverbio moral, una elucubración respecto a las acciones conducentes a materializar comportamientos orientados hacia el bien o el mal, en cuanto a las afinidades electivas de cada persona.
Sin embargo, en el desarrollo de la historia, de una enorme humanidad, aparecen ciertas imprecisiones o indeterminaciones que entiesan las relaciones. La información respecto a la causa que ha generado tanta tirantez entre madre e hija sirve para calibrar las conductas de cada uno y captar la actitud moral (individual en cada caso) y confrontarlas con la amorfa y viscosa moralidad ajena y/o colectiva. El inicio del film, la homilía del sacerdote en la misa, predicando ante las mayoritarias miradas reprobatorias de los feligreses acerca del episodio de la dedicación amorosa de María Magdalena en la visita de Jesús a su casa (“¿Una pecadora? Esa mujer fue perdonada porque dio mucho amor”) es una señal inequívoca respecto del contenido moral del argumento. “Todo el mundo se merece una segunda oportunidad”, se dice en otra escena. Las ancianas (Michelle y Marie-Claude) reconocen sin eufemismos alguna responsabilidad en los desapegos de las vinculaciones con sus hijos. “Es difícil decirlo, pero con nuestros hijos la arruinamos”, dice Marie-Claude. Por otra parte, cierto oxímoron, algunas escenas surrealistas añaden carnadura a los sentimientos.
La fotografía, cálida y elocuente es concisa, tanto en los interiores como en los fantásticos paisajes otoñales en prados y bosques con una textura de cuadros impresionistas. Ozon es un notable director de actores a la vez que elije adecuadamente a sus protagonistas.
Un valor adicional del film es el rescate de la vida de las personas ancianas. Así Ozon, en un reportaje, afirmo: “quería hacer un retrato de una mujer mayor. Esa clase de mujeres que se han vuelto totalmente invisibles en el cine: a los 70 u 80 años una actriz ya no existe más. Por eso quería enfocarme en su existencia, el ritmo de su vida, su rostro (…) totalmente natural, poder ver la belleza de las arrugas. (…) actrices que aparentan su edad y la asumen sin trucos”.
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