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Haciendo una derivación antojadiza y hasta superficial de la frase de Karl Marx en “18 Brumario”, la repetición de la tragedia puede transformarse en farsa. En otras ocasiones, la farsa puede transformarse en tragedia. Numerosos hechos de la Historia y de historias personales y menores pasaron a configurar hechos dramáticos a partir de bromas que buscaban ser inocentes y, finalmente, no lo fueron.
En las aburridas tardes de Mercedes, provincia de Buenos Aires, ciudad natal del presidente Héctor J. Cámpora y del dictador Videla, en 1987, dos adolescentes a punto de terminar la escuela secundaria y con la expectativa de seguir sus estudios en Buenos Aires, Hernán y el Chiri, se entretienen llamando por teléfono de línea a vecinos de la ciudad al azar, gastándole bromas, compitiendo entre sí, con cronómetro en mano, respecto de quien consigue mantener una comunicación más larga en el tiempo sin que el interlocutor se dé cuenta de la bufonada.
En una de esas conversaciones, Hernán habla con una anciana que cree reconocer en su voz a su hijo, Daniel, que hacía mucho tiempo que no veía, que se había ido de la ciudad buscando mejores horizontes en el sur del país. Incentivado por el resultado de la simulación, Hernán avanza en la charla, anunciando que había arribado a Mercedes, estaba en la terminal de ómnibus e iba a ir a visitarla. Entusiasmado por el tiempo que duraba la charla sin que la mujer se percatara de la broma, Hernán le termina pidiendo que para recibirlo le preparara canelones.
“Canelones” es, justamente, el nombre de la película que basada en un cuento de Hernan Casciari (protagonista junto con Christian Bailisi -el Chiri- de la historia real que dio origen al mismo) cuenta como el engaño adolescente termina luego en un drama fatal. El cuento había sido publicado en el año 2007 en el blog de Casciari y más adelante lo incorporó a sus espectáculos. En 2020, Nicolás Mayer había realizado un corto de 13´basado en el mismo texto.
Luego del inicio del film, con los adolescentes compitiendo por la llamada más extensa, en una elipsis se lo ve a Hernán, varios años después, en 2015, como un autor consagrado y residiendo en Barcelona, de visita en su ciudad natal, leyendo el cuento en cuestión, en el escenario de un teatro de Mercedes. Al final de su presentación, recibe una ovación y sale presuroso a esperar el remise que lo iba a llevar a Buenos Aires con su amigo Chiri. Su madre, Chichita (a quien hace años que no ve) le insiste que vaya a su casa a cenar, pero Hernán desatiende la invitación mostrándose molesto, rozando la impertinencia atribuyendo la insistencia de su madre a un esbozo de dominación matriarcal.
Finalmente, ante el retraso del vehículo, los amigos matizan la demora fumando porro y sumando impaciencia. No esperaban lo que les iba a deparar esa noche, que iba a ser interminable.
Chichita, viuda del padre de Hernán, mantiene desde hace un tiempo una relación virtual, vía Facebook con Daniel, un hombre al que nunca vio en la realidad y que la sorprende cuando le dice que está en Mercedes y vino a visitarla. Se encuentran y Daniel la invita a la casa de su madre. Comienza así una velada, entre ellos, que promete, pero termina desencadenándose en momentos de tensión cuando Daniel termina descubriendo que todas sus acciones habían involucrado y lo seguirían haciendo, una venganza por la decisión que su madre había tomado, sumida en el desconsuelo, victima del engaño que, telefónicamente, había pergeñado Hernán.

Es, entonces, “Canelones”, una auténtica comedia negra que involucra los hechos verídicos que sucedieron en los años referidos y que Hernán Casciari se vio liberado de contar en el año 2020, luego de la muerte de su madre. En la continuidad de la película, los amigos, Hernán y el Chiri, van a la casa de su madre, sorprendiéndose con su ausencia; tienen un par de encuentros con una pareja de policías insospechadamente amables, pasan la noche comiendo ensalada rusa, jugando a embocar una pelota de tenis y actuando de investigadores para finalmente descubrir donde está su madre y que situación está pasando.
La película dirigida por el Chiri, Christian Basilis y Ana Laura Gussoni cuenta con el guion del propio Casciari con Basilis y Josefina Licitra; se filmó en la localidad de Mercedes y a partir del proyecto Orsai Audiovisuales (que con el mismo sistema habían realizado “El uruguayo” (2022) con la dirección de Ana García Blaya sobre libro de Pedro Mairal), contó con el financiamiento de 5495 socios que, en algunos casos oficiaron de extras e hicieron un total de aporte de más de un millón de dólares para poder concretar la misma, bajo el formato de modelo colectivo.
Darío Barassi es Hernán, Agustín “Rada” Aristarán, el Chiri; Verónica Llinas Chichita y Daniel es interpretado por César Bordón. Roberto, el padre de Hernán, que tiene una participación clave en una escena contó con la intervención de Ernesto Claudio. El final encuentra a todos los personajes intentando superar la negra noche en la que aquella farsa se transformó (o estuvo a punto de transformarse) en tragedia. Y que, puesta en escena, es finalmente una comedia.

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