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Bajo este título en el libro “Apuntes para la Historia de Concordia”, Luis María Medina recupera y analiza una serie de materiales publicados en 1920 en la “Revista de Ciencias Jurídico‑Comerciales”, editada por el Instituto Superior de Comercio dirigido por don Constantino Barbayani.
Aquella revista, con un tiraje de 1.500 ejemplares distribuidos gratuitamente entre comerciantes y hacendados de Entre Ríos y de Corrientes, que también eran remitidos a Buenos Aires y a la ciudad de Salto (R.O.U.), incluía una extensa nota dedicada a Concordia. Sus primeros cuatro pliegos, de gran formato (20 x 30 cm), ofrecían un panorama histórico y estadístico de la ciudad y su región.
Medina reproduce ese material y lo contextualiza, permitiendo reconstruir cómo se percibía a Concordia en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Según los datos consignados, en 1919 el departamento Concordia alcanzaba los 41.134 habitantes, de los cuales la ciudad concentraba más de dos tercios: unas 28.000 personas. La publicación destacaba la amplitud y el buen estado de las calles, pavimentadas e iluminadas con luz eléctrica, así como la presencia de plazas y paseos con jardines cuidados. También mencionaba el servicio de tranvías, la abundancia de coches de plaza y particulares, y la circulación de más de un centenar de automóviles.
El proceso de modernización urbana avanzaba con rapidez, en esa época. Para ese mismo año se proyectaba la instalación de agua corriente y cloacas en un radio de 240 manzanas, obra concesionada a los ingenieros Bonneau, Parodi y Figini, profesionales de reconocida trayectoria en la Capital Federal. En materia educativa, la revista enumeraba la Escuela Normal, fundada una década antes, la Escuela Superior de Comercio, dos escuelas nacionales primarias, tres elementales superiores, varias instituciones particulares y un único internado: el Colegio de los Padres Capuchinos.
La publicación también aportaba información sobre las comunicaciones y el transporte. La duración del viaje a Buenos Aires, utilizando el ferryboat del Ibicuy, se había reducido a once horas, de las cuales cuatro correspondían al cruce fluvial. Ya entonces se estudiaba la apertura de un nuevo canal que permitiría acortar la travesía a una sola hora. A ello se sumaba la reciente inauguración del Ferrocarril Internacional, que desde octubre de 1918 conectaba a Buenos Aires con Asunción sin transbordos en un viaje total de cincuenta horas, abriendo nuevas perspectivas comerciales para Concordia y su región.
Medina destaca además que, la revista mencionaba dos ramales ferroviarios “prontos a iniciarse”: uno del Ferrocarril Nord Este Argentino, desde Concordia hacia Villa Federal, cuya concesión databa de 1909, “y otro que no se mencionaba” según el historiador. La nota subrayaba la calidad del servicio de pasajeros, especialmente del tren internacional, considerado superior al de su par uruguayo. Incluso señalaba que muchos viajeros de la vecina república preferían trasladarse a Montevideo vía Buenos Aires para aprovechar el confort de los ferrocarriles argentinos. La administración y las principales oficinas ferroviarias locales tenían sede en Concordia, empleando a 773 trabajadores y movilizando un presupuesto que incrementaba notablemente la actividad comercial de la ciudad.
Entre los distintos aspectos reproducidos por Medina, uno sobresale por su tono crítico y su mirada de futuro: “El tramway a que tiene derecho Concordia”. Allí se reclamaba la sustitución del tranvía a tracción a sangre por un sistema eléctrico, considerado indispensable para mejorar la estética urbana y evitar el maltrato cotidiano de los animales. El texto recordaba que, antes de la guerra de 1914, un grupo de vecinos con recursos había impulsado el proyecto, aunque la contienda mundial enfrió los ánimos. Con la inminente llegada del agua corriente, la nota convocaba nuevamente a esos “varones desinteresados” a retomar la iniciativa y conformar una compañía local que concretara el servicio eléctrico.
La comparación con Corrientes era elocuente: allí, el tranvía eléctrico funcionaba desde hacía más de diez años y había multiplicado las entradas mensuales de las compañías con la concesión. Para Concordia, un ingeniero estimaba que la instalación completa, del material rodante y la línea férrea, costaría entre 500.000 y 600.000 pesos moneda nacional.
A más de un siglo de distancia, la lectura que rescata Medina permite reconstruir un momento de fuerte expansión urbana, económica y social. También revela debates, aspiraciones y proyectos que marcaron a nuestra ciudad.
Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región.
Museo Regional Palacio Arruabarrena

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