Al gran pueblo argentino salud (Mental)
Hoy es el día mundial para la salud mental. Es especialmente importante para nosotros debido al sufrimiento psíquico al está siendo sometido nuestro país.
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La ley de salud mental, tan trascendental como vapuleada por las derechas (Macri y Milei la han querido derogar) reconoce a la salud mental como “un proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona” (artículo 3 de la ley 26.657). Es claro entonces que nuestra salud mental está multideterminada. Es decir que no depende de causas puramente biológicas, del buen funcionamiento de nuestro sistema nervioso por ejemplo, o puramente psicológicas, o psicopatológicas sino del contexto multicausal en el que se produce. Lo contrario sería un reduccionismo, y la salud mental es compleja (como se dijo tiene componentes socioeconómicos, históricos y culturales). La buena salud mental dependerá de la concreción- coincido plenamente por lo definido por la ley-del modo en que la sociedad y el Estado garanticen o no los derechos humanos y sociales de TODA persona. Acentúo esto último porque los derechos humanos son Universales. De ese modo si una sola persona debe comer basura para sobrevivir, o vivir en las calles porque no tiene hogar, esa sociedad y su gobierno, está vulnerando sus derechos humanos, aunque su actitud sea indiferente, cruel, o hipócrita cuando las llaman “en situación de calle” (como si la circunstancia perteneciera inherentemente a la persona, estuviera ligada a su naturaleza o configurara una categoría humana). Ese, entre otros, es el espectáculo desgarrador con el que convivimos a diario. La salud mental en nuestro país, en nuestra provincia y en nuestra ciudad sufre un deterioro catastrófico en el que se vulneran dramáticamente los derechos humanos y sociales. El hambre, la pobreza, la exclusión social, el ajuste salarial brutal a los trabajadores, los despidos, la desocupación, el maltrato, la represión y el desamparo a los jubilados, a las personas con discapacidad y sus familias, a la Comunidad universitaria (que fue ferozmente reprimida por la Policía Federal en Buenos Aires el miércoles pasado), el cierre del horizonte de futuro, de soñar con un mañana, de la esperanza a los jóvenes, es la política que llevan adelante los gobiernos aliados y que explican buena parte de las condiciones de los índices de suicidios en jóvenes, sobre todo entre 15 y 24 años, y la sobre mortalidad (escandalosa tasa de mortalidad por encima de las estadísticas normales) de las personas mayores de 65 años. Porque no solo suceden los suicidios de los adultos mayores como en la década del 90 debido al perverso abandono del Estado, sino que esa sobre mortalidad indica la muerte por falta de acceso a la salud (Alicia Stolkiner). Es que a las condiciones socio-económicas, históricas y culturales, que entrampan a los vulnerables en mortíferas encerronas trágicas, se suma, o son parte de ellas, la imposibilidad de acceso a la salud, y en particular a la atención de la salud mental, que vulnera el “derecho a recibir atención sanitaria social integral y humanizada, a partir del acceso gratuito, igualitario y equitativo a las prestaciones e insumos necesarios, con el objeto de asegurar la recuperación y preservación de su salud”(artículo 7 punto a de la ley 26.657 Nacional de salud mental). El derecho a la asistencia en salud mental que el Estado debe garantizar, no existe y el llamado Estado Liberal libertario lo ha transformado en un privilegio para pocos. Todos hemos pasado por la situación de pedir un turno en los hospitales de Concordia, sobre todo para personas que requieren una inmediatez en la atención (situaciones de riesgo de suicidio etc.) y quedar en la espera eterna. La urgencia en salud mental declarada por la provincia de Entre Ríos que junto a la atención por parte de la inteligencia artificial para las personas que sufren (ORI) han sido las estrategias más audaces para vender humo y no ha significado, en Concordia al menos, aun, con la urgencia que la situación requiere, ni siquiera el nombramiento de un Psicólogo o Psiquiatra para las instituciones de salud colapsadas. El personal de salud, asimismo, al igual que en educación, siguen estresados y endeudados para poder comer, lo que deteriora todo el sistema, circunstancia que es proferida cada tanto por algún burócrata o funcionario, en la frase “¿Quién cuida a los que cuidan?”, como si hubiera alguna duda de que quienes deberían hacerlo, precisamente son los mismos ( el Estado) que los hunden a los peores abismos. La salud mental como búsqueda colectiva del bienestar a partir de la satisfacción de las necesidades humanas de sus miembros, la posibilidad de amar y trabajar (creativamente) está puesta en cuestión. Hoy solo vemos sufrimiento, angustia económica, frustraciones y desesperanza que están en la base de las adicciones, las depresiones, los ataques de pánicos, las enfermedades psicosomáticas y los suicidios. Encima el Poder y los medios de comunicación concentrados que les son cómplices, potenciados por las redes sociales (trabajo de los trolls), han impuesto la ideología de la meritocracia, el individualismo y el éxito de la adaptación social cuya contracara es la asunción de los fracasos y frustraciones como un problema personal (no dependiente de los contextos económico-sociales etc.). Así el comerciante que se funde por falta de ventas, el trabajador despedido por una fábrica que cierra, el micro-emprendedor que no vende nada, se atribuye a sí mismo, a su ineptitud las causas de su fracaso, se castiga y humilla, inaugurando así depresiones graves donde el superyó social, sádico al extremos, genera situaciones verdaderamente tortuosas al yo. Además logra aislarlo (de mayor interés para el poder económico real). Esa persona no siente que deba unirse con otras en iguales circunstancias porque no logra visualizar el carácter social y político (mala palabra para él), de su “fracaso”, no siente el impulso a resistir, marchar, protestar, solo se hunde en la intimidad de su angustia. Las otras formas de conseguir el aislamiento y la desconexión personal y social, por parte de los poderosos, es una vida que exige al menos tres trabajos para sobrevivir, convirtiendo en una máquina insensible e impensable al sujeto y mucho menos para asociarse y luchar para transformar su situación contra los poderes que realmente la ocasionan. En tercer lugar está el Imperio de las pantallas que aíslan, separan, alejan, empobrecen afectivamente generando un mundo de soledades híper comunicadas, de aquellos que ya no encuentran en la materialidad de las relaciones con el otro, ningún sentido, alienados a sus celulares. A esta adaptación pasiva a la realidad Pichón Riviere asoció la enfermedad mental (social) y, por el contrario, denominó salud mental a la adaptación activa a la realidad, es decir, la capacidad de transformar el mundo transformándose. En Concordia tenemos varias reservas de salud mental en este sentido. Uno de ellos es el grupo de jubilados que todos los miércoles marchan en la plaza 25 de mayo. Ellos apuestan con convicción a la participación, al encuentro material, a la solidaridad, a la lucha, a la clarificación de las causas de sus malestares y a la búsqueda de su modificación, el modo saludable de enfrentar la opresión y el abandono, puesta en acto de una práctica ejemplar de salud mental. Lo mismo sucede con el Centro Barrial la gruta (que funciona en la Parroquia de Lourdes), sobre todo el grupo que coordina, como experiencia comunitaria de salud mental, utilizando el arte como herramienta, la Psicóloga Rosario Correa. Este dispositivo recupera en sus integrantes, muchos sin hogar y con problemas de soledad y adicciones, el entusiasmo y el deseo de vivir, aun en estas circunstancias, a través de la reapropiación de la identidad, la historia y el trabajo colectivo de transformación social. Tendrán seguramente la impronta indeleble del Padre Andrés Servín, un faro inagotable de solidaridad y esperanza, es decir, de salud mental. Ellos estarán participando y contándonos su experiencia en el encuentro “La salud mental como concreción de los derechos humanos y sociales” que organizamos conjuntamente “Lazos en red” y Uader el martes 13 de octubre a las 19 horas en la sede de dicha universidad, en calle quintana 37, con entrada abierta a toda la comunidad. Los esperamos.

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