El eterno retorno del riesgo político
Mientras el ministro Caputo exhibe mejoras destacadas en el orden de las finanzas públicas, existen importantes sectores que aún no logran traccionar. En esta nota se abordará el impacto negativo en la economía del denominado “riesgo político” argentino.
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Las buenas noticias macrofinancieras recientes
Tras una exitosa operación de refinanciamiento, el Gobierno nacional despejó dudas acerca de los compromisos financieros del año corriente, y allana el camino para poder honrar los casi USD 25.000 millones de vencimientos correspondientes a 2027. La reacción inicial del mercado fue positiva, llevando el riesgo país hacia los 400 puntos.
A su vez, las reservas netas, es decir aquellas consideradas de libre disponibilidad por parte del Banco Central, rozaron los USD 10.000 millones según estimaciones privadas. Cifra similar a los USD 10.500 millones que se calcula, ha dejado la administración anterior, excepto por el detalle nada menor de que en este último caso se trataba de una magnitud negativa. Por lo tanto, la recomposición de reservas en términos netos habría superado los USD 20.000 millones.
¿Y esto al comerciante o trabajador corriente qué?
Es entendible que, quienes están al frente de un establecimiento comercial o industrial que aún no haya logrado despegar tras el ajuste fiscal y monetario, o aquellos que perciben que su salario continúa rezagado, se pregunten qué sentido tienen las mejoras mencionadas en reservas, capacidad de pago de los vencimientos del Tesoro y riesgo país, así como las referidas a resultado fiscal, nivel de exportaciones, entre otras ligadas a la macroeconomía, si su situación sigue atravesando serias dificultades.
Aunque cueste verlo reflejado en lo inmediato, si la macroeconomía ostenta mejoras tan pronunciadas, el aterrizaje a la economía del día a día o “de la calle” como suele decirse, debería llegar más temprano que tarde. En efecto, una buena posición en reservas transmite confianza a inversores, la baja del riesgo país disminuye el costo de endeudamiento para gobierno y empresas, y las exportaciones que se proyectan en más de USD 90.000 millones anuales permiten un importante flujo de divisas necesario para la estabilidad cambiaria y la fortaleza de nuestra moneda.
Hasta allí vemos razones tangibles para ser optimistas entendiéndose, por supuesto, que el proceso de transición resulta harto dificultoso para gran parte de la población. Pero, al analizarse las dificultades, no debe omitirse un gran problema adicional, histórico y recurrente, el cual está ligado a la volatilidad de la política argentina.
La dominancia del riesgo político
A diferencia de nuestros vecinos uruguayos y chilenos, cuya alternancia entre gobiernos de izquierda y de derecha no suelen implicar cambios institucionales ni disrupciones bruscas respecto al manejo de las finanzas públicas, aquí cada elección se vive con más tensión que una final de un campeonato mundial de fútbol.
Nótese lo ocurrido en la previa de las elecciones legislativas del año pasado: la posibilidad de un amplio triunfo de la oposición impulsó la búsqueda masiva de refugio en el dólar, las tasas de interés se elevaron fuertemente para tratar de tentar a los ahorristas y disuadirlos de adquirir más divisas. Esta suba de tasas generó efectos contractivos en el crédito y la actividad, lo que disparó el nivel de morosidad y, si bien era previsible una consecuencia negativa en la situación crediticia de familias y empresas, la alternativa de defender la moneda con un contundente sacrificio de reservas no lucía menos peligrosa.
La cotización del dólar subió, y con ello la inflación. Esto llevó a que algunos opinadores, incluso con cierta formación, cuestionaran el carácter monetario del fenómeno inflacionario. Pues si la inflación se produce por exceso de oferta monetaria como dice el presidente, ¿por qué subieron los precios ante la contracción monetaria? La respuesta es simple: el valor del peso está dado por la interacción de su oferta y de su demanda, y no sólo en lo que respecta a su oferta como suele percibirse. La oferta puede contraerse, pero una retracción de la demanda hacia nuestra moneda puede llevar a elevar los niveles de inflación. Eso fue lo que ocurrió, ya que una corrida hacia el dólar es la contracara de una menor demanda de pesos.
¿Por qué el temor a un triunfo opositor genera huida del peso?
A diferencia de lo mencionado acerca de nuestros vecinos, en este país de tango y campeones mundiales de fútbol, un triunfo opositor genera el temor a un cambio disruptivo en el rumbo adoptado por la gestión en curso. Ese temor tiene merecido fundamento cuando los líderes opositores adoptan posiciones discursivas contrarias a la importancia del equilibrio fiscal e irresponsables respecto al cumplimiento de los compromisos financieros.
La vuelta al déficit fiscal y un posible default llevarían a una corrida contra el peso, a la emisión monetaria inflacionaria y a una grave crisis de confianza. Incluso el economista Sergio Chouza, muy crítico de la actual gestión económica, reconoció en radio, para sorpresa de sus entrevistadores, que ante un eventual triunfo de Axel Kicillof en las elecciones presidenciales, vendería los bonos argentinos que tiene en cartera para comprar dólares. En sus propias palabras: “Si tengo bonos y gana Kicillof, obvio que los vendo antes y compro dólares, yo lo voto, pero bueno... vivo de esto”.
Resulta indispensable el logro de un firme consenso respecto a mantener una responsable continuidad institucional, en la cual el equilibrio fiscal, la independencia del Banco Central, así como la firme disposición a honrar los compromisos de deuda, trasciendan el nombre del eventual ganador de cada próxima elección.

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