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    Dolarización o flotación: entre el ancla institucional y el ajuste externo

    Un comentario del presidente Milei en una entrevista reciente reavivó el debate acerca de la dolarización. Así, surge la cuestión acerca de qué régimen cambiario resulta más compatible con las reformas implementadas por el gobierno libertario y el modelo económico por el mismo propuesto.

    12 de abril de 2026 - 22:54
    Dolarización o flotación: entre el ancla institucional y el ajuste externo
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    En este artículo se plantea que la discusión dolarización vs flotación no debe reducirse a la dicotomía liberalismo vs intervencionismo, sino más bien, enfocarse en los objetivos que deseen priorizarse.

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    Los autores liberales suelen ser enemigos de los bancos centrales, y en este sentido, la dolarización no elimina la dependencia de tales organismos distorsionadores de la moneda, las tasas de interés y los tipos de cambio.

    Simplemente constituye una terciarización institucional: ante la ineficiencia relativa del Banco Central Argentino respecto de la Reserva Federal, se recurriría a esta última.

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    Sin embargo, los autores libertarios más radicalizados, tales como Murray Rothbard o Jesús Huerta de Soto, añoran el patrón oro pre primera guerra mundial, y suelen ser muy críticos de la Reserva Federal, así como de todo Banco Central en su carácter de organismo de planificación centralizada del sistema monetario.

    Las crisis de 1929 y 2008 en los Estados Unidos son señaladas por los autores de esta corriente como producto de las intervenciones discrecionales de la FED en cuanto la cantidad de dinero y las tasas de interés. 
    Si bien, como se dijo, la FED ha tenido un mejor desempeño respecto al BCRA, no debe omitirse que, si tomamos los últimos 10 años, la inflación en los Estados Unidos ha sido superior al 35%. Una cifra a considerar.

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    ¿Por qué dolarizar en nombre del libertarismo?
    Dicha cuestión tendría que ver mayormente con generar una mejora en la calidad institucional, la previsibilidad y la confianza.

    ¿Cómo es esto?
    La inestabilidad en nuestro país, ligada a los vaivenes políticos, genera una fuerte desconfianza. Hundir inversiones hoy pudiera parecer interesante ante el ordenamiento macroeconómico: eliminación del déficit fiscal, una inflación cuya proyección anual resulta muy alejada del 211% anual generado por el gobierno anterior y reformas de apertura comercial y de mejora en el balance del Banco Central. Sobre esto último se destaca que, de reservas netas negativas en casi USD 12 mil millones recibidas en diciembre 2023, se ha pasado a positivas en el corriente mes. 
    Cabe destacar también una brecha cambiaria que actualmente no llega a las dos cifras, mientras que en la administración anterior llegó peligrosamente a tres. El ordenamiento macro luce evidente.

    Sin embargo, una posible vuelta al desorden fiscal, la emisión descontrolada y la inestabilidad monetaria, prácticamente una constante desde la década de 1940, constituye un riesgo nada desdeñable al proyectar inversiones a largo plazo.

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    En este sentido, la dolarización puede actuar como un ‘chaleco de fuerza’: limita la capacidad de políticos que desprecian el orden fiscal en vistas de la captación de votos mediante políticas clientelistas.

    El político populista no podría emitir moneda para financiar sus aventuras fiscalmente irresponsables, y el crédito se le vería vedado al percibir el mercado tal irresponsabilidad.

    La dolarización, entonces, vista desde la eficiencia técnica o como una cuestión de pureza liberal, no estaría correctamente planteada y, de hecho, impone una rigidez difícil de superar ante shocks externos, tales como una posible apreciación del dólar a nivel global: no tenemos la productividad de los Estados Unidos para absorber esos factores exógenos.

    La cuestión es más bien institucional, es decir: mejora institucional = mayor confianza = menores tasas de interés = aumento del crédito. Sin el “riesgo populista” latente, la dolarización perdería fuerza justificativa.

    La flotación pura como mecanismo de ajuste automático
    Pues bien, descartado el camino del liberalismo más puro (patrón oro clásico y/o eliminación de bancos centrales), la alternativa a la dolarización, constituye una gradual transición hacia un sistema de flotación pura, que se lograría en pleno una vez descartadas las bandas de flotación superior e inferior vigentes (cada vez más distantes unas de otras por su mecanismo de ajuste mensual). 
    En este caso, no se resuelve tan drásticamente el problema institucional planteado.

    Sin embargo, acusar a la libre flotación de ser contraria a un esquema liberal, en contraposición a la no implementada terciarización de la provisión de moneda por parte de un banco central más eficiente, no luce muy coherente.

    A pesar de no constituir la libre flotación una mejora institucional inmediata y contundente que inhiba a la política irresponsable de volver a las costosas fiestas deficitarias, el sistema posee una virtud que nada tiene de contrario a la filosofía liberal: el libre ajuste del tipo de cambio acorde a las fuerzas privadas de la oferta y de la demanda, lo cual genera, a su vez, un ajuste automático en las cuentas externas. 
    Es decir, si el dólar está, como suele decirse informalmente, “atrasado”, la cuenta comercial tomará nota de esa situación estimulando importaciones y desestimulando exportaciones. La salida neta de divisas mediante dicha balanza tenderá a corregir el desequilibrio de modo automático: el tipo de cambio se elevará.

    Por otro lado, si el tipo de cambio se encuentra en un nivel elevado que promueva superávit en la cuenta comercial, la abundancia de divisas generadas por esa vía, ajustará el precio de la divisa hacia la baja.

    ¿Entonces qué priorizar? ¿El ancla institucional de una eventual dolarización o el equilibrio automático propio de un sistema cambiario libre?

    Sin dudas, no se trata de un debate cerrado, y tanto los defensores de una como de otra propuesta ofrecen argumentos dignos de consideración. Por lo que prefiero plantear una pregunta en lugar de una afirmación: ¿Podría lograrse algún ancla institucional alternativa a la dolarización que nos permita disfrutar de los beneficios y de la eficiencia de un tipo de cambio flotante?

    La pregunta comprende uno de los mayores desafíos a resolver y define, sin dudas, el futuro político y económico del país. 

    Temas
    • dolarizacion
    AUTOR
    Cristhian Leonardo Blanc
    Cristhian Leonardo Blanc
    Economista y Profesor de Enseñanza Superior
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