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    Cuando el mundo se encarece, la Argentina tiene una oportunidad

    La guerra en torno a Irán, la tensión sobre el Estrecho de Ormuz y las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos configuran un escenario internacional cargado de incertidumbre. A primera vista, puede parecer un problema lejano.

    09 de mayo de 2026 - 04:00
    Álvaro Sierra, especialista en finanzas
    Álvaro Sierra, especialista en finanzas
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    Sin embargo, en un mundo globalizado, ningún conflicto energético, financiero o geopolítico queda encerrado dentro de sus fronteras. Los precios internacionales, el crédito, las inversiones, el comercio y hasta las decisiones de política económica local pueden verse condicionadas por hechos que ocurren a miles de kilómetros.

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    Pero la mirada no debería ser únicamente defensiva ni alarmista. Argentina no solo enfrenta riesgos frente a este nuevo escenario. También cuenta con oportunidades concretas si logra actuar con previsión, inteligencia y una estrategia de largo plazo.

    El punto más sensible del conflicto es la energía. El Estrecho de Ormuz sigue siendo una de las rutas más importantes del comercio energético mundial: por allí circuló en 2024 alrededor del 20% del consumo global de líquidos petroleros, además de una proporción relevante del comercio mundial de gas natural licuado. Por eso, cualquier amenaza sobre esa zona impacta rápidamente en los precios del petróleo, los combustibles, los fletes y los costos de producción.

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    Ese dato no es menor para la economía mundial. Cuando sube el petróleo, se encarece el transporte, aumenta el costo de producir alimentos, bienes industriales y servicios, y reaparecen presiones inflacionarias.

    En Estados Unidos, ese escenario se vuelve políticamente más delicado porque 2026 es año de elecciones de medio término, en las que se renueva toda la Cámara de Representantes y parte del Senado. Esas elecciones definen qué partido controlará el Congreso durante los dos años siguientes, y por lo tanto pueden modificar el margen de acción del gobierno norteamericano.

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    La política exterior de Estados Unidos no se define únicamente en la Casa Blanca. El Congreso influye en presupuestos, autorizaciones, sanciones, financiamiento internacional y prioridades estratégicas. Por eso, una guerra prolongada, combinada con inflación, combustibles caros y malestar social, puede terminar incidiendo no solo en la política interna norteamericana, sino también en su vínculo con el resto del mundo. El Council on Foreign Relations ya advierte que el conflicto con Irán puede agravar tensiones económicas internas en Estados Unidos en un año electoral.

    Para Argentina, este contexto tiene dos caras. La primera es el riesgo. Una economía mundial más inestable puede encarecer el financiamiento, aumentar la volatilidad financiera, presionar sobre el riesgo país y dificultar el acceso a crédito para los países emergentes. 
    También puede generar tensiones sobre los precios internos si el aumento internacional del petróleo se traslada a combustibles, transporte y alimentos.

    Pero hay una segunda cara, más interesante: Argentina llega a esta etapa con un activo estratégico que antes no tenía en la misma dimensión. Vaca Muerta cambia la forma en que el país se para frente a una crisis energética global.

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    La Bolsa de Comercio de Rosario proyectó que la producción petrolera argentina de 2026 podría alcanzar los 54,5 millones de metros cúbicos, un crecimiento del 16% respecto de 2025 y el mayor nivel de la historia nacional. Además, casi el 70% del petróleo argentino ya proviene de producción no convencional, principalmente de Vaca Muerta.

    Este dato permite pensar el escenario con otra lógica. Durante décadas, Argentina sufrió los shocks energéticos internacionales como un país vulnerable, obligado a importar energía cara, perder divisas y trasladar costos al resto de la economía. 
    Hoy, aunque todavía quedan cuellos de botella, infraestructura pendiente y desafíos regulatorios, el país empieza a tener condiciones para ser parte de la solución energética regional y global.

    Incluso YPF mostró en el primer trimestre de 2026 una mejora significativa de sus resultados, explicada por mejores precios y mayor producción shale, con un crecimiento interanual del 39% en la producción de shale oil. Reuters señaló además que Vaca Muerta es clave para fortalecer exportaciones energéticas, reservas e inversión.

    Esto no significa celebrar una guerra ni depender de una crisis externa. Significa comprender que el mundo está demandando energía segura, alimentos, minerales críticos y proveedores confiables. Y Argentina tiene potencial en todas esas áreas.

    El desafío es evitar una lectura improvisada. No alcanza con decir que sube el petróleo y entonces Argentina gana. La pregunta correcta es otra: ¿cómo se transforma una ventaja natural en una política de desarrollo?
    Primero, Argentina necesita acelerar la infraestructura energética. Gasoductos, oleoductos, plantas de procesamiento, puertos, almacenamiento y proyectos de GNL no son obras aisladas: son la diferencia entre tener recursos bajo tierra o tener una plataforma exportadora capaz de generar dólares, empleo e inversión.

    Segundo, el país debe cuidar el equilibrio interno. Si los precios internacionales suben, parte del sector energético puede beneficiarse, pero la economía doméstica puede sufrir por combustibles más caros. Por eso se necesita una política inteligente que combine incentivos a la producción con mecanismos de previsibilidad para consumidores, transporte, pymes y economías regionales.

    Tercero, Argentina debe diversificar su inserción internacional. Mantener una buena relación con Estados Unidos es importante, pero no puede ser la única estrategia. En un mundo más multipolar, el país necesita vínculos inteligentes con América Latina, Europa, China, India, Medio Oriente y los organismos multilaterales. La política exterior económica debe ser pragmática, profesional y orientada al interés nacional.

    Cuarto, el país debería utilizar esta etapa para fortalecer reservas y estabilidad macroeconómica. Si la energía empieza a generar superávit externo, ese ingreso no debería diluirse en gasto corriente ni en parches coyunturales. Debería servir para estabilizar la economía, reducir vulnerabilidades, financiar infraestructura y construir una política de desarrollo de largo plazo.

    Quinto, hay que pensar federalmente. Vaca Muerta no puede ser solo una buena noticia para Neuquén o para un conjunto de empresas. Su potencial debe integrarse a una estrategia nacional que incluya empleo, proveedores locales, universidades, tecnología, municipios, provincias, logística y agregado de valor. La energía debe convertirse en una política de desarrollo federal.

    La guerra en Irán y las elecciones en Estados Unidos muestran algo más profundo: el mundo está entrando en una etapa donde la energía, la seguridad alimentaria, la tecnología y los recursos naturales vuelven a ocupar el centro del poder económico. Los países que tengan esos recursos, pero no tengan estrategia, seguirán siendo espectadores. Los países que tengan recursos y planificación podrán ganar relevancia.

    Argentina no puede controlar el resultado electoral norteamericano ni el curso de la guerra en Medio Oriente. Pero sí puede decidir cómo se prepara frente a ese contexto. Puede actuar tarde, como tantas veces, o puede anticiparse. Puede mirar el conflicto solamente como una amenaza, o puede entender que el nuevo orden global también abre espacios para países con capacidad energética, alimentaria y minera.

    La clave está en no confundir oportunidad con azar. Una oportunidad sin política pública, sin infraestructura, sin financiamiento y sin estabilidad institucional puede perderse rápidamente. En cambio, una oportunidad acompañada por planificación puede convertirse en desarrollo.

    En definitiva, el mundo está enviando una señal clara. La energía volvió a ser poder. 
    Los alimentos volvieron a ser seguridad. Los recursos naturales volvieron a ser estrategia. Y Argentina tiene mucho para ofrecer.

    La pregunta es si vamos a mirar este escenario desde la preocupación o desde la responsabilidad histórica. Porque en tiempos de incertidumbre global, los países no se salvan por casualidad: se salvan cuando saben qué tienen, qué quieren y hacia dónde van.

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    Álvaro Sierra
    Álvaro Sierra
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