La emprendedora de Concordia que transforma cartón en sonrisas
En tiempos difíciles, cada vez más mujeres de Concordia encuentran en la creatividad un camino para acompañar la economía familiar.
Tal es el caso de Tamara “Tami” Alegre, una joven de 30 años, embarazada de seis meses y mamá de un niño de seis, que convirtió las manualidades en un emprendimiento que crece día a día.
En Concordia la adversidad despierta creatividad, esfuerzo y nuevas formas de salir adelante.
Entre las protagonistas de estas historias están las mamás emprendedoras, mujeres que logran transformar su talento en una ayuda concreta para el hogar. Ese es el caso de Tamara Alegre, más conocida como Tami, quien desde su casa en La Bianca impulsa un pequeño emprendimiento de manualidades.
“Yo empecé haciendo manualidades para mi nene, para sus cumpleaños o para ayudar a alguna persona cercana. No lo estudié, simplemente se me dio por hacerlo, y de a poco fue creciendo”, cuenta a El Heraldo.
Al principio, la idea de lanzarse como emprendedora le generaba dudas: “Siempre decía que no me animaba, porque pensaba que me podían pedir algo que no iba a saber hacer.
Pero un día una vecina me encargó muchas cosas, las publiqué en Facebook y desde ahí me empezaron a escribir”. Así, lo que había nacido como un pasatiempo se transformó en un recurso para sostener a su familia.
El cartón es la base de gran parte de sus trabajos, pero también utiliza crepé, cartulina, madera y elementos reciclados. “Si es una piñata redonda la puedo terminar en un día, pero las de números o con más detalles llevan dos o tres días. Soy muy detallista y me gusta que queden perfectas”, confiesa.
Hoy enfrenta un doble desafío: continuar con el emprendimiento mientras cursa un embarazo de seis meses y cuida a su hijo mayor.
“Trato de organizarme con más tiempo, porque me cansa estar mucho rato parada. Pero igual sigo, porque es una gran ayuda para la casa”, señala.
Su marido también aporta con distintos trabajos, desde la albañilería hasta la venta de churros, y cuando hace falta le da una mano con las manualidades.
“A veces lo dejo, pero otras no, porque siento que lo tengo que hacer yo sola. Igual siempre me apoya y eso es fundamental”, asegura.Más allá de las dificultades, Tami se muestra convencida de que emprender vale la pena: “Les diría a otras mujeres que se animen. Yo empecé con mucho miedo, pero después todo fluye.
Es una ayuda económica, pero también una satisfacción personal enorme. Animarse es lo único que hace falta”.
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