Sumergidos en la niebla de un mundo de opacidades, a veces no nos da tiempo para otras cosas que no sea el solo hecho de sobrevivir en medio de esta tragedia universal, que nos hace evitar las proximidades físicas y de las noticias. Es que somos un racimo de vidas corrientes, con afanes comunes, con esa placidez que tanto añoramos, cuando de pronto nos arrebata la tragedia en una noticia que presumíamos en silencio, pero que deseábamos que no ocurriera. Pero todo llega en la vida: bastó un llamado telefónico, para que retrocediera casi sesenta años de recuerdos de historia basquetbolísticas, para tomar dimensión de que ya no estaba más con nosotros el más grande jugador de básquetbol que tuvo Concordia de todos los tiempos. "Chupete" Echart nos había dejado para siempre.
Es que vivimos en un momento tan distópico y utópico a la vez, que cuando los recuerdos se agolpan en una historia tan rica de básquet y amistad en la persona de "Chupete", que apelamos a la melancolía, esa sensación tan rara de una felicidad de estar triste, de una historia llena de básquet , amistad, y emociones sin fin.
"Chupete" era de verdad "un grande". Tanto en el juego, respetado por propios y adversarios en la cancha donde jugara. Fue integrante de aquel equipo del Club A. Ferrocarril, que consiguió el único lauro para Concordia, de Campeón de Campeones, en una final recordada ante el temible equipo de Tomás de Rocamora, de C. del Uruguay. Junto a Felipe Nocera, Armando Melgar, Osvaldo Perilli, Semy Seineldín, Edgar Etchart (su hermano) , "Picoto" Chacón", Darío Maiarú y otros, escribieron la historia grande de su amado Club Ferrocarril.
"Chupete" poseía una calidad de jugador marcada por la impronta de un talento inconmensurable. Sacaba de la galera de un "mago" disfrazado de jugador, la jugada menos pensada por el rival al que dejaba, más de una vez, desairado. Tenía una velocidad mental y una lucidez tal, que iba unos segundos antes en la lectura del juego lo que facilitaba a sus compañeros la ejecución de las jugadas.
Fue admirado en el Campeonato Argentino de Provincias, en Posadas, Misiones.
Incontables campeonatos obtenidos con su club del alma.
Pero además tenía una condición humana que emana de la humildad de los grandes.
Nunca se "sintió" superior. A nosotros que veníamos en la camada siguiente siempre nos alentó y no ponía obstáculo en sentarse en el banco de los suplentes en algún momento del juego. Tuve la inmensa satisfacción de haber compartido juegos con él, y luego en el año 1966, siendo el que suscribe, Director Técnico de Ferrocarril, confieso que me daba pudor darle instrucciones de juego a quien había sido mi ídolo y maestro por cada clase magistral que desplegaba en la cancha.
Pero lo que lo dignificaba en su condición humana era que era un ser "querible" por los cuatro costados. Era un ser que no tenía enemigos. Y con un fino y sutil sentido del humor, que desplegaba en la mesa de los viernes junto a algunos históricos de entonces como "Purrete" Osa, el �ato Rufatti, Horacio Giorgio, Carlos Lascurain.
Tuvo siempre el respaldo de su madre "Queca" y de su hermano el "Mono", que formaban una dupla indestructible en su hermandad.
En estos tiempos de tanta incertidumbre, y de espacios vacíos para las emociones, él sabía que el mundo había cambiado, no estaba de acuerdo con la mercantilización del básquet de la era moderna. No concebía que el jugador se transformara en un producto de consumo, con aficiones de camisetas pasajeras, encadenado a una política de mercado, muchas veces, por "agentes" que no negocian jugadores, sino productos financieros. Y yo le decía, "Chupete, es la Globalización. Nosotros venimos de otro mundo".
El "Señor de los Anillos" nos ha dejado. Seguramente en el más allá del firmamento buscará una nube en forma de "anillos", como un aro de básquet, para culminar una jugada tan lujosa como efectiva, para decirle al cielo ¡El juego no finalizó!
La vida que no podemos ya vivir con su presencia, podemos soñarla. Es tan fácil para quien tuvimos la posibilidad de disfrutarlo.
¡Hasta siempre Chupete, en el tiempo suplementario de la vida nos encontraremos!

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