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    Contra el bullying

    �SHablar de ternura en estos tiempos de ferocidades no es ninguna ingenuidad. Es un concepto profundamente político. Es poner el acento en la necesidad de resistir la barbarización de los lazos sociales que atraviesan nuestros mundos⬝ Fernando Ulloa

    22 de abril de 2023 - 06:01
    Contra el bullying
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    Una niña de tres años, contaba Silvia Bleichmar, no pudo dormir en toda la noche. Su pequeña amiguita había olvidado la muñeca en su casa. Pensaba en la tristeza que tendría al extrañarla. Ese tierno episodio nos enseña de una relación posible con el dolor del �Sotro⬝. De una identificación con ese sufrimiento, de una preocupación por un semejante. Esa actitud no puede surgir, sino, de un escenario familiar, en el que predomina la ternura y el amor, como sublimación de lo pulsional.

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    El respeto al semejante como tal, basado en el principio kantiano de no hacer al otro lo que no quieras que te hagan, o del cristiano de amar �Sa tu prójimo como a ti mismo⬝, son los que promueven la construcción de sujetos éticos. Esta se edifica en el marco de la relación los �SOtros⬝ primordiales, quienes cumplen funciones paternas y con la escuela. Se torna problemática cuando en una época predomina la cultura de la crueldad. No solo la violencia, en forma de agresión o indiferencia frente al sufrimiento del �Sotro⬝.

    La crueldad como ensañamiento, goce en el dolor ajeno. Da lugar a un tipo de lazo caracterizado por lo que Ulloa llamó una �Sencerrona trágica⬝: una situación de dos lugares, víctima y victimario, sin tercero de apelación. El bullying es una de esas formas de la crueldad. Es una forma de la violencia escolar (no la única) que consiste en el hostigamiento, a través del maltrato sostenido y sistemático entre pares, expresado en agresiones físicas o psicológicas, burlas, conductas de exclusión, de dejar de lado, humillaciones y escarnios de todo tipo. Es un reflejo de la violencia social. Del Darwinismo.

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    Predomina en el ciclo básico, entre los 11 y los 16 años, período de búsqueda de la identidad, de la que el hostigamiento constituye, entre otras causas, un modo fallido. Esto es así porque quien maltrata necesita de la aprobación y el reconocimiento de sus pares, para sentirse poderoso, revelando su fragilidad. Por eso, para que se constituya el bullying es indispensable el público. Es decir, los pares, que aplauden, festejan y participan activamente en la escena cruel, o lo convalidan pasivamente. Hay menos probabilidades que tenga lugar si el grupo de pares la rechaza. Más aún si la escuela la repudia. Es necesario que la escuela se comprometa para impedir cualquier forma del maltrato, de la violencia y la crueldad. Más aún está obligada por la ley 26.892 de �Spromoción de la convivencia y abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas⬝, sancionada en 2013. El problema es que, en algunas escuelas, ni siquiera se la conoce. La indiferencia de las instituciones educativas frente al bullying, es una forma de la violencia y de la crueldad, es una forma de la complicidad. De hecho las situaciones crueles prevalecen, contrariamente a lo que se cree, en el aula, durante las horas de clase. No en el recreo.

    Es decir, ante la (no) mirada del adulto. La escuela debe intervenir, la comunidad educativa debe intervenir, tienen el deber de amparar a los niños, en sus derechos de ser protegidos. Aclaro, tanto quien perpetra el bullying como quien recibe el maltrato. Suelen ser roles rotativos. Ambos sufren. Cuando maestros y padres son indiferentes termina de configurarse eso que Ulloa llama �Sencerrona trágica⬝, una escena tortuosa, con dos lugares sin apelación al tercero de la ley. Es preciso que los adultos encarnemos el lugar de la ley, que ordena una relación interhumana. En ese sentido, cuando padres o instituciones escolares me solicitan �Stalleres de bullying⬝ para los chicos, propongo, siempre, ampliar la intervención. Invito a participar en espacios de intercambio y reflexión, sobre el maltrato escolar, a padres y docentes. Esa estrategia tiene una enorme eficacia. Luego trabajo con los chicos. Se trata menos de castigar que de comprender. Las motivaciones de las conductas crueles. A veces los chicos que las perpetran, reproducen una escena de la que son víctimas en sus hogares, o en la vida social. Las causas son múltiples, particulares, singulares. Es necesario sancionar el bullying, lo que significa advertir su existencia como un problema de la comunidad educativa en particular y de la sociedad en general. Pero sancionar es distinto de castigar.

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    Esta última medida apunta a engendrar dolor en el otro. La sanción tiene que ver con impedir la crueldad, comprenderla, repararla y corregirla, en base al rol fundamental de la escuela, de formar sujetos éticos, en el sentido que le daba Silvia Bleichmar. Es necesario interpretar el bullying como un síntoma de la violencia social en el que padres, escuela y comunidad estamos involucrados. No debemos �Sculpar⬝ a los chicos. Lo que no significa no educarlos en la responsabilidad de respetar al semejante, de no dañarlo. Esta forma del maltrato y la violencia, conocida como bullying, puede tener delicadas consecuencias subjetivas.

    Es necesario no minimizar. Muchas veces los padres consideran que son �Scosas de chicos⬝, que son incluso necesarias para �Stemplar el carácter⬝, que hay que �Sdejar que se arreglen entre ellos⬝, etc. Eso no es cierto. Las consecuencias, de no comprometernos con su abordaje suelen ser diversas formas de violencia, hacia adentro (depresión, conductas autodestructivas) o hacia afuera (explosiones, agresiones, estallidos). No hay que dejar que gane el silencio.

    De ese modo los chicos agigantan la angustia, el desamparo cruel. Lo manifiestan con expresiones físicas como dolores de panza, de cabeza, con las excusas permanentes para faltar a la escuela. Las redes sociales han incrementado estas formas del maltrato y la crueldad. Es necesario que los adultos pongamos límite a esta y a todas las formas de la violencia. Es imprescindible promover en las escuelas y en todos los espacios comunitarios, políticas de la amistad, basados en el amor y la ternura, en la construcción de un lazo interhumano en el que el �Sotro⬝ sea vivido como un semejante, respetado en su diversidad.

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