AQUELLA CABEZA BLANCA
Jugando en la placita de mi barrio, yo veía todos los días al Sr. del Kiosco, donde compraba mis revistas Billiken, Anteojito, El Gráfico para mi hermano Juan, para mí, para mi mamá y mi hermana y siempre lo veía cuidando los espacios verdes, juntando papeles de caramelos que siempre nos caían del bolsillo roto del pantalón.
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Lo veía a ese señor de cabeza blanca, y ojos color cielo que llamaban mi atención.
�0ramos muchos chicos y chicas jugando en esas inolvidables tardes de verano y siempre nos decía lo mismo: �SAprendan a cuidar la placita, las flores, a cuidar las mariposas que pasan de visita�"�".
Un día nos dio una bolsa muy grande para que lo ayudemos a juntar las botellas de plástico, papeles de golosinas, hojas de diarios que se volaban de algún cesto y así comenzamos todos los días a hacer un poco de placeros.
Juan Diego es su nombre, él nos hablaba de lo bueno y sano que era hacer deportes y la disciplina que íbamos a adquirir si lo practicábamos a diario.
Y medios aburridos de ayudarlo todos los días, este Sr. de cabeza blanca para que volvamos al otro día organizó una carrera, alrededor de la plaza.
Entre todos barrimos, se sumaron otros vecinos adornando la placita con carteles que decían que no ensuciáramos nuestro lugar de juego. Y así poder disfrutar de la primera carrera entre chicos que con tanta dedicación, alegría y ansias nos anotamos.
Y así fue, la placita se llenó de gente, los vecinos, los abuelos, nuestros padres con globos, aplausos y porras nos alentaban.
Nos formamos detrás de una cinta, donde se veía un cartel que decía: �SGran carrera de futuros atletas⬝ y a los lejos otro cartel que decía �SLlegada⬝.
¡Llegó el momento! ¡Preparados, listos, ya! dijo Juan y todos salimos corriendo, nuestras familias nos alentaban cada vez más y sobre todo se respiraba ese aire motivador de llegar a la tan ansiada meta.
¡Ganaron todos! dijo Juan Diego por un altavoz y había medallas para todos que él mismo había fabricado con las bases de las botellas que durante el día habíamos juntado.
Todos fuimos ganadores de la carrera con nuestra gran medalla en esa tarde linda, hoy presente en mi corazón y así tarde a tarde, las carreras de Juan fueron creciendo.
La placita era una fiesta cada vez que esto se organizaba porque se palpitaba constancia, esfuerzo, compañerismo ¿por qué? porque todos éramos ganadores y sobre todo aprendimos que solo hay que tener ganas de vivir y de divertirse haciendo algo más sencillo y tan grande como correr. �0l nos enseñó que todos éramos ganadores cuando la carrera se terminaba. Hoy esa carrera que empezó con 10 o 15 chicos en la placita junta miles y miles de corredores.
Aquella pequeña carrera que un día empezó Juan Diego hoy se corre por las calles de mi ciudad con el nombre de Maratón de Reyes. En cada medalla ganadora nuestra que nos llevábamos había tres letras: A de amistad, C de compañerismo y V de vivir. Hoy llevo colgada en mi corazón esa medalla de la vida que aquella cabeza blanca y ojos color cielo nos enseñó cada día en la tan querida placita de mi infancia.
¡Gracias infinitas Juan Diego López!
Juan Bautista Díaz Torres
