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    Pandemia y salud mental

    Para orientar estas reflexiones, el periodista que me pide la nota me pregunta qué creo que quiso decir la Ministra de salud Carla Vizzotti cuando afirmó en una entrevista reciente: ⬝Problemas de salud mental vamos a tener todos, porque estamos viviendo una situación crítica, humanitaria, que no tiene precedentes en este siglo. Por supuesto que es un problema grande para los niños y adolescentes que no tienen la posibilidad de hacer todas esas cosas de la juventud, como salir o relacionarse. No hay nadie que esté feliz en este contexto, que no esté preocupado⬝.

    19 de junio de 2021 - 09:10
    Pandemia y salud mental
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    El contexto de esta afirmación fue una pregunta de Morales Solá respecto de los efectos que en la salud mental de los chicos tendrá la continuidad de las clases virtuales y la suspensión de la presencialidad en educación. La primera impresión que me produce sus afirmaciones, es que la Ministra planteó dos cuestiones tan obvias como difíciles de comprender y asimilar: en primer lugar que cualquier decisión que se tome respecto a la presencialidad o no de la escuela tiene una consecuencia negativa, y que cuando se decide por la virtualidad no significa que no se valore la necesidad de las clases presenciales y sus efectos psicológicos, pedagógicos y sociales en los niños, sino que se decide según el criterio del mal menor. Vale decir que ante una segunda ola de contagios que se muestra más agresiva, más letal incluso en jóvenes, con un universo de vacunación aún insuficiente y con el horizonte siempre presente del riesgo de colapso del sistema de salud, la respuesta va de suyo, aunque eso no signifique que se desconozcan los efectos negativos de tal decisión. En segundo lugar, lo que también parece una obviedad es que todos nos veremos (y nos vemos) afectados emocionalmente, de algún modo, por los efectos traumáticos de una pandemia inédita que se ha producido a escala planetaria, pues nos enfrenta con situaciones de duelo, frustraciones, privaciones, angustias, miedos, tristezas, etc. Que ha trastocado de manera inusitada y profunda toda nuestra cotidianeidad y las representaciones simbólicas que daban sentido a nuestra realidad que se ha desmoronado y que conmocionan nuestro psiquismo y lo ponen a trabajar en el sentido de una elaboración de un embate de estímulos de tal magnitud. Nos enfrenta a preguntas que no tienen representación y por lo tanto nos genera incertidumbre y ansiedad al no poder representarnos alguna respuestas a esos interrogantes: ¿de dónde vino el virus?, ¿me contagiaré, se contagiará algún familiar, o ser querido, me volveré a contagiar, como transitaré el contagio, me moriré, se morirá alguno de nuestro seres queridos, que pasará si eso sucede etc etc.?¿Cuándo se terminará esta pandemia? ¿Terminará algún día?... Porque lo esencial de la pandemia es haber traído a nuestra cotidianeidad una inquietante presencia que invadió todos los espacios y tiempos de nuestra vida, una presencia que normalmente tratamos de negar para vivir, la presencia de la muerte. Y la presencia de aquello que es familiar pero reprimimos porque nos genera angustia genera el sentimiento de lo siniestro, lo terrorífico, lo espantoso para ser rigurosos con el concepto freudiano. Pero tras la aparente obviedad y simplicidad de las declaraciones de la ministra aparece toda una doble complejidad, referida por un lado a la anticipación de un escenario futuro (ya irresponsablemente otros �Sreferentes mediáticos⬝ han hablado de un futuro de pandemia de enfermedades mentales, dando un sentido catastrófico a un futuro incierto) y por otro a hablar de un concepto para nada lineal, para nada sencillo, como el de salud mental, que trataremos de analizar.

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    Pero primero haya que hacer un recorrido por lo que nos ha pasado en los distintos momentos de la pandemia y verificar si nuestros desquicios no están ya presentes e incluso ya estaban de antes y han sido potenciados por la pandemia.

    Desde que esta realidad no sorprendió y el gobierno nacional tomó el confinamiento como única herramienta posible para abordarla, surgió enseguida un sentimiento general de que a partir de esta peste el ser humano se volvería más bueno, o por lo menos mejor, cosa que no descarto, no sólo es posible leer el futuro desde lo negativo. Para despertar rápidamente de ese sueño apareció el titular de Techint diciendo que iba a echar los trabajadores que sean necesarios según la crisis afecte sus números. Esa ilusión de solidaridad general se puso así, en cuestión. Sin embargo escuchábamos y veíamos muchos jóvenes haciendo mandados a ancianos cuyo quedarse en casa debía ser más estricto por constituir población de riesgo. Vimos gente reconocer, con aplausos, desde los balcones el esfuerzo y el compromiso heroico de los trabajadores de salud, como también vecinos que los expulsaban médicos y enfermeros de sus viviendas de departamentos por el miedo al contagio, observamos ciudadanos responsables en los que primó el cuidado riguroso a través de incorporar y practicar las medidas preventivas y también al jubilado que protestaba en el obelisco su derecho a la libertad, a que �Sno lo encierren⬝ poniendo en peligro su vida y la de los otros.

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    Pronto nos enteramos que había fallecido por contraer el virus. Nos sorprendimos con la banalidad (del mal) de un muchacho que viniendo contagiado de Europa y sabiendo de su contagio concurrió a una fiesta contagiando a todos. Creo que su abuelo falleció por ese contagio. Vimos el pánico de mucha gente y las fiestas clandestinas. Vimos el aprovechamiento político partidario de este sensible problema sanitario. Nos asombramos de las marchas antivacunas, antivirus, antibarbijos!!!!!! Encontramos personas alienadas por los psicotizantes mensajes catastróficos transmitidos por los medios de comunicación las 24 horas y como enloquecían ante semejante manipulación mediática. Escuchamos dirigentes políticos que denunciaron por envenenamiento a las autoridades gubernamentales por traer las vacunas y poco tiempo después, sin sonrojarse, cuestionar a esas mismas autoridades por la insuficiencia en la cantidad de vacunas conseguidas. Nos encontramos con velorios multitudinarios, con fiestas organizadas o autorizadas para 500 abuelos por intendentes entrerrianos, con la minimización de �Sgripeciña⬝ a la pandemia por Bolsonaro que ha llevado a poco menos que un genocidio al país hermano de Brasil y a todos los bolsonaritos locales. Hemos visto a la corte suprema y a gobernantes de diversos colores políticos jugando con la presencialidad, exponiendo la salud y la vida de los chicos y los trabajadores de la educación, con el solo objetivo de llevar agua a sus mezquinos molinos. Y cuanto etc. de los que hemos sido testigos. La pregunta es si no hay en todos esos ejemplos ya altas cuotas de locura en la sociedad. Pero mejor, si bien no hay que dejar de tener en cuenta la singularidad humana, podemos encuadrar en tres reacciones básicas a las respuestas que en distintos momentos, hemos dado a la pandemia: 1) desborde de angustia: sensaciones de terror y pánico por haber sido tomados por lo que Freud llamó �Sangustia automática⬝ es decir aquella que se desarrolla en situaciones de peligros para los cuales nos sentimos arrollados, sin respuesta de defensa, totalmente inermes.

    Esa angustia, en líneas generales, motivada por el miedo al contagio, a contagiar, a la pérdida del empleo, a la muerte etc. Se ha traducido en síntomas somáticos: ataques de pánico (sensación de no poder respirar, taquicardia, temblores, mareos, sensación de desmayo, de enloquecer, de muerte inminente, de desesperación etc.). Insomnios, disfunciones sexuales, hipertensión etc. etc.

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    En el otro extremo se encuentran quienes apelaron al mecanismo de negar el virus y sus consecuencias. Comportarse como si no existiera lo que incluyó ausencia de cuidados, no uso de tapabocas, falta de distanciamiento físico, fiestas clandestinas etc. esta reacción ha sido, claramente, muy perniciosa en la propagación del virus. También en este grupo han estado quienes el mecanismo corresponden a lo que en psicoanálisis se denomina renegación, es decir quienes aceptaban la existencia del virus pero aún con ese saber, actuaban como si no existiera. Creo que este grupo fue altamente influido por posicionamientos políticos mediáticos que fogoneaban un discurso que cuestionaba como una forma de cercenamiento de la libertad, las medidas de circulación y distanciamiento físico como restricciones necesarias dentro de un marco de prevención.

    Y una tercera reacción, sin duda la más sana, fue la de aquellas personas que sin entrar en pánico comprendieron la gravedad del virus y adoptaron comportamientos de cuidado a consciencia que al hacerlo, también cuidaban a sus seres queridos y al �Sotro⬝ en general. Lo hicieron, creo instrumentando lo que Freud llama la �Sangustia señal⬝, es decir aquella que nos lleva a protegernos y proteger a los otros de los peligros externos o internos, angustia ligada al instinto de supervivencia y a la pulsión de vida. Pareciera que el miedo es más potente que la solidaridad, sentimiento también esperanzadoramente operante en este tercer grupo. Alienta que como nunca, el termino empatía sea tan repetido como virus en estos contextos. No todo está perdido. Claro que la angustia y el miedo son sentimientos más originarios y primarios que la solidaridad y la empatía que necesitan de un proceso más elaborado, más sublimado, en el que la cultura y los valores subjetivos, como el amor y la preocupación por el otro se instalan más fuertemente en el proceso en el que la cultura va restando a la �Snaturaleza⬝ humana.

    Claro está que este tránsito colectivo de la pandemia nos ha enfrentado con situaciones que afectan nuestra vida emocional. ¿Cómo no va a conmocionar a quienes han perdido a seres queridos y no han podido siquiera despedirlos en el ritual del duelo? ¿A aquellos que han sufrido pérdidas económicas que los ponen en situaciones ruinosas? ¿Cómo no va a devastar a quienes han perdido el trabajo? ¿Cómo no tendría influencias en los adolescentes para quienes a la crisis natural de su edad se suma una catástrofe global que les complica aún más un recorrido en el que lo extrafamiliar, la socialización, la escuela, el compartir con el grupo de pares es un imperativo de la edad y se han tenido que confinar en clases virtuales que los privan de todas esas experiencias, sometidos al duelo, la frustración y la tristeza por la mutilación de todas esas experiencias a los que lo ha sometido la pandemia? Como no comprender la angustia de docentes que de repente vieron transformados sus trabajos sin tener preparación para ellos o se han sentido descuidados y expuestos cuando les han obligado a la presencialidad? ¿Cómo no va a ser un trauma muy difícil de superar la experiencia de estar en soledad, sin posibilidades de la compañía de los afectos aquellos que tuvieron que aislarse en un Hospital para transitar la enfermedad y la angustia de sus familiares?, como no va a dejar huellas en nuestro psiquismo el no haber podido tener contacto con nuestros �Sviejos⬝ (padres, abuelos, mayores) durante un período prolongado, lleno de angustias, no poder abrazarlos, ellos no poder abrazarnos en situaciones de enorme tristeza, angustia y frustración? ¿Cómo no va a ser complicado cambiar los hábitos en una dirección en la que abrazarnos, saludarnos con un beso o un apretón de manos, tomar mate juntos, todas costumbres de claro signo afectivo de repente se convirtieran en riesgos de contagio y cuidarnos precisamente empezó a significar distanciarnos?...claro está que muchísimos accedimos a estas profundas privaciones que sí, claro, nos van a afectar, pero comprendiendo claramente que era lo único que podía ayudarnos a evitar la propagación de los contagios. Claro que la pandemia va a afectar nuestra salud mental y nuestra vida emociona, de hecho ya lo está haciendo, pero, insisto, es el mal menor. En los niños, al no poder concurrir a la escuela, al absorber las angustias de los adultos. Qué importante es ayudarlos explicándoles claramente en qué consiste la pandemia, que lo pueda comprender transmitiéndoles tranquilidad, seguridad, protección, buen trato para atravesar estas situaciones, estimulando la expresión de sus sentimientos a través de su �Slenguaje natural⬝, el juego, el dibujo etc. lo que sucede con esta vivencia colectiva y asi posibilitar su elaboración como una experiencia que vivieron con sus padres y seres queridos. Del mismo modo qué importante acompañar a los adolescentes conteniéndolos, escuchándolos, acompañándolos en la comprensión de esta situación tan dolorosa y triste para ellos, ayudándolos a no ponerse en peligro a si y a otros en conductas temerarias y riesgosas como las fiestas clandestinas.

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     Qué importante acompañar de todos los modos posibles a nuestros abuelos, y comprender en la convivencia familiar y social comprender nuestros enojos, nuestras irritaciones, nuestra sensibilidad y ayudarnos a superar todo eso.

    Claro que esta pandemia y la crisis que ha suscitado va a afectar nuestra salud mental, lo que no significa que vaya de que va a haber una �Spandemia de las enfermedades mentales⬝, como lo afirmó temerariamente un referente de la neurología. La salud mental es un concepto complejo, Freud lo definió como la recuperación de la capacidad de amar y trabajar, Winnicott como el acceso a un �Svivir creativo⬝, Pichón Riviere como la adaptación activa a la realidad, la O.M .S como un estado de bienestar bio-psico-social y no solo ausencia de enfermedad. Creo que son todas definiciones que se atienen al individuo y que la salud mental es un concepto que atañe al colectivo, a la comunidad, y en ese sentido es el resultado del modo en que la comunidad resuelve las necesidades de sus miembros, qué tipos y modos de satisfacción da a las necesidades humanas universales tales como las mencionó Mc Neef y eso incluye el tipo de lazos que predominen para satisfacerlas: Ellas son subsistencia, protección, afecto, , entendimiento, participación, ocio, creatividad, libertad y trascendencia. Muchas necesidades no están satisfechas hoy, ni lo estaban antes. También hay que señalar que medicalizar problemas sociales también es un riesgo de ocultarlos. Quiero decir, alguien que quede sin trabajo por la pandemia, lo que necesita es �obviamente además de acompañamiento y contención si se deprime- es satisfacer esa necesidad de trabajo. Por eso, si entendemos la salud mental de este modo, lo que suceda con ella, constituye un escenario, abierto, incierto, ya que dependerá del tipo de lazos que organice la sociedad para resolver sus secuelas⬦

    si ese lazo sigue dejando al hombre detrás del dinero, si sigue imponiéndose la desigualdad socio económica y la explotación, un mundo habitable para pocos, si se refuerza el individualismo, la competencia, la destrucción, el egoísmo, la salud mental de la población se verá sumamente afectada, con o sin pandemia en realidad, y solo la afirmación de lazos solidarios, amorosos, empáticos, podrán asegurar una salud mental que propicie la felicidad de los hombres y la dignidad como valor esencial y trascendente de nuestra especie. Esas definiciones, solo dependen de nosotros.


    SERGIO BRODSKY

    PSIC�LOGO MP 243

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