Noviembre azul: Mes de la Prevención del Cáncer de Próstata
Cáncer de próstata: la mortalidad cayó un 26 % en diez años, pero sigue siendo el tumor más frecuente en varones.
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Cerca del 90 % de los casos de cáncer de próstata se diagnostican en mayores de 65 años y la edad media al momento del diagnóstico es de 75 años. La detección temprana y la evaluación de los antecedentes familiares son claves para identificar riesgos y definir los controles adecuados.
En 2003, en Australia, un grupo de amigos decidió poner en marcha una iniciativa para llamar la atención sobre la salud masculina. Todos se dejaron crecer el bigote y eligieron un nombre singular para el movimiento: Movember, una combinación de moustache (bigote, en inglés) y November (noviembre). Lo que comenzó como una acción entre amigos se transformó en una iniciativa internacional que promueve la concientización sobre la salud de los varones, con especial atención al cáncer de próstata y al cáncer testicular.
Así como octubre es conocido como el mes rosa, dedicado a la concientización sobre el cáncer de mama, noviembre se identifica con el color azul y busca visibilizar la importancia del cuidado de la salud masculina y, en particular, de la prevención y detección temprana del cáncer de próstata. El movimiento Movember fue uno de los impulsores de esta conversación a escala internacional.
En la Argentina, el cáncer de próstata es el tumor más frecuente entre los varones, con entre 11.600 y 13.000 casos nuevos por año. Según el Ministerio de Salud de la Nación, su tasa de mortalidad descendió un 26 % entre 2014 y 2024. Sin embargo, aproximadamente 3.600 hombres mueren cada año a causa de esta enfermedad, que se ubica detrás del cáncer de pulmón y el cáncer colorrectal entre las principales causas de muerte por tumores en varones.
A escala mundial, el cáncer de próstata es el cuarto tipo de cáncer más frecuente y el segundo más habitual entre los varones. En la Argentina, representa alrededor del 20 % de todos los tumores malignos diagnosticados en hombres y el 9 % de los casos de cáncer en ambos sexos. Estos datos refuerzan la importancia de la información, la consulta médica y la evaluación del riesgo.
Una enfermedad que puede avanzar sin síntomas
La próstata es una pequeña glándula del aparato reproductor masculino, del tamaño aproximado al de una nuez, ubicada debajo de la vejiga y delante del recto. Su función principal es producir parte del líquido seminal, que contribuye al transporte de los espermatozoides.
Con los años, puede aumentar de tamaño y provocar síntomas como necesidad frecuente o urgente de orinar, disminución de la fuerza del chorro, dificultad para vaciar completamente la vejiga, ardor o aun sangre en la orina. Sin embargo, estos síntomas no indican siempre la presencia de un cáncer. Pueden estar asociados a otras afecciones, como la hiperplasia prostática benigna (HPB), un agrandamiento no canceroso de la glándula. A su vez, el cáncer de próstata puede desarrollarse sin manifestaciones evidentes, por lo que es importante realizar controles, incluso en ausencia de síntomas.
“Cerca del 90 % de los casos de cáncer de próstata se diagnostican en hombres mayores de 65 años, y la edad media al momento del diagnóstico es de 75 años”, explica el Dr. Juan Cruz Gallo, Jefe del Servicio de PET-CT y MN en Diagnóstico Maipú (MN110.315). “Si bien la mayoría son esporádicos, entre el 5 y el 10 % de los tumores pueden tener componente hereditario. Por eso importan los antecedentes familiares: tener un padre o un hermano con cáncer de próstata aumenta el riesgo, especialmente si fue diagnosticado antes de los 60 años”.
Por este motivo, la evaluación del riesgo individual es fundamental para definir cuándo comenzar los controles y qué estudios pueden ser necesarios. En general, a partir de los 50 años se recomienda conversar con un profesional de la salud sobre la detección temprana del cáncer de próstata. En personas con antecedentes familiares relevantes u otros factores de riesgo, esta conversación puede ser necesaria a una edad más temprana.
Uno de los estudios utilizados en la evaluación inicial es el análisis de sangre que mide el antígeno prostático específico (PSA, por sus siglas en inglés). Se trata de una proteína producida por la próstata cuyos niveles pueden elevarse ante distintas afecciones. Un valor elevado no significa necesariamente que exista un cáncer, ya que también puede estar asociado a una HPB u otras condiciones.
En determinados casos, cuando el PSA se encuentra entre 3 y 10 ng/ml y no hay otros síntomas, puede recomendarse repetir la medición para confirmar el resultado. La interpretación será en el contexto clínico de cada persona.
El tacto rectal puede utilizarse como complemento de la evaluación para identificar cambios en tamaño, consistencia o superficie de la próstata. Su indicación depende de cada caso y debe definirse junto con el profesional.
“Cuando los resultados iniciales generan sospecha, el médico puede indicar estudios complementarios para profundizar la evaluación”, agrega el Dr. Juan Cruz Gallo. Entre las herramientas disponibles se encuentran la ecografía, la resonancia magnética y otros estudios de diagnóstico por imágenes.
La resonancia magnética multiparamétrica y la Tomografía por Emisión de Positrones con Antígeno Prostático Específico de Membrana (PET/PSMA) PET-PSMA son complementarias. Ante la sospecha de enfermedad, este tipo de resonancia permite identificar y localizar posibles lesiones dentro de la glándula y orientar las biopsias hacia las áreas de mayor relevancia. Además, es útil para identificar tumores clínicamente significativos en etapas tempranas y su grado de malignidad. Si el paciente tiene un PSA elevado y biopsias anteriores negativas, es buen método para evaluar la evolución y planificar futuras biopsias y/o cirugías.
Por su parte, “la Tomografía por Emisión de Positrones con Antígeno Prostático Específico de Membrana (PET/PSMA) es complementario de este tipo de resonancia: juntos, permiten identificar lesiones sospechosas dentro de la glándula, su extensión local, posible crecimiento fuera de la próstata y compromiso de las vesículas seminales, para orientar las biopsias hacia las áreas de mayor relevancia”, agrega el Dr. Gallo.
Además, el PET-PSMA, en combinación con tomografía computada, se vale de un radiofármaco dirigido hacia una proteína que suele expresarse en las células del cáncer de próstata y permite buscar focos de la enfermedad en ganglios, huesos y otros órganos.
“La integración de la resonancia magnética multiparamétrica y la tomografía computada con el PSA, la biopsia y los datos clínicos permiten definir con la mayor precisión la localización y extensión de la enfermedad, y orientar una estrategia personalizada”, sintetiza el experto de Diagnóstico Maipú.
En caso de que existan familiares cercanos con este tipo de cáncer, o que la enfermedad se haya presentado tempranamente, se pueden indicar pruebas genéticas. Es el panel NGS para cáncer de próstata hereditario, que analiza mutaciones estructurales del ADN en un fragmento del material genético (CNVs).
Los genes a analizar son una veintena, entre ellos, BRCA1, BRCA2, CHEK2, HOXB13, MSH2, MSH6, PMS2, MLH1, ATM, BRIP1, PALB2, MRE11A, NBN, RAD51C, RAD51D, FAM175A, MUTYH. La técnica utilizada permite leer millones de fragmentos del ADN y las alinea con un genoma de referencia para detectar variantes o mutaciones. Se puede emplear tanto para analizar biopsias o mutaciones en tumores como en la elección de terapias dirigidas cuando exista un cáncer hereditario. Se procesa en 35 días hábiles y existen dos opciones para obtener la muestra: por extracción de sangre o por mucosa bucal.
Cuando los resultados de la evaluación clínica y los estudios por imágenes indican sospecha de cáncer, el médico puede recomendar una biopsia prostática para obtener muestras de tejido y analizarlas. Este procedimiento permite confirmar el diagnóstico y aporta información sobre las características del tumor. Según la técnica utilizada, puede realizarse con anestesia local o sedación.
Si se confirma el cáncer las alternativas se definen de acuerdo con el estadío, la agresividad del tumor, el estado general del paciente y sus preferencias. La elección terapéutica debe ser individualizada y contemplar tanto los beneficios como posibles efectos secundarios e impacto en la calidad de vida.
Aunque no existe una estrategia que permita prevenir por completo el cáncer de próstata, los hábitos saludables contribuyen al cuidado integral. Realizar actividad física con regularidad, sostener una alimentación equilibrada, mantener un peso saludable y evitar el tabaco son medidas importantes.
En el marco de Noviembre Azul, el mensaje es claro: informarse, conocer los antecedentes familiares y consultar con un profesional de la salud son pasos importantes para tomar decisiones oportunas sobre el cuidado de la salud prostática. La detección temprana, junto con los avances en las herramientas de diagnóstico y tratamiento, permite identificar la enfermedad y evaluar las alternativas más adecuadas para cada paciente.

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